La propuesta está clara, diáfana: la presión social arrolla a la carcoma del Congreso y sus componendas entre partidos, y hace avanzar a la sociedad. ¿Hacia dónde? Pretendidamente, hacia un lugar imaginado, inexplorado, pero mucho más justo.
Suena al 15M, ¿verdad? Un déjà vu, por tanto. Ya vimos en qué quedó todo aquello. Lo de ahora, por tanto, parece una vuelta a ciertas esencias centrados en la bandera de la vivienda. La vivienda en alquiler, concretamente.
En el debate ya figuran coordenadas nuevas. O, mejor dicho, coordenadas antiguas reverdecidas para el momento. Por ejemplo: la vivienda como bien social. La gente necesita un techo; sobre ello no se puede especular. Las vivencias de buena parte de la población amenazada de desahucio o de pobreza al no poder pagar alquileres imposibles permean transversalmente a la sociedad española y la hacen proclive a una intervención estatal. Ello alcanza incluso a votantes de PP y VOX. Claro que esa mirada compasiva no implica cambios en la orientación de voto. Cuando chocan la piedad y el bolsillo, suele imponerse este último.
El imaginario izquierdista pretende que el clamor sostenido de las plazas le va a conceder una marea de votos y, por tanto, un mandato concreto. Y es posible, oiga. Aunque también lo es que muchos estén tomando sus deseos e ilusiones por realidades que, como es bien sabido, suelen decepcionar.
Sánchez duda, y hace bien. Porque la cuestión dista de estar clara. Me dijo un ex alto cargo político que tuve como paciente que las elecciones las decide un señor o señora anónimos, al que nadie había encuestado hasta el momento. Y ahí se suele imponer la – ya digo – decepcionante realidad. Y me explico.
El debate de estos días ha aportado datos. El primero, que los “fondos buitre” y grandes tenedores protagonizan aproximadamente el 8% de los alquileres en España. El 92% son “pequeños” inversores, ciudadanos del común que heredaron en su momento o ahorraron para invertir en una, dos o tres viviendas que tienen en alquiler. Hay que recordar que esta masa de arrendadores (y sus familiares) también votan.
Segundo dato, del INE: el 73,3% de los españoles, hoy, vive en una vivienda en propiedad. Ahí metemos a los arrendadores y a una amplia mayoría (en torno al 60%) que no tiene arrendado ningún inmueble. Gente, esta, que también vota, obvio es decirlo. Cabe decir al respecto que, mientras los inquilinos y sus caseros tienen sus intereses respectivos y contrapuestos, la inmensa mayoría ve este problema como el hambre en África. Sí, me solidarizo, pero esta guerra no es mi guerra. Tengo otras más perentorias. Este el enorme riesgo de poner una campaña electoral tras una única bandera. Viejo zorro, Sánchez lo sopesa con cuidado.
Tercer dato: las casas vacías. La obsesión de la izquierda. 3.837.328 en toda España. Pero mírenlo bien: casi la mitad de ellas están en pueblos pequeños donde los acampados de Sol no vivirían ni gratis. En Madrid o Barcelona, la proporción de casas vacías se estima en un 1-2% del total. Échale, además, el problema de habitabilidad: muchas de ellas son casas abandonadas, donde ni por asomo podría instalarse una familia de la noche a la mañana. Un stop total a los desahucios con congelación de alquileres y expropiación masiva de casas vacías (como se viene oyendo) solo aportaría una gota en el océano de la necesidad.
Sánchez deshoja su margarita particular, sabiendo que pintan bastos. Pintan bastos convoque mañana o dentro de seis meses, lo mismo da.
Hacerlo ahora: tendrá una movilización enorme de la plaza, pero no necesariamente en su beneficio. Se le recordará, una vez y otra, que a esto hemos llegado porque no hizo nada en ocho años. Y una enorme mayoría silenciosa contemplará amedrentada una manifestación tras otra, pacífica o no, exigiendo expropiaciones o una huelga general revolucionaria.
La contraria es similar: no convocar tras esta “moción de censura” ganada por la oposición, tras la afirmación de Junts de que nada deben a este gobierno pese a una amnistía que le socavó a este la credibilidad y la base electoral. Dejar pasar el “momentum Maricarmen” y permitir que reemerjan mediáticamente los problemas de Ceuta y los casos judiciales que acosan al PSOE y al entorno del presidente. Aferrarse a Gaza, al antitrumpismo y a los buenos indicadores macroeconómicos, lastrados por la inflación.
Él mismo. Lo veremos. Es la adrenalina de la política. Demasiado, para los que deseamos una vida sin adrenalina.





