Sólo Sánchez o Iglesias podrán superar en el futuro la marca de Sánchez e Iglesias.
78 decretos-ley (37 de ellos este año y 41 en el año y unos meses de la legislatura anterior) convierten al gobierno socialcomunista del Dúo Sacapuntas en una máquina de dictar órdenes como un capataz de esclavos o de galeotes amarrados a un banco de madera.
Ya decía Sartori que una cosa era gobernar y otra legislar, pero el gobierno de Sánchez no hace ni una cosa ni la otra, sólo impone a golpe de tambor y cuando lleva una ley al Congreso consiste en una chifladura que ilumina su inconstitucionalidad y sólo para mercadearla con los enemigos del sistema, de modo que nos termina saliendo la ocurrencia ‘por un huevo de la cara’, pues a cada cosa que propone Sánchez, el separatismo le rasca un precio, que lo mismo puede ser en cifras millonarias de ayudas de la UE que en bitcoins, en indultos para los golpistas que en soltar a los asesinos de la ETA que tanta sangre y tanto esfuerzo costó detener y enchironar.
Ahora, Sánchez, aquel que se hizo experto en vexilología de la nación de naciones llamada España y desplegaba en sus mítines un banderón descomunal cuando las circunstancias lo aconsejaban, se nos ha transformado en especialista en empaquetados y pegatinología, como la muchacha que empapela los regalos en El Corte Inglés, que lo mismo te envuelve en papel de regalo con un lazo el triciclo de un niño que un caballete de pintura en un plisplas y no se le ven ni las dobleces ni los costurones con papel cello.
Una tal Pilar Cancela, sorbedora de ciruelos y diputada socialista por Galicia, aseguraba ayer en su cuenta de Twitter, casi en trance, que a ningún otro gobierno se le hubiese ocurrido la genial idea de incluir partidas en los presupuestos generales para comprar vacunas contra el coronavirus y recalcaba, casi en éxtasis, que «Las vacunas las paga el #GobiernoDeEspaña . Sí, sí, el de @sanchezcastejon. Por enfatizar, que parece que molesta», lo cual viene a demostrar que esta turbonada progre se ha apropiado ya del presupuesto como Sánchez podría haber elegido aparecer sentado a horcajadas sobre el cajón de vacunas con la pegatina del banderón como un heraldo o un rey mago a lomos de su camello.
A los «capitanes ad anteriori» habrá que recordarles que si la vacuna no funciona o surgen problemas graves no nos vengan luego con los chistes de Echenique, no sea que a alguno de los afectados a los que les salga rabo o le broten ubres se le escape la mano y le pongan la jeta al Marqués del Castillo de Galapagar como el morro de una vaca, término del que procede el sustantivo «vacunas».
No se líen con la etimología, les ruego, porque la palabra «vacaciones», a las que tan aficionado es el señorito de La Mareta y de las Marismillas, procede de «vacuum» (vacío) y no de vaccine («las vacas»), aunque cualquiera se entretiene en explicarle estas cosas de latines y latones a Echenique, que escribe Felipe IV en lugar de Felipe VI; o a Adriana Lastra, a Carmen Calvo o a José Luis Ábalos, que tan ocupados andan con anunciar con la media lengua que antes de que acabe el año su gobierno habrá indultado a los condenados por sedición al Estado para no hundirles la moral a los ladrones del presupuesto.
Ahora ya saben de una mentira más de Sánchez, que cuando decía que apoyaba al gobierno de Rajoy en la aplicación del 155, lo que estaba diciendo en realidad era: «Tranquilos, chicos, que yo vendré a liberaros de los malos, como Jesse James, atracador de bancos…».
No cabe descartar del todo que a la puerta del presidio monten una especie de belén y el propio Sánchez aproveche para estrenarse portando una corona de brillantina en la cabeza, acompañado de Marlaska y de Pablo Iglesias, disfrazados también de reyes magos, para dar la bienvenida y llevar presentes al demócrata recién nacido y devuelto a la libertad Oriol Junqueras.
No lo duden, a Gabriel Rufián le cuadrará divinamente el disfraz de burro y a Otegui el de buey pastueño vapeando ambos el aliento sobre la estampa seráfica de los benefactores de la patria que se llevan a su casa el pesebre en el que pastan. Y pactan.
He dicho.





