¿Registro de viajeros o ficha policial? Porque es que a la vista de todo lo que tiene que rellenar el pobrecito viajero –que es lo más parecido a un tercer grado- para poder acceder a los aposentos de un hotel, un albergue, o una casa rural, por ejemplo, se te quitan las ganas de alojarte en semejantes sitios y llamar a las puertas de cualquier convento, que ahí basta con enseñar el corazón. ¿Acaso le pregunto yo al responsable de semejante aberración documental por la talla de sus tangas?





