Mal vamos si alguien te pide que le recomiendes un libro porque en vacaciones, ¡por fin!, quiere leer. Ten claro que solo recomiendo libros de mis amigos, son los que mejor escriben, aunque piense que si leyésemos más a Dickens o tuviésemos grabado en la memoria el inicio de “Cien años de soledad”, el mundo, sin duda, sería mejor.
Todos merecemos vivir, aunque sea unos minutos, en ese universo desconocido, pleno de belleza y razón, que nos descubre un libro; o navegar hacia él por la constelación de nuestros sueños y deseos. Pero, seamos realistas, en el fondo lo que quieres es protagonizar el relato de una aventura hecha a medida.
Figurará tu rostro en la portada, de ti hablará el prólogo, y con algo de suerte tu nombre brillará en luces de neón cuando sea llevado al cine. Te recomiendo un libro que recrea hechos pretéritos, indiscutibles, cíclicos, y desgraciadamente hoy alentados por una sociedad, la tuya, a la deriva. ¿Te suena familiar este argumento?
Es la historia, tu historia, de un hombre ignorante y engreído, satisfecho de sí mismo, enemigo de la autocrítica y el esfuerzo intelectual, que desprecia la cultura y se adentra en la vida cotidiana de la mano de las nuevas tecnologías para destruir los logros de la civilización e imponer su mediocridad.
Tanta vileza acumulaste que te escondes entre la mayoría para apoyar que las redes sociales ejerzan de Tribunal, que los opinadores sienten cátedra ante los méritos y conocimientos de expertos, que la posverdad sea mandamiento, y aceptes una perversa retórica que te llama a morir por una mentira. Te llamaré D. Nihilista, y a pesar de todo te recomendaré un libro para tus muy cultas vacaciones: “La rebelión de las masas” de Ortega y Gasset.
Igual descubres el miedo al mirarte al espejo y no encontrar esa mayoría que te dé la razón, porque eres tú, y solo tú, quien debe luchar para que la sociedad no se convierta en el gobierno de los ignorantes, e impedir que tu forma de vida no degenere en barbarie y totalitarismo.
Quizá no te resulte idílico el universo al que te llevan sus páginas, y que al leer “élites auténticas” no seas capaz de discernir que se refiere a las que provienen del esfuerzo, el talento y la vocación de servicio, pero eso es algo con lo que tendrás que vivir.
No me pidas que te recomiende un libro, porque mientras tú, un ciudadano común como yo, entretienes tu tiempo en una lectura impostada, ignoras y rechazas cualquier forma de autoridad moral.
Es tu actitud el arma más potente de nuestro tiempo, quieres mandar sin asumir responsabilidades, convertir en norma la mediocridad y la excelencia en sospechosa excepción.
Disfruta de tus vacaciones mientras tiembla el edificio de la civilización, siéntete libre en el mundo de lo políticamente correcto y huye del compromiso que implica ser libre.
No te será agradable leer la verdad mientras descubres que ese universo atrayente lo estás viviendo sin necesidad de un libro, porque hubo un tiempo que los hombres miraban al cielo y temblaban, que los senderos de la Historia los abrían filósofos, artistas, científicos, poetas, y que ahora la falsa abundancia que te han vendido no es más que el vientre del olvido.
Sigue gritando en los viejos templos del saber ¡somos mayoría! mientras se desborona a tu lado el pulso de tu vida.





