“Que Sevilla es diferente…
que Sevilla es algo más”, que cantaban los Ecos del Rocío, roteños de nacencia. Y remataban con lo de que “sin Triana y sin Sevilla también son sevillanos”. Así fue el día de ayer en la procesión magna de clausura del II Congreso de Hermandades y Piedad Popular celebrado en Sevilla, donde las campanas de la Giralda sonaron en blanco y negro, que canta el Pali (“Ya como antes no suenan, campanas de la Giralda”).
Vengo con estos versos al compás de sevillanas para cantar lo que pasó ayer en la ciudad de María Santísima, que “María es la Pura Concepción, que antes que Roma Sevilla proclamó”, que escribió Pive Amador y cantó Silvio al compás de Virgen de las Aguas, que un Martes Santo por la Avenida acompañamos a la banda quien yo sé. Y vengo con ellos porque por las calles de la ciudad, centro del mundo mundial para los sevillanos (y los no sevillanos, miarma), se pasearon tres mozas de pueblo al compás de vivas y oles, que de sus pueblos llegaron a la Catedral, cada una con su personalidad, sus formas y sus maneras: Setefilla —que desde Lora ha llegado porque el barquerito le ha dejado pasar el río—, Valme —que el Rey don San Fernando le pidió que le valiera y en su palio van los leones y las almenas castellanas— y Consolación —“la del barquito en la mano”, que cantaba Enrique Montoya—. Los pueblos de Sevilla por la Avenida , por el Paseo Colón, por las naves góticas de la Catedral. La cal de las paredes y el silencio de las calles por entre el cemento de la ciudad eterna.
Además, y para que no faltara un jazmín en el moño del pelo de las sevillanas, acompañaron a las devociones del pueblo, que el pueblo sabe para dónde mira y lo que mira, las de la Sevilla eterna que no se cansa ni aburre de escuchar las bambalinas repiqueteando en la plata de los varales.
Por eso, desde que la Virgen de los Reyes —palio de tumbilla y zapatitos nuevos de su niño— llenó de aromas de mañana agosteña la plaza que lleva su nombre y la Puerta de Jerez con los sones de Corpus Christi, hasta que la Esperanza Macarena —la de Joselito, Juanita Reina y Rodríguez Ojeda— remató la faena, cerrando al toro entre las dos rayas, mirando a la Puerta del Príncipe, con el trío de Esperanza Macarena, que cuando hay que sacarse el toro a los medios no hay mejores sones. Ayer fue todo una Sevilla completa y su provincia, una ciudad y los pueblos.
Si no me creen, busquen en la memoria al Gran Poder con su devoción racheando por Almirante Lobo, al Cachorro sonando los platillos de la banda cigarrera que cita al toro del compás con los vuelos del capote por San Jacinto, a la Esperanza de Triana con los sones del maestro Albero en la Puerta de Palos.
Se cerró la noche y se acabó el día en el que Sevilla y sus pueblos se cerraron en un abrazo que será eterno. “Que Sevilla es algo más”, que cantaban los Ecos del Rocío, que “sin Triana y sin Sevilla también son sevillanos”.





