En 1980 mi mayor preocupación era poder quitar la piel amarga a una castaña, en el camino al colegio, con rapidez para que me diera tiempo a comerla. Iba andando sola o con mi hermana pequeña al colegio desde la calle Santa Ana a la comisaría de La Gavidia, donde se alzaba (y se alza) majestuoso Las Esclavas de Sevilla. Y así, con una monotonía que ya no existe, 5 días a la semana. Cole por la mañana y por la tarde. Meriendas de pan con chocolate y a veces, una caracola rellena de chocolate y paz, tranquilidad y la ilusión de ver pasar al niño que te gusta … Y a la vuelta de esa vida bonita y divertida, la cruda realidad que gestionaban los mayores.
Mis padres nos guardaban bien de ver y opinar sobre ETA, que se había convertido en una guerra sucia contra inocentes dejando cada día un despertar con sobresalto, miedo y mucha sangre, a todos los españoles de bien. Nos guardaban, pero las miradas entre ellos de miedo y dolor no nos pasaban desapercibidas. Los ataques miserables de la banda de criminales cayeron muy cerca, en mi ciudad. Don Remondo, Padre Cañete (Jesús del Gran Poder), Centro Penitenciario La Ranilla…. E incluso la que hubiera sido la mayor de las catástrofes, el intento fallido de volar la Comisaría de La Gavidia y todo lo que hubiera a su alrededor: las niñas, las monjas, las profesoras, los vecinos, El Corte Inglés….
Lejos de acabar la pesadilla, ETA seguía matando extendiendo sus ramales de muerte por todo el país y tras los ciudadanos que menos lo esperaban. Lo del matrimonio Becerril fue tan tremendo, tan cruel, tan injusto que apunto estuvo de costarnos a los sevillanos las ganas de vivir la alegría que nos caracteriza. Aún hoy, pasar por Don Remondo es pasar de nuevo por la pena, la rabia y la incomprensión.
Y ahora, que ya apenas enciendo la tele salvo para ver alguna serie (mini, eso sí) sufro con indignación, incomprensión, estupor, rabia, asco, impotencia, incredulidad, ira, dolor, odio, sed de venganza, ansiedad, angustia, desesperación, desesperanza, derrota, pena… la prueba irrefutable de que ganaron. Los terroristas ganaron. Las víctimas no importan a nuestros dirigentes. Se les da la mano en recepciones. El presidente se fotografía institucionalmente con ellos. Se sueltan a los que, con tanto esfuerzo e incluso a costa de sus propias vidas, los agentes de la Guardia Civil lograron detener salvando así muchas vidas. Se sientan en escaños desde los que se ríen de los familiares, son homenajeados en sus pueblos, son entrevistados por ratas sucias que intentan justificar e incluso enaltecer sus mal llamados ideales.
Un caballo de Troya disfrazado de cordero que ha conseguido a base de crímenes horrendos contra niños, mujeres, hombres, llegar a la poltrona con la permisibilidad y el respaldo de un gobierno cobarde, vendido y sin escrúpulos incomprensiblemente votado por millones de españoles que aún llevan en la palma de sus manos, restos de pintura blanca…
PD: De la bancada socialcomunista, hablaremos otro día.





