A la tremenda euforia que suscitó el derrocamiento y la detención de Nicolás Maduro entre los ocho millones de venezolanos exiliados y los amigos de Venezuela, ha seguido un sentimiento generalizado de decepción y de incertidumbre tras vislumbrarse las aviesas intenciones del todopoderoso Donald Trump, al que parece importar un bledo la restauración de la democracia en un país tiranizado por el chavismo, y tiene como objetivos el control absoluto y exclusivo de su patio trasero -a saber, toda Iberoamérica- para garantizar la seguridad de EEUU, y lograr el acceso de su Gobierno y de sus empresas a todos los recursos energéticos venezolanos, con la excusa de explotarlos debidamente, mejorar las infraestructuras y aumentar de forma significativa de los ingresos en beneficio de sus habitantes y de los norteamericanos.
Planificación de la operación
EEUU ha preparado cuidadosamente durante meses la operación “Resolución absoluta”, tanto en el aspecto militar -que ha sido un gran éxito de precisión y eficacia, para lo que ha debido contar, con complicidad interna-, como en el político. Trump no solo ha incumplido el Derecho Internacional -que no respeta al haber substituido el ordenamiento jurídico basado en reglas por un sistema en el que prevalece el Poder sobre el Derecho-, sino también -como ha señalado Gorka Maneiro en el artículo “Derecho Internacional, Maduro y la izquierda lela”, publicado en “Voz Pópuli”- los procedimientos democráticos internos, al no haber respetado la obligación de informar y solicitar el aval del Congreso antes de intervenir militarmente en el extranjero.
El Gobierno ha vestido hábilmente el muñeco, al afirmar que no se ha tratado de un operación militar llevada a cabo por las secretarías de Estado o de Guerra, sino de una acción dela Fiscalía General, que ha ordenado detener a un procesado desde hace varios años por los Tribunales estadounidenses por la comisión de graves delitos de narcoterrorismo, y la Fuerza Delta ha actuado de policía judicial, por lo que no hacía falta la previa venia del Parlamento. Además, si se hubiera informado con antelación, la noticia habría sido filtrada y puesto en grave peligro el éxito de la delicada operación. Me ha sorprendido escuchar al colega Gustavo Arístegui afirmar en la COPE que la intervención armada realizada en Venezuela era completamente legal, porque EEUU se había basado en su derecho a ejercer la jurisdicción universal. En función de ella, los jueces norteamericanos pueden enjuiciar a un presunto delincuente que se encuentre en el territorio de EEUU por delitos cometidos fuera de él, pero no están autorizados a ordenar su “extracción” de un país extranjero -en el que, para más “inri”, era el jefe del Estado-, recurriendo a la fuerza por parte de una unidad de élite de su Ejército, matando a un centenar de personas y llevándolo secuestrado a Nueva York para ser allí juzgado.
Primera fase de la época post-Maduro
Es obvio que Trump no tiene entre sus prioridades el restablecimiento de la democracia en Venezuela. Ha sorprendido y desalentado a la oposición venezolana que lleva años sufriendo del chavismo que, a la hora de devolver la normalidad al país, Trump haya prescindido de los ganadores de las últimas elecciones, Edmundo González y María Corina Machado, y haya tendido la mano al régimen bolivariano siempre y cuando entregue la gestión del petróleo al Gobierno y a las empresas de EEUU. Para ello precisa desde el principio un mínimo de estabilidad en el país, que no cree que le pueda ofrecer la oposición dirigida por Machado, que está enfrentada el aparato represivo del Gobierno de las Fuerzas armadas y de seguridad, regulares y paramilitares. Algunos de sus asesores le habrá recordado el fiasco de Irak, cuando Georges Bush Jr. no solo derrocó a Saddam Husein, sino que también desmanteló el Ejército y la Administración del partido Baath, lo que provocó un vacío de poder ocupado por los chiitas de la oposición, que permitieron que el país se convirtiera en un Estado fallido y fuera controlado por los terroristas islámicos del Daesh. De ahí que haya pensado en un periodo transicional de tres fases graduales: normalización, reconstrucción y democratización. Sin embargo, no ha planificado adecuadamente la transición -como hizo con la operación militar- y una intervención sin un plan minucioso y detallado para regular la misma abre una caja de Pandora. Por ello, las perspectivas de que Venezuela regrese pronto a la normalidad democrática no son muy esperanzadoras.
Trump ha mantenido que Maduro era un tirano, pero que y-gracias él- no podría ya amenazar a un ciudadano estadounidense, ni a nadie de Venezuela. Se ha librado del “capo”, que era el mascarón de proa del acorazado chavista, pero ha dejado intacta a la oficialidad ya a la tripulación, que sigue controlando el país y actuando con la misma prepotencia y capacidad de represión que antaño ¿Puede alguien medianamente inteligente mantener que Maduro era el único responsable de la grave situación reinante en Venezuela? Pues parece que Trump sí puede, aunque ello se explique por su narcisismo y su paupérrimo coeficiente intelectual. Ante su urgencia por apoderarse cuanto antes de los recursos de Venezuela –un proustiano “à la recherche du pétrole perdu”- ha confiado el mando a la peor candidata posible, la taimada Delcy Rodríguez -vicepresidenta y eminencia gris de Maduro-, que ostenta el poder real y ofrece continuidad administrativa, control del poder militar y capacidad de facilitar a corto plazo lo que Trump tanto ansía, de conformidad con su condición de antigua ministra de Energía. Delcy ya se había insinuado en dos ocasiones al proponer a Trump una transición sin Maduro y con ella de dadivosa sucesora. Al final ha conseguido lo que proponía -Maduro preso en Nueva York, ella en el poder y Trump con el petróleo venezolano-, tras el golpe letal de la “Delta Force”, porque Trump ha considerado que González y Machado no controlaban el país y no le podían entregar los recursos petroleros de Venezuela de forma inmediata. La presidenta interina se ha rodeado de la tripleta más criminal del régimen: su hermano Jorge -elegido presidente de una fraudulenta Asamblea Nacional al 90% chavista-, y los ministros de Interior, Diosdado Cabello, y de Defensa, Vladimir Padrino, ambos procesados por Tribunales de EEUU y con su cabeza puesta a precio. A ellos ha sumado al sádico general Gustavo González, hasta ahora jefe del infame Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional. Es lo que Héctor González Briceño ha calificado en “La Razón” de “chavitrumpismo”.
Delcy prestó ante su hermano -todo queda en la familia- un juramento “cantinflesco” como presidenta encargada. Según el artículo 233 de la Constitución Bolivariana, si se produce una “falta absoluta” del presidente de la República durante los primeros 4 años del período constitucional, se procederá a una nueva elección dentro de los 30 días siguientes y, mientras elija y toma posesión el nuevo presidente, se encargará de la presidencia la vicepresidenta ejecutiva. Delcy ha jurado el cargo de presidenta interina, sin ser necesario, dado que no ha habido sucesión, pues Maduro sigue siendo el presidente constitucional. No se ha producido su ausencia puesto que ha sido forzada y, en consecuencia, no es necesario celebrar elecciones dentro de un mes.
Para mostrar el talante conciliador de la sustituta, el 5 de enero se publicó en la Gaceta Oficial el Decreto de Estado de Conmoción -firmado el 3 por el propio Maduro-, que otorga amplios poderes a la presidencia y ordena a las fuerzas de seguridad que capturen a “toda persona involucrada en la promoción o apoyo al ataque estadounidense”-antes de que se produjera-. El Ejército podrá requisar los bienes necesarios para la Defensa Nacional y la protección del pueblo. En virtud de esta norma extraordinaria se detuvieron 14 periodistas y encarcelaron en Mérida dos sexagenarios, acusados por chavistas de alegrarse más de la cuenta del ataque de EEUU.
Una de las pocas virtudes de Trump es su sinceridad, pues expresa sin ambages sus deseos e intenciones. En la rueda de prensa en su residencia de Mar a-Lago repitió en 17 ocasiones la palabra “petróleo”, mientras que no pronunció términos como democracia o derechos humanos. Consideraba que las empresas petrolíferas estadounidenses fueron perjudicadas por las requisiciones de Chávez y merecían una indemnización, por lo que ha dejado fuera de toda duda que EEUU tiene derecho a los recursos petrolíferos venezolanos y los va a gestionar en exclusiva en el futuro, con el pretexto de realizar imponentes inversiones para modernizar las infraestructuras, incrementar la producción y aumentar de forma considerable los ingresos obtenidos por su exportación, en beneficio de Venezuela, de EEUU y del mundo entero.
Trump declaró a “Truth Social” que se complacía en anunciar que “las autoridades provisionales de Venezuela entregarán entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de alta calidad a EEUU”. Este petróleo se venderá a precio de mercado y el dinero obtenido será controlado por él -como presidente estadounidense- para garantizar que se utilice en beneficio de los pueblos de Venezuela y de EEUU. Con este dinero, el Gobierno venezolano solo podrá comprar productos norteamericanos. El secretario de Estado, Marco Rubio, anunció que se había cerrado un acuerdo para el envío a EEUU de todo el petróleo atascado en Venezuela y que -como seguía en vigor el embargo de dicho petróleo- se estaban incautando petroleros. El presidente ha encargado al secretario de energía, Chris Wright, que ejecute este plan de inmediato y el 7 de enero la Guardia costera abordó en el Caribe al petrolero camerunés “Sophia”, que formaba parte de la “flota fantasma” de Rusia, e interceptó entre Islandia y Escocia al petrolero ruso “Marinera”“-que había cambiado su anterior nombre de “Bella 1”y su bandera de Guyana por la rusa- por intentar violar el bloqueo de las costas venezolanas. El día 9 capturó en el Caribe el petrolero “Olina”, que ha enarbolado las banderas de Santo Tomé, Timor Este y Rusia. EEUU ha violado la Convención de Montego Bay sobre Derecho del Mar, que establece la libertad de navegación en alta mar, que solo puede ser suspendida para reprimir el transporte de esclavos, la piratería o las transmisiones no autorizadas. La Convención prevé que los buques no pueden cambiar de pabellón durante un viaje -salvo en el caso de transferencia efectiva de la propiedad o de cambio de registro-, y que los que naveguen bajo los pabellones de dos o más Estados, utilizándolos a su conveniencia, no podrán ampararse en ninguna de esas nacionalidades y serán considerados buques sin nacionalidad -artículo 92-, pero no contempla la posibilidad de su asalto en alta mar. La reacción de Rusia ha sido muy moderada, porque -si bien su Gobierno ha protestado por la incautación de los buques- solo ha pedido que se trate a los tripulantes de forma digna y humana y que sean liberados.
La intención de Trump parece ser la de mantener como presidenta interina a Delcy y a su equipo durante el tiempo que sea necesario -ha dicho que gobernará Venezuela durante muchos años-, siempre que cumplan con las exigencias de su Gobierno. Y para que no haya lugar a dudas, ha advertido al mundo que tome buena nota de lo que acababa de ocurrir en el patio trasero de EEUU, que no solo comprende la América Latina, sino también Europa occidental, de Cuba a Colombia, de Nicaragua a Panamá, y de Méjico a Groenlandia. Como ha remachado la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Lewitt, Venezuela no enviará ya traficantes de droga, ni criminales, para asesinar a ciudadanos estadounidenses, como lo ha hecho en el pasado, y el presidente está implementando plenamente “su política exterior de paz a través de la fuerza”. ¡A Trump rogando y con el mazo dando! -como dice y hace Cabello-.
Gabriel Tortella ha señalado en su artículo “Barrida de dictadores, ja, ja”, publicado en “The Objective”, que la restauración de la democracia en Venezuela no está entre las prioridades de Trump y de aquí que no le sorprenda que prefiera colaborar con Delcy en vez de con Corina. No ve a aquélla en el rol de Adolfo Suárez ¿Va a desempeñar Trump el papel de Juan Carlos I y Rubio el de Torcuato Fernández Miranda? “No parece probable una transición a la democracia como la que tuvimos en España”. Tortella concluye su artículo parafraseando las palabras atribuidas a Porfirio Díaz “!Pobre Venezuela, tan lejos de Dios y tan cerca de EEUU!”.
Siguiendo con las analogías hispanas, José María Marco ha comentado con sorna que Delcy ha hecho de Bruto y asesinado a su César por un señor fajo de dólares.
Ella, la mosquita muerta, ha resultado ser el narcobichito que picó al tren y lo paró en seco. Mandó a su bigotudo jefe a vérselas con un juez nonagenario en Nueva York, que le puede apretar las tuercas hasta lo inimaginable. Delcy, la bella, es una Torcuata cualquiera: Torcuata Fernández Miraflores. Diosdado anda con la mosca tras la oreja cada vez que ve o escucha la mosquita, y no sabe si, tras ver las barbas de su vecino Nicolás afeitar, tendría que poner su lampiña papada a remojar; si los “boys” decidirán rasurarle el gaznate o internarlo en una cárcel federal de alta seguridad en Arizona. Según Álvaro Escalonilla en “El Español”, EEUU percibe a Diosdado como el principal saboteador de Delcy, con Padrino como árbitro.
Esta primera fase está condicionada por la obsesión de Trump con el oro negro. Según el antiguo asesor de la CIA, Ron Aledo, el motivo de la “extracción” de Maduro no ha sido el narcotráfico -sólo el 1% de la cocaína que llega a EEUU procede de Venezuela-, sino la protección del petrodólar. Félix Ovejero comparte esta opinión, si bien ha matizado que el problema no es el petróleo en sí, sino cómo se paga. En 1974, Henry Kissinger selló un acuerdo con Arabia Saudita para garantizar el pago en dólares de las transacciones petrolíferas en todo el mundo. Durante décadas, la facturación del petróleo en dólares garantizó una demanda estable de la divisa, al financiar el resto del mundo el gasto y los déficits de EEUU, lo que le permitió sostener una hegemonía sin competidores. Esta situación empezó a cambiar a medida que las grandes economías -incluida Arabia Saudita- buscaban comerciar la energía en otras divisas, con lo que se inició un proceso gradual de desdolarización. En 2018 , Venezuela -que posee las mayores reservas petrolíferas del mundo- anunció su intención de liberarse de este tipo de pago y empezó a aceptar transacciones en yuanes y otras monedas, y a sustituir el SWIFT por el sistema chino CIPS, y solicitó su incorporación al grupo de los BRIC, mientras que China -que es el principal cliente del crudo de Venezuela-, Rusia e Irán se sumaron a la labor de desdolarizar los pagos del petróleo. De ahí que Trump haya mandado un mensaje de advertencia a estos países. Se ha repetido 36 años después lo ocurrido en Panamá, con el asalto del país por EEUU y el secuestro, y condena de su presidente Manuel Antonio Noriega, so pretexto de poner coto al tráfico de drogas. Venezuela puede seguir el camino de Irak y de Libia, que fueron respectivamente atacados en 2003 y en 2011. Trump ya le ha ordenado a Delcy que su Gobierno finalice su relaciones petrolíferas con China, Rusia, Irán y Cuba. Al mismo tiempo, se ha comentado en Tik-tok que -por falta de inversión, logística y esfuerzo tecnológico y financiero, amén del expolio de los dirigentes venezolano, especialmente los mandos del Ejército-, Venezuela ha pasado de producir tres millones y medio de barriles a solo un millón. Gracias al control de la industria petrolera por EEUU y a la prevista inversión de las empresas estadounidenses, Venezuela podría volver a la producción que tenia antes de la llegada de Chaves al poder y convertirse en la Arabia Saudita del siglo XXI, y la protección de su moneda sería aún mayor si lograra amarrar el petróleo al dólar digital.
Según la periodista Idevyse Pacheco, biógrafa de los Rodríguez en su libro “Los hermanos siniestros”-Carlos Herrero los llamaba “los hermanos malasombra”- Delcy y Jorge, que son uña y carne, son capaces de hacer cualquier cosa por el poder, hasta traicionar la memoria de su padre. Su principal enemigo es Diosdado, al que detestan, pero necesitan. Todo indica que -como ha señalado Carlos Ruckauf- éste, que está asimismo imputado por los tribunales de EEUU y arriesga una pena de reclusión perpetua, será la siguiente víctima, y él se siente amenazado, habiendo declarado que está “consternado, golpeado emocionalmente y con mucho temor”, por lo que juega sus últimas cartas saliendo armado a las calles rodeado por sus esbirros paramilitares. EEUU puede secuestrarlo como a Maduro o eliminarlo físicamente. Según Aledo, el Gobierno norteamericano tiene una doble opción: mantener a Delcy como presidenta títere mientras cumpla con sus designios y amenazándola con un futuro peor que el de Maduro si no lo hiciera, o utilizar a los generales corruptos que la CIA ha comprado para derrocarla. El tándem Rodríguez complacerá a Trump para evitar lo peor, mientras mantendrá su discurso antiimperialista con cara al chavismo residual, que sigue controlando muchas áreas de poder. Han rendido un homenaje a los héroes del 3 de enero, el presencia del canciller cubano, Bruno Rodríguez.
Prueba de ello ha sido su decisión de liberar a unos pocos de los cerca de mil presos políticos que aún malviven en las terribles cárceles chavistas, que Jorge ha presentado como un gesto unilateral para “afianzar la decisión inquebrantable de consolidar la paz y la convivencia pacífica en el país, sin distinción de ideologías”, ajeno a la presión estadounidense. Aprovechó para ensalzar la benéfica labor mediadora de Rodríguez Zapatero en los últimos 10 años, que ha sido aireada en la prensa afín, como “El País”, con el repulsivo artículo de Juan Diego Posada “Zapatero, Lula y Qatar, claves para la excarcelación”, en el que afirma que éstos han sido decisivos para este importante logro tras años de conversaciones secretas el más alto nivel, destacando que ZP inició en 2015 su labor benéfica de liberar a los presos políticos venezolanos, que le ha costado mucho trabajo por el largo tiempo empleado. Se contradice el periodista al afirmar que la medida de gracia había llegado en un momento político totalmente diferente a cuando gobernaba Maduro. Efectivamente, Trump ha conseguido en tres días lo que ZP No logró en diez años. Ha acusado a la derecha política española de acusar a ZP de simpatizar con el régimen chavista, lo que éste ha considerado como el precio a pagar por haberse mantenido como mediador neutral (¿?). Pasó horas y horas negociando con Maduro para procurar las liberaciones y jugó un papel importante en la concesión de asilo político a Edmundo González, “candidato al que todo apunta que ganó las últimas elecciones presidenciales en Venezuela”. ¡Chapeau!”.
Siguientes fases en la futura democratización de Venezuela
En la hoja de ruta esbozada por Rubio, tras la fase inicial de normalización y estabilización, en la que se ha mantenido la estructura chavista del poder bajo el liderazgo de los Rodríguez para que no se produjera el caos, vendrán la fases de recuperación y reconciliación y, por último, la de democratización. Según el periódico “Político”, Trump ha exigido a Delcy que se acabe con el tráfico de drogas, expulse del país a los agentes de Cuba, Irán y otros países hostiles a EEUU, y conceda a éste el monopolio en la gestión de los recursos petrolíferos de Venezuela, prohibiendo la exportación de petróleo a Cuba, China, Rusia e Irán. Si se cumple este último requisito, la situación de Cuba será insoportable, dada la precariedad de su economía y su total dependencia del suministro del petróleo venezolano. Para el cubano-americano Rubio, ésta es su siguiente prioridad, tras el derrocamiento de Maduro.
Se abrirá el acceso a la gobernación a técnicos civiles y a miembros de los partidos de la oposición colaboracionista, como el bloque Un Nuevo Tiempo-Unión y Cambio, que tiene una presencia residual en la Asamblea Nacional de 13 escaños, y la Plataforma Unitaria Democrática de Henrique Capriles. Será la fase de la reconciliación nacional, con la gradual liberación de presos políticos y la posible concesión de una amnistía, y el regreso al país de buena parte de los 8 millones de venezolanos exiliados.
La tercera y última fase será la de la democratización, con la celebración de unas nuevas elecciones generales -que Delcy pretende aplazar hasta 2031-, ignorándose de forma increíble que ya se celebraron otras en 2025, que -pese a las arbitrariedades cometidas por el Gobierno venezolano- fueron ganadas por amplia mayoría por la oposición liderada por Edmundo González, presidente legítimo de Venezuela. Éste ha manifestado que “Venezuela necesita una transición real y para ello debe haber libertad para todos los presos políticos, fin de la persecución, desarme de los grupos paraestatales y respecto a la voluntad popular”. Será el momento en que se permita su actuación y la de Corina, que ha tenido la elegancia de decir que la acción de Trump había supuesto un paso enorme para la humanidad y darle las gracias por poner en su sitio a Maduro. Quiera el tiempo -ha comentado Andrés Trapiello- que sea ella quien, tras ser refrendada en las nuevas elecciones, pueda poner en su sitio a Trump.
De no normalizarse plenamente la situación durante el período transicional, existe -en opinión del investigador del Instituto Elcano Rogelio Núñez- el peligro de que un Gobierno democrático se encuentre frente a la capacidad de veto de las Fuerzas Armadas, la oposición violenta de las fuerzas policiales y paramilitares, y un aparato chavista aún enquistado en la Administración, convertidos en un Estado dentro del Estado. Estoy plenamente de acuerdo con las declaraciones a “El Mundo” de Javier Cremades, presidente de la “World Jurist Association”. De un lado, se ha violado el Derecho Internacional, porque no se puede entrar en un país y secuestrar a su jefe de Estado; de otro, se discute si ese jefe de Estado era realmente constitucional y si estaba en la cúspide de un sistema de narcoterrorismo. Se debate si cierta intromisión puede estar o no cubierta por el Derecho humanitario. La recuperación del Estado de Derecho debe ser prioridad en Venezuela y hay que incluir en esta ecuación a González y a Machado. Venezuela está lista y preparada para recuperar su democracia y cuanto antes se haga mejor, pero hay que evitar el conflicto interno y conseguir la inclusión de las distintas fuerzas políticas. Incluso el chavismo deberá participar en el futuro del país, si cuenta con apoyo popular. “El objetivo debe ser que el pueblo soberano decida. También hay que presionar a Estados Unidos para que avance cuanto antes en la democratización del país y evite la tentación de un protectorado funcional, donde se tolere una oposición limitada a cambio de intereses estratégicos. La oposición venezolana ha demostrado capacidad de movilización y voz propia. Debe recuperarse el resultado de las elecciones: las actas están ahí y debe devolverse al pueblo la voz”.





