Es que me hierve la sangre. La poca que me queda, sí. Pero es que me hierve hasta un punto de ebullición, que sería capaz de darle unos cuantos martillazos y mandarla al carajo de una vez y por todas. Y es que no hay derecho al juego que se traen determinadas cadenas con el pobrecito y sufrido telespectador. Que nos manejan a su antojo, está claro. Se limitan a emitir, y si lo emitido no cumple lo previsto y acordado por el consejo de sabios lo eliminan de la pantalla ipso facto, sin dar explicaciones de ningún tipo a las fieles audiencias.
De un plumazo te trasladan programas a los que estabas enganchao a franjas horarias imposibles para un pobrecito pensionista, que a lo único que aspira en ese tramo es a echarse en la piltra hasta el día siguiente. ¡Y no te dicen nada, oiga! Ni un mal comunicado en prensa, ni una sola palabra por parte de los mismos presentadores… Así se las gasta esta mafia que pretende controlar a la población mediante una ristra de competiciones de todos los colores, espacios de mañana, tarde y noche poblados de colaboradores fantasmas que distan mucho de lo que es y representa un verdadero periodista, etc. Todo ello, en una batalla mediática por lograr el poder televisivo.
¡Hay que ver lo que hay que aguantar para lograr visionar una serie en condiciones medianamente dignas! No llevas ni ocho minutos de intriga, cuando por arte de magia te aparece eso de “Volvemos en 6 minutos”. Vuelve la serie y a los dieciséis o dieciocho minutos, y esta vez sin el cartelito de marras, empieza un bombardeo masivo de anuncios que ya no se sabe el tiempo que va a durar y que arrastraría a la desesperación al mismísimo Job. Total, que casi las dos horas, por lo menos, no hay quien te las quite para poder tragarte un capítulo.
¿Y qué me dice usted de los concursitos que van a su santa bola y que arrastran a todo un telediario a los diez o quince minutos de retraso? Porque para mí, dentro de toda la rejilla que lleva consigo una cadena, el telediario es algo fundamental, algo sagrado que hay que proteger. La información acerca del presente, pasado y futuro de todo lo que acontece en nuestro país y en el resto del mundo debería tener prioridad absoluta sobre el resto de la programación. Sin embargo, creo que a la cúpula que dirige este medio de comunicación el asunto de los informativos también les trae al pairo. Una vergüenza, una auténtica vergüenza…. Que qué asco de tele, compadre, qué asco de tele.





