Ábalos, como su jefe,
se declara enamorado:
¡Es su único delito!
Pone cara de angelito
de querubín maltratado
y narra apesadumbrado
que dejó de ser arquero
y que al final, fue flechado,
aunque sea recordado
como «el ministro putero».
Pobrecito querubín
que el UNO ha utilizado
para su personal fin
y después, defenestrado.
Sin pasta, sin maletín,
expulsado del gobierno
ese Edén, raro jardín.
Se acabaron los honores,
las fiestas, los paradores,
y de putas el festín…





