El Pleno del Congreso ha aprobado, el martes 28 de octubre de este año que se va acabando, la prohibición de usar la palabra cáncer, en una de las acepciones que le otorga la RAE, esa que dice: «Proliferación en el seno de la sociedad de una situación o hechos destructivos». Como sus señorías socialistas, promotores de la proposición, no de ley, se sienten retratados con definición tan ajustada y certera y en un berrinche infantil, uno más de los que les dan, en plan de, ¨mamá que me mira el gato¨ , ¨mamá que está mirando¨, pues van y regulan una prohibición a modo de consejo, para que no se pronuncie la palabra cáncer, cuando se hable de sus actos en sede parlamentaria y extienden la regulación a los medios de comunicación, instituciones educativas y sociales, a los que les solicita – lo de que solicitan es un eufemismo – su colaboración para desterrar el uso peyorativo e insultante de la palabra cáncer, porque dicen ellos que no es aceptable emplearla como metáfora de lo peor, de lo que corrompe o de lo que destruye, porque el cáncer, según ellos, no es eso, es una enfermedad grave, si, pero cada vez más tratable, más comprensible y en muchos casos curable.
A mí, perdónenme, es que me entra la risa floja. Con esta estupidez, se definen como enfermedad grave, comprensible, pero curable; así que ya sabemos lo que hay que hacer para librarse de ellos y sus manipulaciones, llevarles al oncólogo a que les de quimio, aunque puede que estén en fase terminal. Esta última gilipollez de sus señorías socialistas puede que esté unida a las boutades de hace pocos días del filólogo de cámara y poeta viudo, de esta corte de los idiotas que tenemos encima y que nos emponzoña la sociedad, un poquito más cada día, cuando se puso a atacar, sin metáforas y a lo bestia, al Presidente de la RAE. El poeta viudo tal vez haya sido incitado por un tal Sánchez, para lanzar sus estúpidos ataques contra Santiago Muñoz Machado, al no poder los anti metáforas meter el cuezo en la RAE, para ir cambiando el sentido de las palabras que no les gustan y conseguir cambiar nuestra forma de hablar.
Llevan así años y sin que nadie les llame a capitulo han ido persiguiendo y declarando proscritas un montón de palabras que les molestan, para ir sustituyendo nuestro lenguaje coloquial por una serie de palabras y frases eufemísticas que llegan al absurdo. Decididamente son unos enanos mentales. ¡Huy¡. Perdón, quise decir que su intelecto no llega ni a la altura de un mosquito. Son ridículos y lo saben, de ahí que quieran censurar hasta al diccionario de la RAE para eliminar de nuestro lenguaje palabras que les recuerdan lo que son, unos mequetrefes. Mequetrefe, que bonita palabra.

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