El “milagro”, como escribe mi directora, que se produjo en la calle Alcázares con la Esperanza Macarena acercándose libre al numeroso público que permanecía expectante tras unas miserables vallas, me da a mí que a los gerifaltes que tienen a su cargo la organización de la Semana Santa de Sevilla les ha importado un bledo. Pues que sepan estos mandamases, que el sevillano está ya harto de tanta prohibición, de tanta valla, de tanta silla y de tanto palco. Que a ver si se les mete en la cabeza a los capitostes, que la Semana Santa es por y para el pueblo.





