Er puyaso
Señoras y señores:
Tenemos una cita obligada el domingo para elegir y corregir nuestro presente, nuestro futuro más cercano y modificar el previsible a más largo plazo. Sabemos de qué va, porque la gran mayoría de los que tenemos derecho a voto lo hemos vivido. Con lo cual, con la falta de eficacia en la gran mayoría de los ejecutivos anteriores, entiendo que las dudas deben ser razonables y latentes. No obstante, no me deja de sorprender, que gran parte de los votantes lo tiene claro, como la sopa de un hospital. Algunos parecen llevar grabadas en el ADN las siglas. Lo hayan hecho sus líderes como lo hayan hecho seguirán votando a sus partidos fielmente y criticarán al contrincante por sistema y sin rigor alguno.
Pues bien, empecemos a describirlos por orden:
El ejemplo más claro de esta «especie» es el votante acérrimo del que está actualmente en el poder. El partido del presidente autócrata.
A pesar de los pesares, las mentiras que demuestran las hemerotecas y él mismo en sus comparecencias llamándolas cambio de opinión política, a pesar de los pactos demenciales y las leyes suicidas creadas y modificadas para satisfacer a sus cooperantes. A pesar de todo ello, y un larguísimo etcétera que me reservo narrar para evitar el aburrimiento y hastío del lector, estos fieles vasallos defenderán en las urnas a toda costa al partido del capullo, a su sanchidad y sus escuderos. «Flipante…»
También tenemos la opción de la trepa de Barrio Sésamo que va quemando marcas y compañeros, sin piedad, al igual que la ropa y el estilismo que usaba. Que no ha pegado un palo al agua en su vida y que vive en un piso de quinientos metros cuadrados, del estado y en una zona súper exclusiva con servicio. Que cobra además de ello su más que buen salario y, para más inri, dietas. Con todo y eso nos pretende seguir vendiendo comunismo y que nos creamos que la que plancha es ella y que , debido a su agotador trabajo, duerme menos que el chófer de Drácula. Qué lástima de ella… Para tirarse al tren y al maquinista, oiga.
Es de sobra conocida la política comunista y bolivariana que nos vende. Esa que no ha funciona ni ha funcionado en ninguno de los más de setenta países en donde ha sido instaurada. Esa política donde primero los dirigentes salen de la pobreza y luego los demás, con suerte, a empatar por abajo. Éstos también tienen a sus acérrimos, cómo no. Hay gente que dice «hayga» y da porracitos en el brazo mientras habla. «Flipante…»
Tenemos, por otra parte, a otro candidato gallego más que juega al donde dije digo, digo Diego. Y que le tiembla el pulso más que al que toca la pandereta en la tuna, que parece que recibe descargas de alta tensión. Recordando peligrosamente a aquel paisano suyo, que por no dimitir, desconvocar las cortes y convocar elecciones, nos trajo el regalazo del autócrata de la moción de censura con un lacito rojo, rojo, «estelado» e «icurriño». El lesionado no demuestra la seguridad que debe tener un líder para hablar y decidir por derecho y con contundencia, sin dudas, complejos ni miedos. Un gaviotero que prefiere acuerdos con el contrincante a pactar con la derecha, derecha. Porque su derecha, no lo es tanto ni quiere que lo sea. «Flipante…»
Y tenemos a los novatos estigmatizados, malos malísimos según todos, pero que en realidad aún no se les puede calibrar por falta de recorrido político en obstentar cargos y gobiernos de relevancia. Si embargo, es cierto, no aprovechan cuando se les acerca o se les da una oportunidad. En vez de caer en gracia y actuar de forma inteligente, se hacen los graciosos y echan para atrás hasta al más pegajoso de los «osos amorosos abrazafarolas». Sacan de la chistera casposa la fórmula de «el balón es mío y el penalty, lo tiro yo» levantando así las cartas que evidencian la necedad que tanto penaliza… «Flipante…»
Ese es el panorama. Es triste, pero es el que tenemos. A estas alturas, ya tendrá la mayoría decidido su voto.
Al del PSOE acérrimo le da igual lo que haga o haya hecho su sanchidad. Lo justificará de cualquier forma y atacará con acritud cualquier cosa que haga el adversario, aunque su líder lo haya hecho igual o peor. Con lo cual, votará sus siglas, sí o sí porque lo manda mi santa madre izquierda.
El de Sumar, Compromís, Más País, Cup, Podemos, IU, Marea, Bnga… y no se qué puñetas más, también los votará ciegamente porque la derecha es mala, la mujer está oprimida y es lo mejor, el empresario es malo, los católicos son malos y el comunismo es bueno, los trabajadores son mártires, los hombres somos violadores y violentos menos los islamistas y etarras que se les va un poquito la mano porque han sido «histéricamente» oprimidos, convirtiéndose así en lo mejorcito del mercado… ¿Flipante, eh? No me digas que no.
Luego estamos los que pensamos sobre lo que ha ocurrido durante estos últimos cuarenta y seis años. Y en las verdaderas necesidades de este «flipante» y peculiar país. Vaya dilema… ¿Qué plato se elige para comer cuatro años desayuno, almuerzo, merienda y cena con un menú de tan baja calidad…?
En los sondeos previos al cierre de los colegios electorales puede estar la clave. Me explico. Dando por hecho que la alternancia es buena y que muy bien, muy bien, no lo ha hecho este gobierno. Bueno, ni muy bien, ni bien, ni regular si quiera. Vamos, que lo ha hecho «mu malamente», como diría la de las uñas largas que pega voces. Es por ello, que considero que deberíamos dar una oportunidad al otro lugar donde viaja el péndulo.
¿Y a cuál de los dos elegimos? ¿Al que le tiembla el pulso cuando le ponen el trofeo como a Carlos I o al que simplemente para pedir un vaso de agua y un palillo al camarero pega un porrazo en la mesa derramando todas las cañas de cervezas de los parroquianos?
¿Que va sobrado el gallego lesionado? Un poquito para el sin sonrisa del traje apretado. Con objeto que éste le eche el aliento en la nuca al otro cuando haya un asunto controvertido a tratar y decidir sobre él sin complejos obstaculizando la tentación de dar un pasito atrás, al lado o abajo.
¿Que le falta al gallego un empujón para conseguir que se vaya el autócrata porque no alcanza la suma? Pues a dárselo. Así de simple.
Confiemos que el español de sentido común libre de siglas pero esclavo de responsabilidades, que existe y es el que decide, sea el quien incline la balanza por el bien de nuestro país, que es el nuestro propio. El de todos, de todas las siglas.
Esperemos que el próximo artículo, si lo hay, no lo remate como siempre:
«Entre todos la mataron, y ella sola se murió…»






2 Comments
Muy buen artículo, Santi….. Veremos a ver que nos depara el futuro. Un abrazo.
Extraordinaria la disertación, explicación y puesta en escena.
A ver si cuadramos, levantamos fuerte al cielo y empezamos tod@s a andar con el izquierdo, que aquí el izquierdo no es rojo, es más bien verde y se llama Esperanza, que es lo último que se pierde!!!
Suerte, que ya está echada y al toro!!!