
Aquí estoy, mis queridos seres humanos, con la mirada clavada en el juego que atesoráis; por ver de que en ese cruce de retinas una pizca de vuestra inteligencia, de vuestro saber estar, de vuestra sabiduría, de vuestra humanidad, se me adhieran a la crin y evolucione como vosotros. Total, para lo que me queda en el convento…





