
En esos asientos plegables y al calor de la fogata, un servidor pensaba para sus adentros que esta vida es para vivirla al límite, sin concesiones, a saco, por el filo mismo de la navaja. Hoy, tengo que aceptar que esta magnífica pintura de Ömer Yilmaz ya no me representa… Creo que me moriré de la pena.





