Cada extravagancia de Podemos supera a la anterior. Ese es el objetivo, crear (parafraseando al Ché en su discurso de 1966 ante la Tricontinental, precedente lejano del Foro de Sao Paulo y del ahora redenominado Grupo de Puebla), «dos, tres… muchos Vietnam» hasta convertir este país de los batuecos, que diría el añorado Jaime Campmany, en un permanente Playa Girón.
Ocurre, claro está, que el mismo Ché Guevara dará un día de estos un salto de su tumba apenas comprenda que los vietnam creados en su nombre son ahora leyes que consisten en que cada cual puede llegar ante un funcionario o a las puertas de un quirófano público o privado y proclamar: «Mire, me llamo Manolo, soy mujer y vengo a que usted me deje como a Beyoncé antes de mi próxima menstruación».
Aten a esa mosca por el rabo, porque de inmediato aparecerá Carmela con la reivindicación inversa o a exigir que le hagan una revisión de la próstata de la que carece. Y no diga usted ni mú, doctor, o me marcho ahora mismo en busca del Defensor del Pueblo y de una unidad de protección de género de la Policía Nacional.
El Ché, válganos San Pedro, solucionaba todo esto de un plumazo; o sea, firmando la orden de ingreso inmediato de Manolo y Carmela en un campo de reeducación.
En 1971, con el guerrillero ya en el séptimo círculo celestial de la Revolución siempre pendiente, su jefe de filas, Fidel, ordenó una purga de sarasas en el artisteo cubano acusándolos de «contrarrevolucionarios» y arrojó a los infiernos a Reinaldo Arenas, a Virgilio Piñera, a José Lezama Lima y a muchos más, por «deviacionismo». El comunismo letal es macho.
Sólo en estas cosas, el Ministerio de la Consorte se pule 450 millones de euros, ad maiorem gloriam, que es tropecientas veces más que los impuestos que puedan pagar o dejar de pagar todos los youtubers e influencers de España y Andorra juntos.
Al subperiodista Javier Ruiz le parece que toda esa gente que desde su casa genera pasta de la nada le están robando a los españoles, aunque quien recibe dinero a mogollón del presupuesto son las televisiones públicas y privadas, que además de la subvención correspondiente han trincado 112 millones de euros durante la pandemia para que sigan con el relato que les dicta Iván Redondo cada mañana por e-mail.
Mientras Irene Montero decide si considerarse a sí misma jipi, pija o señorona de Galapagar, a la vez que nombra a su niñera secretaria de Estado y al jardinero y a la cocinera directores generales en el Ministerio, no se entiende bien que su consorte, ministro/vicepresidente de la Agenda 2030, que es un catecismo de los mega ricos del planeta, se haya comprado un chalet de más de un millón de euros, a pagar en 30 años, cuando el artículo 1 de dicho plan reza: «No tendrás nada… y serás feliz». Pues vaya modo de tirar la pasta, oiga.
Desconozco de qué cosas habla El Rubius en YouTube, pero mucho me temo que han tocado un avispero, porque hasta ahora tal vez se dedicaba a comentar videojuegos u otras cosas intrascendentes y puede que a partir de ahora hayan convertido a Marisú Montero en la protagonista de Call of Duty 3, a Carmen Calvo en la mamá de Los Sims y a Pedro Sánchez en Super Mario Bros pegando saltos para evitar meterse un estacazo.
No se apuren, porque antes de que todos estos influencers se hayan exiliado, señal irreductible de que hemos cruzado la frontera hacia el comunismo cuando los generadores de dinero huyen por piernas del país, nos habrá llegado una nueva extravagancia pilotada por la Calvo sobre la memoria democrática, que no recuerda quién mandó asesinar a Calvo Sotelo ni quién bombardeó Cabra.
Y claro está, poner a una amnésica al frente de un proyecto sobre memoria histórica equivale a poner a un pirómano de jefe de bomberos mientras han convertido a Franco con su traslado en helicóptero, como en una película de Fellini, en un símbolo del exilio interior de más de la mitad de España.
Hasta la derrota final.
He dicho.





