Las guerras suelen provocarse por la inexperiencia de varias generaciones entre una contienda y otra.
Todo el que volvió de una de ellas no quiso ni hablar más de la guerra. Todo superviviente que escuchó el sonido de su pánico en sirenas o bombardeos, que tuvo que entender a las aceras cubiertas de sangre, asumir los rostros del espanto de la metralla… No comprende desde su larga vida de necesarios olvidos, cómo ahora se está jugando a diario con fuego en España.
Sería muy lamentable tener que regresar de otra guerra para alcanzar, a través de miles de muertos, la lucidez de quienes ya han cumplido los noventa años.





