Diga lo que diga la legislación internacional, el primer deber de todo Estado que recibe a menores indocumentados de manera ilegal es intentar devolverlos a sus padres, a quienes incluso se los podrían haber robado en origen con fines esclavistas o de otra clase de comercio y trata de personas, órganos o servicios sexuales.
Pero Occidente, ya lo ven, no hace ni el intento de publicar sus nombres en los Consulados de los países de origen y, con frecuencia, en lugares como los CETI (Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes) de Melilla o Ceuta, los hogares y los progenitores de esos muchachos, doy fe, están perfectamente localizados e incluso a la vista desde este lado de la valla.
Es el esclavismo del siglo XXI, disfrazado de una falsa piedad que cuenta con el cinismo impertérrito y demagogo de la izquierda y la conmiseración idiotizada de siempre del buenismo universal, todo ello esta vez amplificado por el objetivo 2030 de las élites globalistas, que aspiran a taparse de los rigorismos que auspician y que se nos avecinan de modo parecido al de los príncipes y las élites saudíes o emiríes: no va con ellos eso de no tomar alcohol, o no comer cerdo, o no practicar con prostitutas.
Hace casi 20 años escribí que las razones de la mayor parte de quienes se arriesgaban a llegar a nuestras costas de cualquier manera no lo hacían por hambrunas, ni por guerras ni por persecuciones de ninguna clase (tales eran los mantras, más que ahora), sino por el mero afán de intentar mejorar sus condiciones de vida, lo cual me pareció siempre suficiente motivo e irreprochable desde cualquier punto de vista…, excepto que ha de hacerse cumpliendo con las leyes del país soberano al que se dirigen.
Los imbéciles de siempre me dijeron casi de todo, pero hoy el sátrapa de Sánchez no ha tenido el menor escrúpulo en darme la razón y reconoce que vamos a darle acogida, acomodo, pensión, sustento y lo que fuere menester a todo aquél que sea capaz de arrojarse al volcán en erupción, primero del desierto y luego del Mediterráneo, y que logre sobrevivir en el intento.
Lo siguiente será establecer un ferry por la mañana y otro por la tarde, gratis y con merienda a bordo para los transeúntes, desde cualquier puerto de la costa africana en dirección a este país en ruinas.
Con cargo a tu bolsillo y a tu seguridad, so facha.
He dicho.





