Taurofobia animalista

La taurofobia vuelve al Teatro Falla de la mano del sectario Antonio Martínez Ares, que ha vuelto a sacar a la palestra su incultura y su sensiblería cursi e impostada. “Las Ovejas Negras” es como este imbécil ha titulado su comparsa de borregos al servicio del animalismo que no se comió ni un rosco en las últimas elecciones municipales de la capital gaditana. Su pasodoble taurofóbico presentado en el concurso del Falla es, además de indignante, merecedor de una querella por delitos de odio, injurias e insultos a las mujeres a las que retrata empitonadas y con las bragas caídas ante “su semental”. Estas afirmaciones pasodobleras contra la mujer, contrastan mucho con la defensa del feminismo del que el cretino de Ares presume en el otro pasodoble que su comparsa lleva al concurso del Falla, un pasodoble cursi y lacrimógeno, compuesto para que la plebe le aplauda y así ganar el concurso carnavalesco municipal.

La incultura y la poca inteligencia de las que Martínez Ares hace gala en su furibundo ataque contra la tauromaquia son inmensas. Presume de gaditano y no conoce la historia de su ciudad, y así desconoce que el toreo a pie con picadores nació en Cádiz, a mediados del S. XVII. Las corridas en la Plaza de San Antonio se celebraron durante cincuenta y cinco años y con ellas se financiaron múltiples obras en la ciudad, entre otras el retablo mayor de la Iglesia de San Antonio, las del Hospicio y, ya en el S. XVII, las obras de La Alameda, la cárcel, el Hospital de Mujeres, la Casa Cuna, la capilla del Nazareno, la Academia de Bellas Artes, la reconstrucción de las murallas, el Baluerte y a principios del XIX, en 1804, se celebraron en Cádiz doscientas corridas para seguir financiando obras. El inculto carnavalero taurofóbico se pasea y disfruta de una ciudad construida, en gran parte, con el trabajo y el arte de esos a quien él llama asesinos en su inmundo pasodoble. Llamar asesinos a los toreros también es delictivo, sobre todo si se hace públicamente y a teatro lleno.

Antonio Martínez Ares es comunista, un comunista furibundo y trasnochado. La letra del pasodoble taurofóbico también arremete contra los ganaderos de toros de lidia a quienes acusa de criar sus toros solo por negocio y para vivir de subvenciones. Ya saben, los ganaderos son señoritos pijos que llevan a sus señoras a la plaza ataviadas con mantillas. Al cretino Ares tampoco le gustan las mantillas, las mantillas, para él, son fascistas, igual que la España que va a los toros. El mantón de Manila no entra en el inmundo pasodoble, pero no se olvida de insultar a los monosabios, de los que dice que son unos patanes del serrallo que explota Abascal con su caballo. El Martínez Ares nos quiere decir que Abascal tiene una casa de putas y que los monosabios son los que le cuidan a las pupilas. Pues muy bien, esto también es querellable.

El pasodoble taurofóbico y comunista termina con una especie de cantinela que dice que el toreo no es ni trabajo, ni arte, que solo hay un animal y el asesino, un asesino, un asesino. De lo de los huevos apretaos, pero con brillo de los toreros vestidos de luces, de otra estrofita del pasodoble, puede que se desprenda que el M. Ares no tiene huevos, que solo tiene la mala baba que genera la ignorancia y el rencor social.

Dicho todo lo anterior, hay que recordarle a este taurofóbico gadita que son muchísimos millones de españoles los que asisten cada año a festejos taurinos, ya sean corridas o encierros callejeros, que las corridas de toros son el segundo espectáculo de España en número de asistentes – el primero es el fútbol – y que los taurinos somos gente más cultas que la media de los españoles; lo dice el Ministerio de Cultura y yo lo corroboro.

Para ir acabando, me pregunto si Antonio Martínez Ares es vegano y en consecuencia no come chicharrones, ni jamón, ni una buena berza con todos sus avíos de porcino, ni unos langostinos, ni un buen atún de almadraba. Pobre atún de almadraba. Para el año que viene le doy al cretino del Martínez Ares, la idea para otro pasodoble con pasteleo animalista, el de la oda al pobrecito atún rojo asesinado por los pescadores asesinos, de las almadrabas gaditanas. Antoñito, servido te dejo lo del atún, a ver si tienes cojones de llamar asesinos a los pescadores. También le dejo servida a los taurinos la posibilidad de querellarse contra el carnavalero imbécil. No se puede seguir dejando pasar los ataques a la tauromaquia, no está el horno para bollos.




1 Comment

  1. Maloma dice:

    Muy bien, Isabel.

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