Siempre he tenido la impresión de que tendemos a idealizar el pasado cuando lo comparamos con el presente, y solemos decir aquello de “cualquier tiempo pasado fue mejor”, pero en el ámbito del trabajo hemos de reconocer que son muchos los aspectos que han cambiado a peor en las últimas décadas. Así, el arraigo que uno sentía en la medida en que veía con normalidad jubilarse en la misma empresa en la que encontró su primera ocupación ya ha desaparecido, o cuando se aspiraba a que nuestros hijos entraran a trabajar en la misma corporación y disfrutaran de las ventajas que se vivían en ella, algo impensable hoy día.
Siento pena cuando escucho decir a mis vástagos: “Papá es que la situación laboral no tiene nada que ver con la de tus tiempos. Ahora la cosa está mucho peor”. El estrés se ha vuelto algo cotidiano, las bajas por depresión o ansiedad se disparan, los contratos son precarios al máximo, las retribuciones indirectas casi han desaparecido (planes de pensiones de empleo, matrículas gratuitas para los hijos de empleados, cestas de Navidad…), los correos de los jefes fuera de horas de trabajo son algo normal, el horario laboral está para no cumplirse y las horas extraordinarias no son abonadas en multitud de casos, etc.
Afortunadamente, una nueva cultura corporativa se está introduciendo en las empresas: la de considerar la felicidad de los empleados. Las empresas empiezan a descubrir poco a poco que les conviene escucharlos, hacer que se sientan valorados, y aprovechar su potencial, pues todo ello acarrea beneficios económicos para la cuenta de resultados, y, por ende, para sus accionistas.
Tener empleados felices es rentable. Así lo confirman estudios de universidades como Oxford y Harvard. Proporcionar “felicidad laboral” a los trabajadores influye positivamente en los ratios de productividad, en la captación y retención de los mejores profesionales, en un menor absentismo, en menos bajas laborales, en un mayor compromiso y en una mayor motivación.
Publicaciones como Fortune, Forbes o Business Insider elaboran rankings con los mejores lugares para trabajar. En España les invito a entrar en la página web de Merco Talento, donde cada año se relacionan las 100 mejores empresas de nuestro país con mejor capacidad para atraer y retener el talento. Las empresas tecnológicas siguen siendo la referencia de este modelo (Google, Microsoft, Zoom,…), pero la fórmula se extiende cada vez a más sectores. Donde el bienestar de los empleados es una alta prioridad, ya se no habla de “Recursos Humanos”, sino de “Personas”.
La razón principal de que los trabajadores dejen sus trabajos actualmente es que no se sienten a gusto en ellos, a pesar de los altos salarios en muchos casos. No todo es el dinero cuando te sientes quemado, maltratado, desmotivado… Por convicción o necesidad, muchas empresas están teniendo que recurrir a psicólogos que les indiquen el mejor camino a seguir para encontrar las claves de la deseada felicidad laboral y que en casi todos los casos pasan, al menos, por cinco puntos:
Primero: ofrecer un salario justo y competitivo. Al comenzar el siglo XXI compadecíamos a los mileuristas, y veintidós años después vemos que serlo ahora es una aspiración de los que comienzan a trabajar. Es difícil ser feliz si no consigues llegar a fin de mes o te sientes explotado.
Segundo: escuchar a los empleados. Un trabajador forma parte de un equipo, y necesita notar, como los futbolistas, que el balón pasa por sus pies durante el partido; precisa sentir que es parte de la empresa y que contribuye a ella mediante un proceso fluido y colaborativo.
Tercero: el incentivo emocional. El trabajador necesita de un propósito fuerte que exprese con claridad que su esfuerzo es tenido en cuenta, que su forma de trabajar y la calidad de lo que aporta, afectan al objetivo general de la empresa.
Cuarto: considerar la formación como la clave de la promoción. La felicidad personal pasa por el crecimiento personal y una mayor capacitación de los profesionales, mediante una permanente actualización de sus conocimientos y habilidades. La formación fomenta, además, la confianza personal y permite cambiar de ocupación y la promoción interna.
Quinto: fomentar la innovación. Delegar, escuchar nuevas ideas, permitir el desarrollo del potencial de cada uno. La confianza fomenta la productividad y la innovación.
Las universidades están incluyendo en sus programas estos contenidos, los neurólogos están aportando sus nuevos descubrimientos y, finalmente, todos constatamos que la alegría, como expresión, es compañera inseparable de la felicidad. De todo ello les hablaré la próxima semana.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






2 Comments
Un trabajador motivado produce muchísimo más, a tus pruebas me remito. Pero hasta que las empresas no entiendan que la prevención para el bienestar no está solo en tenerles un mobiliario ergonómico, si no «una buena salud mental» no empezaremos a ver productividad efectiva. La prevención para ellos es un «coste», sin darse cuenta que verdaderamente es una «inversión».
Gracias Alberto, muchísimas gracias por compartir tu artículo.
Felizz conclusion.