¿Qué les molesta en concreto?

Habitualmente nos apartamos de cuanto sea comentar otro detalle más de “la dictadura de lo políticamente correcto”, no porque no sea criticable, sino porque el dedicar la atención a cada nueva ocurrencia de una ministra feminista o de un ayuntamiento “igualitario” a fin de cuentas es caer en la trampa, equivale a sumergirse en un mundo de necedad (aunque sea para criticarlo), y por tanto estrecharse el horizonte, limitarse enormemente…

(Así, muchos foros de personas en el ámbito político opuesto a dicha “dictadura de lo correcto” al final actúan en función de esa dictadura. Con lo cual, personas inteligentes, formadas, que podrían dar mucho más de sí, al final se convierten en una “Irene Montero al revés”… Es una trampa. Ciertas necedades, mejor que criticarlas, es ignorarlas y dedicarse a lo importante).

Y no obstante tener esto clarísimo… hoy una necedad tiene la fuerza suficiente para provocar una excepción. En este caso, no se trata tanto de indignación sino de puro asombro. Me refiero a la publicidad de un gimnasio (¡Operación Feria!) que “ha incendiado las redes sociales por machista, por gordofobia, por…”.

En el mundo de hoy, hay mil ocasiones para que una mujer sensible se sienta herida y humillada. Por ejemplo, ver en plena calle las pantallas exteriores de una clínica de estética, en la que se anuncian operaciones reductoras con unas imágenes que parecen de caballos o de cerdos, diríanse el anuncio de una carnicería… El atentado a la intimidad, a la dignidad, es doloroso para las almas románticas, pero ya hemos tenido que aceptar ser minoría (y minoría no respetada), así que sólo queda apartar la vista. A nadie le choca, a nadie le extraña. Dejamos de ver la tele, con anuncios obscenos y explícitos de todo tipo de intimidades, pero es que ya hay que verlos hasta andando por la calle..

Y de repente, ahora surgen airadas protestas contra… ¿contra qué? Contra el anuncio de un gimnasio, que es un dibujo alusivo al traje de flamenca, y que, si algo, está repleto de humor. Incluso para quien es hipersensible a ello, no presenta nada ordinario ni soez (las carnes están apenas esbozadas cual en viñeta, no fotografiadas como en las clínicas, cual si de veterinaria habláramos). Además alude a algo que cualquier mujer, aun las más esbeltas, aun las exageradamente delgadas, han experimentado: la dificultad de abrocharse el traje de flamenca.

Esto, como lo de la mantilla, es un residuo de la vestimenta de otras épocas, sofisticada, complicada, llena de alfileres y de ajustes, necesitada de asistencia… Lo mismo los peinados. En nuestra época de rápido quita y pon, el uso del traje de mantilla y del traje de gitana supone una experiencia fugaz de lo que vivieron mujeres en otros tiempos: cierta ceremonia en el vestirse y en el desvestirse… Imposibilidad de hacerlo a solas. Algunas sevillanas recuerdan casos de quedarse dormida en un sofá a la espera de la llegada de una madre o una hermana que ayude a desabrocharse el traje… algo inaudito con cualquier otra prenda. Es algo hermoso, pintoresco, y por ende completamente voluntario y que a nadie puede oprimir.

Hasta filósofos españoles (tanto Ortega y Gasset como Julián Marías) han observado separadamente el hecho curioso de que el traje de flamenca, así como los bailes que le son característicos… “pueden ser ejecutados, no sin gracia, por mujeres maduras y nada esbeltas”, algo inconcebible en otros tipos de baile, como el ballet… El traje de flamenca precisamente se las arregla para favorecer, resaltar, el encanto de mujeres de todas las edades y tipos. Estamos aburridos de “la dictadura de lo políticamente correcto”, pero es que incluso dentro de dicha dictadura, tendrían que aplaudir y ensalzar tanto el traje de gitana como el baile de sevillanas, pues no hay nada más abierto y que discrimine menos… 

Puestos a protestar y prohibir, puestos a “denunciar” lo que atenta a la dignidad del ser humano y sobre todo de las féminas, pues podríamos atacar la publicidad de las “clínicas”, degradando lo más íntimo en plena calle… Pero, ¡qué decir! Si es cada instante de televisión y sólo vemos rostros operados, hinchados… ¿cómo contra esto no se insinúa nada?

En un mundo idílico donde predominara el buen gusto, en un mundo de siglos pretéritos, no digo que no resultara algo ofensivo un reduccionismo de la belleza femenina a la caricatura de unos michelines que no entran en un traje (¡ojalá, deseamos fervientemente algunos, viviéramos en una época así!). Pero que hoy día en que los sensibles estamos condenados a tan constantes ataques, ¿a qué viene esta crítica tan precisa hilando tan fino de repente?

Pues…Vamos advirtiendo un guión común. Algo que enlaza con el horror a las reuniones privadas de Navidad, mientras se acumulaban multitudes en eventos deportivos. Con que a la vez que se aplaude el éxito de Fitur, el ínclito Juanma advierta del “peligro de los ensayos de costaleros”. El caso es atacar lo tradicional, lo característico de una civilización. Otra explicación no cabe.




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