Nueve verdades de las elecciones catalanas

El 14 de febrero se celebraron finalmente las elecciones autonómicas catalanas, que habían sido convocadas por mandato imperativo ante la incapacidad del Parlament de nombrar a un presidente de la Generalitat tras la inhabilitación de Joaquim Torra por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña. Ante el recrudecimiento de la pandemia del Covid-19, el presidente en funciones, Pere Aragonés, decidió mediante un chapucero decreto aplazar las elecciones hasta mayo o más tarde, según lo aconsejara la situación sanitaria. El PSC se opuso a ello para evitar que se diluyera el “efecto Illa” –la presentación como candidato del ex-ministro de Sanidad – y una asociación afín al partido, Izquierda en Positivo, presentó un recurso contra la suspensión de los comicios, y el TSJC le dio la razón e impuso la celebración de las elecciones en la fecha prevista.

La participación –que en 2017 había sido del 79.1%- descedió al 53.6% y resultó vencedor el PSC con 23,04% de los votos, seguido por ERC con 21.30% y Juntos por Cataluña (JxC) con 20.04%. En cuarta posición se situó Vox con 7,69%, seguido de En Común Podemos (ECP) con 6.87% y la Candidatura de Unidad Popular (CUP) con 6.67%. Las últimas posiciones las ocuparon Ciudadanos (Cs) con 5.57% y el PP con 3.85%. Fuera del Parlamento quedó PEdeCAT con 2.72%. Se atribuyeron 33 escaños al PSC y a ERC, 32 a JxC, 11 a Vox, 9 a la CUP, 8 a ECP, 6 a Cs y 3 al PP.

Los partidos independentistas se han apresurado a lanzar las campanas al vuelo utilizando su bien engrasada maquinaria propagandística para anunciar “urbi et orbe” su gran éxito electoral y alguno periódicos, como el “Financial Times”, han picado el anzuelo y se han hecho eco del gran triunfo separatista, pero en esta ocasión sus alardes propagandísticos han sido recibidos con reservas por los medios de comunicación internacionales por su pérdida de credibilidad gracias a la acción informativa realizada –no por el Gobierno, que sigue con su política de “laissez faire, laissez passer” a sus socios secesionistas- sino por entidades como Sociedad Civil Catalana o el Foro de Profesores, que han ayudado a contrarrestar la “agitprop” independentista.

Las verdades del barquero

Los resultados de las elecciones catalanas han sido malos, especialmente para las fuerzas constitucionalistas, pero podrían haber sido peores y, desde luego, no han supuesto una gran victoria para el separatismo. Ante el injustificado triunfalismo nacionalista, “Dolça Catalunya” ha puesto de manifiesto nueve verdades molestas.

1.- El nacionalismo no ha ganado las elecciones y ha obtenido sus peores resultados desde 1980. A pesar de llevar años monopolizando el poder político, económico, social, cultural, educativo y mediático, los partidos nacionalistas en el Govern no han ganado las elecciones. Los ganadores han sido el PSC, que ha conseguido 40.000 votos más que en 2017 y un porcentaje del 23.04%, y -en menor medida- Vox, que –partiendo de cero y sufriendo boicots y agresiones de los cachorros de la CUP y de los radicales de JxC, con la connivencia de la Generalitat y la pasividad de los mossos d´esqudra- han obtenido 217.883 votos en las cuatro provincias catalanas.

En el PSC han ganado su candidato Salvador Illa, el mago del “marketing” electoral, Iván Redondo, y –sobre todo- Pedro Sánchez. Es realmente notable que una persona que ha sido un auténtico desastre como ministro de Sanidad y se ha considerado como uno de los peores gestores de la epidemia del coronavirus en Europa haya sido presentado como el adalid de la política que Cataluña necesita para salir de la grave crisis que han provocado sus dirigentes nacionalistas. Hay que quitarse el sombrero ante el maestro Redondo, que ha sido capaz de convertir una mula tuerta y coja en un brioso alazán. Ya dio muestra de sus habilidades al conseguir llevar a la presidencia de la Junta de Extremadura al bombero José Antonio Monago y a la alcaldía de Badalona al baloncestista Xavier García Albiol. A través de su constante exposición televisiva en horas de máxima audiencia y a base de decir nimiedades con buen talante y lenguaje mesurado –salvo cuando le tocaba agredir a la Comunidad de Madrid y a su presidenta Isabel Díaz Ayuso- Illa se ha convertido en un líder político que ha ganado las elecciones en una Cataluña controlada por los partidos independentistas, con la técnica seguida por el director Hal Ashby en la película “Being there”-”Bienvenido Mr.Chance”- para hacer a su protagonista presidente de Estados Unidos.

Sánchez ha salido muy favorecido con los resultados de los comicios catalanes. Según el adagio greco-latino, “fortuna audaces iuvet” y no cabe duda que, entre las pocas virtudes del presidente, figura la audacia. Se arriesgó al apostar por la mula coja y ésta ha ganado la carrera. Lo de menos es que no llegue a presidir la Generalitat por falta de apoyos como consecuencia del nuevo pacto del Tinell entre los partidos separatistas, como le pasó en 2017 a Inés Arrimadas, pero ha conseguido hacer trizas las filiales en Cataluña de los partidos de centro-derecha que le podían hacer sombra a nivel nacional, potenciado a Vox en detrimento del PP, extendido su influencia sobre ERC y fortalecido su Gobierno Frankenstein.

2.- ERC, JxC y la CUP han perdido votos: Los tres partidos han obtenido 1.360.696 votos ,718.644 menos –un 30% – con respecto a las elecciones de 2017. Todos ellos han perdido votos, a diferencia del PSC y de Vox, pero –como consecuencia del injusto sistema electoral- ERC ha obtenido el mismo número de diputados que el PSC pese a tener 49.251 votos menos , JxC ha conseguido un escaño menos que el PSC con una diferencia de 84.356 votos, y la CUP ha quedado solo dos escaños de Vox con 28.796 votos menos que éste..

Como ha señalado Arcadi Espada, la insistencia del independentismo en decir que han salido más fuertes de las urnas es pura propagandas. Los tres partidos independentistas suman un 48% de los votos, solo dos décimas más que en 2015. Su fuerza es la misma que ha tenido el nacionalismo desde 1980 y similar a la que disponía al inicio del “procés”, un porcentaje que “es suficiente para gobernar despóticamente Cataluña, pero inútil para abordar de un modo algo más que ilusorio la independencia”. Los resultados han confirmado que era irreal plantease una independencia que se deprendiera como una costra y que la propia Cataluña no permitía. “La independencia no es posible ni por la fuerza ni por el convencimiento y su invocación ha quedado reducida a un mero y algo patético señuelo electoral”.

3.-Los partidos separatistas con representación parlamentaria sólo alcanzan el 48.1% de los votos. Sumándole los 77.059 votos obtenidos por PEdeCAT, el nacionalismo alcanzaría el 50.9%, mayoría que -según Carles Puigdemont y la candidata de JxC, Laura Borràs- justificaba la declaración unilateral de la independencia de Cataluña. Sin embargo –como ha argumentado el hispanista francés, Benoit Pellistrandi-, si se tiene en cuenta que la participación electoral se ha limitado al 53,5% -que, si se descuentan los votos nulos y en blanco, se reduce al 52.3%-, el 50.9% de los votos conseguidos equivalen al 26,6% del electorado catalán, y poco más del 25% del voto de los ciudadanos de Cataluña no refleja el sentir general de la región y, con él, difícilmente se puede crear ni una Nación ni un Estado.

4.- Se ha alcanzado la mayor tasa de abstención en la historia democrática de Cataluña: Mientras la participación en las elecciones en 2017 fue del 79.09%, en las de 2021 se ha desplomado al 53.6%, una caída de casi veinticinco puntos y medio. Ello se ha debido fundamentalmente a la epidemia del Covid-19 y al temor al contagio del virus, pero también han contribuido el hartazgo con el procés y el desencanto de la población no nacionalista, 750.000 de cuyos componentes han preferido quedarse en casa. Al igual que el axioma de que el futbol es un deporte en el que participan veintidós jugadores y siempre gana Alemania, muchos constitucionalistas piensan que las catalanas son unas elecciones autonómicas en las que participan varios partidos y siempre ganan los nacionalistas. También han podido constatar que, aunque los partidos no nacionalistas saquen más votos que los nacionalistas, éstos ganan más escaños a causa de la injusta atribución de los mismos por mor de un sistema electoral injusto. La abstención también se ha dado en los territorios más nacionalistas, pero en mucha menor medida que en los constitucionalistas. El electorado nacionalista está más motivado y suele participar más en las elecciones que el que no lo es.

5.- El sistema electoral favorece a los partidos independentistas: Cataluña es una de las pocas comunidades autónoma que no cuenta con una ley electoral propia, porque ha preferido que se aplique la ley general que favorece a los partidos nacionalistas. La aplicación de la “ley de Hondt” beneficia a las provincias interiores de Cataluña –Lérida y Gerona-, mayoritariamente rurales y de escasa población, donde prevalece el sentimiento nacionalista, frente a las del litoral –especialmente Barcelona y su entorno-, mucho más desarrolladas y pobladas. Así, para conseguir un diputado por Barcelona se necesitan unos 49.358 votos, por Tarragona 32.301, por Gerona 31.258 y por Lérida 21.019. En cuanto a los partidos, JxC ha necesitado una media de 17.750 votos para sacar un diputado, ERC 18.291, Vox 18.817 y Cs 26.317. La distribución no puede ser más injusta y, si se aplicara un sistema equilibrado de atribución en función del porcentaje de población y de distribución estrictamente proporcional, los partidos nacionalistas nunca ganarían las elecciones en Cataluña. Gracias a esta injusticia, ERC, JxC y la CUP han obtenido una amplia mayoría en el Parlament de 74 escaños.

6.- El vencedor no ha sido un partido nacionalista, sino constitucionalista: Al igual que en 2017 cuando el ganador de las elecciones fue Cs, en las de 2021 lo ha sido el PSC. Lo malo es que la filial del PSOE en Cataluña se sitúa en ocasiones al margen de la Constitución y algunos de sus dirigentes son tan nacionalistas como Oriol Junqueras, como ha sido el caso de Pasqual Maragall, José Montilla o Miquel Iceta. Illa no es de los más nacionalistas del PSC, se ha mostrado contrario a la independencia y hasta participó en la macro-manifestación constitucionalista del 8 de octubre de 2017. Sin embargo, ha sido colocado como candidato a la presidencia de la Generalitat por Sánchez para “tender puentes” con el nacionalismo y hará lo que el jefe le ordene. Será el instrumento amable que facilite las concesiones que exige ERC para seguir apoyando al Gobierno central, al amparo de la falacia del diálogo, que siempre es en sentido único y a favor de los nacionalistas. Como ha comentado Martí Saballs, no hay más que escuchar al PSOE/PSC hablar de “diálogo” para ponerse en guardia. Este se realizaría principalmente con ERC, que ha afirmado en su programa electoral que ”el camino hacia la independencia es ya inevitable. Estamos convencidos de que ganaremos la libertad del país, pero para lograrlo hemos de ser más y prepararnos mejor” ¡Menudo diálogo!. Los republicanos, más pragmáticos que JxC –que pretende seguir con el abierto enfrentamiento con el Estado y con la DUI- pretenden lograr su objetivo por etapas mediante su negociación con el Gobierno de Madrit, e Illa actuará como mamporrero mayor del Principado, cediendo rodajas de la soberanía nacional conforme a la táctica del “salami”: concesión de indultos –no creo que se atrevan a conceder una amnistía general, aunque con Sánchez todo es posible-, reforma del Código Penal para rebajar las penas en el delito de sedición y aplicarla retroactivamente, potenciación de la mesa del diálogo, bilateralización de las relaciones entre los dos Gobierno en pie de igualdad, referéndum pactado de autodeterminación al margen del resto de los españoles, reconocimiento de Cataluña como Nación, modificación del Estatuto de Autonomía para aumentar las competencias y blindar las existentes, concesión de un poder judicial autónomo para evitar sorpresas desagradables como las condenas de los sediciosos catalanes por el Tribunal Supremo, y concesión de un Pacto Fiscal que conceda a Cataluña un régimen similar al vigente en el País Vasco o en Navarra.

¿Y qué gana España a cambio de tanta magnanimidad con el nacionalismo sedicioso? Pues prácticamente nada, salvo la garantía de que Sánchez continúe en la Moncloa y reine en Cataluña la paz de los satisfechos durante un período lo más breve posible para que se pueda establecer la República de Cataluña con todos los honores. Según Jorge Bustos, la propaganda monclovita dirigida por el gurú Redondo está tratando de convencer al sufrido pueblo español de que la “agenda del reencuentro” de Illa ha triunfado en las elecciones catalanes, que “Cataluña ha vuelto a España” y que “el tubo escondido entre las puñetas de Lola Delgado es ibuprofeno para irritaciones separatistas y no vaselina para culos constitucionalistas”

7.- No existe un nacionalismo moderado: Ha desaparecido prácticamente el nacionalismo acomodaticio de aparente colaboración con el Gobierno español, impulsado por Pujol con sus “arriéres pensées” del “programa 2000”, antecedente obligado del “procés” para acceder a la independencia en cómodos plazos y en medio de abrazos. Artur Mas lo facilitó con su consulta del 9-N, Puigdemont lo precipitó con el referéndum ilegal del 1-O y la DUI, y Torra –teledirigido desde Waterloo- lo institucionalizó desde la Generalitat. Ahora Aragonés y Junqueras lo consolidarán con la inestimable ayuda de Sánchez y de su testaferro Illa.

El ala más moderada del nacionalismo dirigida por Angels Chacón –que rompió con el JxC de Puigsdemont por ser contraria a la unilateralidad en la obtención de la independencia- sólo ha alcanzado el 2.72% de los votos. Si, como consecuencia de la rivalidad existente entre ERC y JxC no se llegara a constituir un Gobierno de coalición separatista o si –en caso de constituirse- fuera de corta duración-, parte de sus 77.059 votos podrían regresar a la casa madre y permitir a JXC superar a ERC.

8.- Las autoridades penitenciarias catalanas han ayudado a los sediciosos: Las autoridades de prisiones de la Generalitat, en connivencia con algunos jueces de vigilancia penitenciaria, han otorgado un tratamiento VIP a los líderes nacionalistas encarcelados, otorgándoles todo tipo de privilegios, incluida la concesión injustificada del tercer grado, pese a que no reunieran las condiciones requeridas. Tras el correspondiente recurso, el Tribunal Supremo acordó el 4 de diciembre de 2020 anular dicha concesión alegando que los órganos de la Administración penitenciaria no podían vaciar la repuesta penal proclamada por un tribunal de justicia. Cuarenta día más tarde, las autoridades penitenciarias -en un evidente acto prevaricador- volvieron a conceder el tercer grado a los condenados por sedición. La fiscalía decidió recurrir de nuevo pero optó –la “mano lunga” de la fiscal general Delgado- por aplazar la presentación del recurso hasta después de las elecciones del 14-F. En consecuencia, los condenados por sedición han podido pasearse por Cataluña para pregonar la buena nueva de la DUI y anunciar que lo volverán a hacer. Fuentes de la fiscalía han explicado que ha actuado con prudencia para no interferir en la campaña electoral, pero sí lo ha hecho al permitir que hicieran campaña independentista unos reclusos que deberían haber permanecido en sus celdas. La fiscalía dice ahora que, como no ha cambiado nada y sus argumentos siguen siendo válidos, presentará el recurso.

9.- Vox ha conseguido diputados en las cuatro provincias catalanas: Vox ha sido la gran sorpresa en las elecciones al obtener 11 escaños en las cuatro provincias catalanas, pese a la campaña de intimidación y de agresiones que ha sufrido. Esta violencia, lejos de perjudicarle, le ha beneficiado al producir una reacción de simpatía en el campo constitucionalista. Ha recogido 11 de los 30 escaños perdidos por Cs y, ante los pobres resultados de éste y del PP y las buenas relaciones del PSC con ERC, Vox se ha convertido en el principal enemigo del separatismo y de la izquierda. Como ha declarado Abascal, Vox va a hacer una oposición total, frontal y a cada segundo, y a luchar por las libertades de los catalanes.

Incidencias de las elecciones en los partidos políticos

El PSC ha vuelto “en beauté” a las candilejas de la política catalana al haber sino el triunfador de las elecciones en votos y en escaños, pero su victoria ha sido pírrica ya que no le permitirá gobernar por falta de suficientes apoyos. Como ha señalado Javier Redondo, Illa ha ofrecido “pasar página”, como si el separatismo estuviera dispuesto a hacerlo, a renunciar y a ceder algo, pero es consciente de que su catalanismo suave es inviable sin el beneplácito de ERC y, ésta no renunciará al poder. Illa ha asegurado que ha iniciado consultas con todos los partidos, salvo con Vox, lo que –amén de una actitud antidemocrática- es un error, pues puede que en algún momento lo necesite. Su “desiderátum” es formar un nuevo tripartito con ERC y EPC –para lo que disponen de suficientes escaños-, pero los republicanos no se dejan querer y Junqueras ha dicho por activa y por pasiva que no pactará con el PSC porque son dos partidos antagónicos. Es probable que ERC presente la candidatura de Aragonés para contrarrestar la de Illa y el presidente del Parlament –que será sin duda un independentista al contar con la mayoría necesaria- dará prioridad a la de aquél.

La llave del futuro Govern la tiene de ERC, que –según Victor Mondelo- se presentó a las elecciones con los objetivos primordiales de obtener al menos un voto más que JxC para obligar a Puigdemont a postrarse a sus pies, y de presidir la Generalitat por primera vez desde la II República –al parecer no considera a Josep Tarradellas como uno de los suyos-, gobernar según sus propias normas e imponer a los neoconvergentes su táctica de ralentizar el “procés” para tratar de aumentar el apoyo a la independencia. “El independentismo de los puros ha perdido y el mensaje es claro. Hay que formar Gobierno”. Pretende constituir un Gobierno independentista de amplio espectro, en el que se integren, junto a JxC y la CUP, los “terceristas” de ECP, que son partidarios del plurinacionalismo y de la celebración de un referéndum pactado de resultará difícil por los vetos cruzados entre JxC y los comunes. ¡Atención!

El “aparatchik” Aragonés ya ha conminado a Sánchez a que se siente a negociar para resolver el conflicto de España con Cataluña, acordar la celebración de un referéndum de autodeterminación y conceder una amnistía general a los presos políticos. Es consciente de que ello resulta poco viable, pero tiene que mantener el pabellón independentista frente a las descalificaciones de su rival JxC, aunque al final se conformará con la concesión de indultos y la reanudación de las labores en la mesa de negociación, en la que Sánchez hará cuantas concesiones le exijan con tal de seguir en el poder. JxC está exigendo a ERC que rompa sus buenas relaciones con el Gobierno central, porque “no pueden seguir colaborando con los del 155 en Madrid y gobernar juntos en Cataluña. La unidad independentista debe ser total”. Lelha amenazado con forzar la celebración de nuevas elecciones si no se le concede una situación de paridad en el gobierno dado el “empate técnico” que se ha producido entre los dos partidos. Por el momento. o los republicados han iniciado las negociaciones con la CUP para llegar a un acuerdo de gobierno, que empuje a JxC a unirse a él rebajando sus exigencias. ¡Ojo que los antisistema han presentado su candidatura a la consejería de Interior! Si fuera aceptada, ocurriría con en la película de Stanley Kubrick “La naranja mecánica”, en la que los delincuentes se convierten en policías. En cualquier caso, frente a las pretensiones de JxC, ERC tiene en la manga el as de buscar una mayoría alternativa y formar el gobierno tripartito que anhela el PSC.

El gran derrotado en las elecciones ha sido el centro-derecha. Cs –que era el partido mayoritario- ha perdido 20 puntos y 30 diputados, quedándose con 6, y el PP sigue siendo una fuerza marginal con sólo 3 escaños. En los medios críticos del PP circula este mordaz comentario: “Queríamos tener grupo parlamentario propio y lo hemos conseguido. Ahora tenemos todo el Grupo mixto a nuestra disposición”. Ambas fuerzas se han ganado su paupérrima situación por méritos propios. La profesora Chantal Moll ha criticado acerbamente a Cs y señalado que merecía el castigo que le han infligido las urnas por la pésima gestión de su victoria. Ha defraudado a más de un millón de catalanes, ninguneado a la militancia, desoído los consejos, incurrido en caciquismo y vaivenes ideológicos, incumplido sus propios estatutos y sus líderes se largaron a Madrid dejando tirados a sus seguidores. Crece entre los militantes el clamor de que se exijan responsabilidades a Carlos Cuadrado -vicesecretario primero y responsable de la horrenda campaña- y a José María Espejo -vicesecretario adjunto-, personas de la máxima confianza de Arrimadas, quien los ha respaldado, se ha negado a hacer autocrítica y ha culpado de los malos resultados a la abstención, con lo que está poniendo en riesgo su propio liderazgo y el futuro de un partido de centro necesario que está al borde de la auto-consunción y la desintegración.

La merecida crítica al PP ha corrido a cargo de su ex–portavoz parlamentaria, Cayetana Álvarez de Toledo, que ha sangrado por la herida abierta de su injusta destitución y de su apartamiento de la campaña por la dirección del partido, pese a ser diputada por Barcelona. Según ella, no ha fallado el candidato –que ha hecho una excelente campaña-, sino la estrategia profundamente equivocada de la dirección nacional, que ha desorientado a los votantes naranjas. Hitos de este desbarajuste habían sido la renuncia a dar la batalla ideológica y enfrentarse al nacionalismo, la ruptura con la militancia de Vox tras las desaforadas criticas personales de Casado a Abascal durante la moción de censura, y la petición de perdón por hablar demasiado del 1-O y creer que el problema catalán se resolvía con más financiación. “Pablo Casado ha confundido el centro con la ausencia de convicciones, coraje y capacidad de desafío, con el asentimiento al marco nacionalista y con el vacío”. El centro no es el punto medio entre la libertad y la sumisión, sino la radical defensa del ciudadano y del orden constitucional frente a sus detractores. El PP ha de resolver su vacío de proyecto y de liderazgo.

Estas críticas, aunque justificadas, me parecen excesivas. Casado no ha sido el único responsable de la catástrofe, que no ha sido tanta, pues solo ha perdido 4 décimas y un diputado. Lo trágico para el partido ha sido el “lucrus cesans”, al no haberse aprovechado de la debacle de Cs para captar alguno de sus escaños, que se han repartido el PSC y Vox. Los polvos de estos lodos vienen del Pacto del Majestic, cuando el Aznar que hablaba catalán en la intimidad entregó a Pujol en bandeja de plata la cabeza de Alejo Vidal-Quadras, que había conseguido 17 diputados en el Parlament. Desde entonces, el PPC entró en declive y se convirtió en una fuerza marginal. Casado ha cometido errores de forma y de fondo en la campaña. Se ha volcado en los comicios y ha eclipsado con su presencia a Alejandro Fernández, a que impuso como escoltas a una trásfuga de Cs y a una nacionalista, despreciando la cantera popular. Fueron increíbles sus declaraciones a Radio Catalunya para tratar de congraciarse con el nacionalismo, al presumir de no haber intervenido en su calidad de portavoz del PP a raíz de las cargas policiales del 1-O –lo que no fue del todo cierto-, por no estar de acuerdo con la actuación de las fuerzas de seguridad. El PP –que lo que más ha sentido ha sido el baño que le ha dado Vox- se ha negado a hacer autocrítica, ha culpado de la debacle a Bárcenas y a la abstención y, como muestra de su deseo de regeneración, ha anunciado el abandono de su sede en la calle Génova. El partido de Abascal se ha convertido en el único antídoto contra el separatismo –para lo que no se encuentra suficientemente preparado- y habrá que ver si estará a la altura de las circunstancias.

Teresa Freixes ha sintetizado el resultado de las elecciones como no exitoso para el independentismo, demoledor para el centrismo y favorable al PSC y a Illa, quien –a diferencia de Iceta- no es separatista, asistió a la manifestación constitucionalista del 8 – O y ha comentado en castellano los resultados de los comicios. Ha sido asimismo un triunfo para Sánchez y sus personales intereses, pues el debacle del centrismo es un seguro de vida para el Gobierno Frankenstein, y –pese los rifirrafes de campaña con ERC- parece asegurarse el apoyo de éste a su Gobierno. Según Álvarez de Toledo, las elecciones han dejado una sociedad devastada moral, política y culturalmente, y ha revalidado a los gestores de la pandemia y del procés, y permitirán que sigamos en el bucle identitario. Para el profesor Juan Jesús González, la puntilla a Cs ha hecho desaparecer cualquier posibilidad de mayoría constitucionalista. Si ERC optara por un frente independentista, la amenaza de bloqueo de Cataluña podría extenderse a toda España, en un momento crucial en el que el Gobierno está a la espera de que la UE determine las condiciones para que España pueda recibir los fondos de recuperación. Cataluña no tiene peso suficiente para marcar el rumbo de España, pero sí para desestabilizarlo. Esta tesis es compartida por Pellistrandi, quien ha señalado que las elecciones podían determinar si Cataluña seguía siendo un elemento de bloqueo a nivel nacional o permitía otra estrategia política más conciliadora, pero –de acuerdo con los resultados- la política catalana seguirá siendo un “cerrojo” para la política española. Si -en opinión de González- ERC quisiese contribuir a lo primero, podría facilitar un gobierno de izquierdas donde lo relevante sería, no tanto la participación del PSC, como la posibilidad de retomar la mesa de negociación acordada entre el PSOE y ERC al margen de Puigdemont.. Como ha comentado con sorna Javier Redondo, si ERC es el pivote de la política catalana y nacional, algo falla en España.




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