Siempre me ha conmovido esta historia.
Me la contó mi amigo José Antonio (Ozantonio, para los colegas) que es muy capillita y muy sevillano. Por lo tanto, sé que es verídica, porque para Ozantonio la palabra va al cielo.
Cuarta más, cuarta menos, él me dijo que ocurrió así:
Carlos Amigo Vallejo, que había sido Arzobispo en Tánger, y que es licenciado en Teología y en Psicología, y que tiene no sé cuántos títulos más y distinciones, y que sabe latín y hasta sabe comunicarse en lengua de signos, no deja de asombrarse desde que fue nombrado Arzobispo de Sevilla. Porque esta ciudad y sus gentes, sus costumbres y su cultura … ¡son tan diferentes a las de su Medina de Rioseco natal, en la provincia de Valladolid …!
“No tengáis miedo”, dijo el Papa Juan Pablo II. Sí, claro. Es fácil decirlo. Sobre todo por alguien, aunque sea el Sumo Pontífice, que desconoce el mundo (el universo, mejor dicho) de las hermandades hispalenses, de la manera de ser y de estar de estas gentes insobornables en sus cosas, derrochando sevillanía y con las que él trata a diario, que con demasiada frecuencia lo acribillan a sorpresas y sustos. ¡Uf…! Con tanto sobresalto no gana para alzacuellos.
Fray Carlos está pensando en esto cuando el Hermano Pablo, fiel como buen franciscano, se le acerca con la radio encendida …
«Le gustará escuchar a este artista. Es un rockero sevillano y le canta a la Semana Santa y a todas las advocaciones marianas de la ciudad. Hoy mismo actúa».
En el silencio del Palacio Arzobispal retumba la canción «Rezaré», a melódico ritmo de swing, compuesta por el genial, inconfundible, carismático, emblema del rock andalusí, auténtico … Silvio.
“Rezaré ante ti,
porque eres madre universal,
ahora y siempre,
Amargura,
te rezaré,
te rezaré.
Yo ti amo, ti amo tanto,
Patrocinio de el mío existir,
sevillano, siento tanto
amor por ti,
amor per te …”
Mientras la canción se entremezcla con palabras trufadas de un italiano macarrónico y divertido, improvisadas por el artista a golpe de compás y buen rollo (anticipándose al “fistro”, al “te da cuen” y al “duodeno” de Chiquito de la Calzada), el Arzobispo se pregunta quién le habría mandado lucir su báculo y su mitra episcopal en tan peculiar ciudad. Es decir, que le da las gracias a El De Arriba por haberlo enredado en su misterioso designio, enviándolo a la peculiar, maravillosa, inigualable, bellísima y única ciudad de Sevilla.
Ciudad en la que, desde cualquier foro y desde cualquier ámbito de las artes y de las ciencias, de lo humano y lo divino, de lo serio y de la chanza, se habla y se canta a nuestra Madre del Cielo … «el refugio de mi angustia, te rezaré, te rezaré …». Así. Con naturalidad. Como la oración hecha poesía y cante del gran Silvio …
“¡Tos por iguá, valientes! … ¡Viva España!, ¡viva Roma!” – arenga a sus oyentes el cantante cañí entre pausas musicales, sin encomendarse a Dios ni al diablo.
Fray Carlos le pregunta, lleno de curiosidad, al Hermano Pablo …
“¿Y dices que canta hoy?”
“Sí, en la Plaza de San Francisco. Empieza en diez minutos”.
“Pues vamos”.
Simpatiquísimo, vibrante y jovial, Silvio sube al escenario entre el fervor del respetable. Se ha convertido en un icono de Sevilla, como la mismísima Torre del Oro, el Arco de la Macarena, El Postigo o La Alameda. A ese nivel.
Imposible entender a Sevilla sin Silvio. Y a la inversa, que éste siempre tiene su nombre en los labios y en la guasa. Va a comenzar el espectáculo cuando otro músico le susurra algo al oído. Y entonces …
“Reverendo señor Arzobispo, Hermano Pablo … me comentan que están ustedes aquí y para nosotros es un honor. Les dedico esta canción. La primera. De corazón. Bienvenidos a Sevilla …
… Rezaré, ante vos,
porque al Verbo diste encarnación,
yo pronuncio tu dulce nombre
de la O.
Yo ti amo, ti amo tanto …”
Silvio. Desgarbado, caótico, desaliñado. Y un caballero. Nobleza obliga, que al día siguiente se planta en el Arzobispado para devolverles la visita al Reverendo y al Hermano Pablo.
Ante su imagen despreocupada, haciendo chistes de todo, confesándose sevillista pero cantándole al Betis, Silvio alberga el alma de un hombre profundamente religioso, que expresa a sus dignos interlocutores sus vivencias en clave de vocación …
“Lo que les cuento. El conductor del autobús que me llevaba de niño al colegio del Liceo Francés puso una emisora en la que tronaba Elvis Presley. Entonces mi corazón supo que un menda había nacido para cantar. Para cantarle a Sevilla. En esta vida y en la otra”.
El Arzobispo se ríe de veras con las anécdotas que cuenta y con algunas de sus letras sobre nuestra ciudad …
“Cuando el Rey Don San Fernando
conquistó Sevilla, se le ocurrió decir…
¿dónde está mi Betis?, Betis …
… uooo, uooo, no busques más que no hay…”
Y se hace una foto con Sivio que este coloca a los pies de su cama, junto a un póster del Papa. Porque como afirma, orgulloso y bromista a la vez …
“Un servidor es católico, apostólico, romano, sevillista pero amigo de los béticos, trianero y sevillano más que la Plaza del Altozano. Por ese orden”.
Recordaba esta historia cuando leo la disparatada petición talibán de «Sevilla laica’, para que retiren de un hospital público unos carteles de la Virgen Macarena que su Dirección ha acordado colocar.
Es jocosa la cosa. Pidiendo que quiten a la Virgen Macarena del Hospital Virgen Macarena en el barrio de La Macarena, como leía en un genial artículo de José María Arenzana.
Los conozco y sé de que van. Ya en el concierto de Silvio que antes mencioné llamaron a la Policía Local para que retiraran unas imágenes de las Vírgenes de nuestras Iglesias, que los fans del rockero habían colocado en la Plaza de San Francisco …
«Quiten de aquí esas imágenes, señores agentes. No se debe exhibir nada religioso en un ámbito público»
El sargento de la Policía, que es prioste en El Cachorro, se muerde la lengua para no reír…
«Entonces…¿retiramos a Silvio también?, ¿este personaje popular no puede hablar de su fe en un ámbito público?»
Participo en un foro sociopolítico y he debatido demasiadas veces con los cuatro gatos mal contados que van de sevillanos laicos. Aprendices malajes de Mendizábal, deseando desamortizar todo lo desamortizable, para denunciarte si se te ocurre llevar al cuello una medalla de la Vírgen del Carmen y atiendes al público.
Saboríos. Integristas neoinquisidores. Primos hermanos de las feministas de pancartas de choteo: «Todos los hombres son unos cerdos», «Queremos la igualdad con los hombres». Es decir, igualdad porcina, ¿no?
Servidor ya no debate más con fanfarrones de semejante pelaje. No pierdo el tiempo. A lo más que llego es a cachondearme mucho, con ironía y con mala lechecilla, de estos compadres de comparsa de carnaval y de su pretendida dictadura de la estupidez, no sé si me explico.
Igual que me reía con mi amigo Ozantonio una noche de Feria, con varias copas de manzanilla en lo alto, cuando le dio el punto de decirnos que iba a presentarse a Alcalde. Y que, para modernizar la ciudad, iba a dinamitar la Catedral, la Giralda y todas las Iglesias, tan antiguas como son, para levantar en su lugar edificios modernos. Y también desecaría el cauce del río Guadalquivir y prohibiría, por supuesto, la Semana Santa, porque es una vergüenza sacar a pasear tallas de santos por las calles. Y después les regalaría un piso a todos los que le votasen … si es que encontraba a alguno.
Me carcajeo de veras de la nueva chorrada de «Sevilla laica» y de la madre que la parió.
Porque cualquiera que conozca un ápice la ciudad, sabe que su identidad se sustenta en el engarce amable del ámbito religioso y del ciudadano, con respeto y buen hacer.
Lástima dan los de «Sevilla laica» y vaina cuando afirman, vacilando de intelectuales, que muchísimos vecinos les apoyan. Sí. Millares de millones. Te quié ir ya. Más fe que Abraham y Mahoma juntos. Y con menos porvenir que un espía sordo.
Pepe Rodríguez Hervella: perrogrifon1965@gmail.com






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Memorable:
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