La RAN y la sumisión de Sánchez al chantaje de Marruecos

El 1 y el 2 de febrero, se celebró en Rabat la XII Reunión de Alto Nivel (RAN) entre los Gobiernos de España y de Marruecos, que -aunque debería haberse celebrado hace ocho años, dada su acordada periodicidad anual- fue suspendida “sine die” por el rey Mohamed VI hasta mejor ocasión. Una vez obtenido el reconocimiento de Pedro Sánchez de la legalidad de la ocupación de la antigua colonia/provincia española del Sáhara Occidental, el rey ha ido dando largas a la celebración de la RAN y -aunque fijara la fecha y luego la retrasara- decidió ausentarse de su capital  por compromisos ineludibles en el Gabón, y le dedicó generosamente unos minutos telefónicos a su huésped, durante los que instó a las delegaciones de los dos países a que trabajaran intensamente, y que él ya llamaría algún día a Sánchez para que realizara una visita oficial -como si esta no lo fuera- para reforzar las relaciones hispano marroquíes a través de “acciones concretas marcadas por la eficacia” y “proyectos tangibles”, lo que en román paladino equivalía a insinuar que la intensa actividad llevado a cabo por dos presidentes de Gobierno, 11 ministros españoles y 13 marroquíes no era más que una cháchara de casino –“parole, parole”, que se llevaba el siroco. Salvando las distancias, me ha recordado la borrascosa “entrevista” de José María Aznar con Boris Yeltsin durante la visita también oficial de aquél a Moscú, de la que fui testigo de excepción.

Se ha celebrado, pues, este histórico encuentro con la pequeña ausencia de los cinco ministros de Podemos del Gobierno español -a los que nadie ha echado de menos, pese a que hubieran mostrado su heroica oposición al Gobierno del que forman parte, negándose firmemente a bajarse al Moro-, y la gran ausencia del monarca absoluto de Marruecos y Comendador de los Creyentes, Mohamed VI, que ha visto los toros desde la barrera gabonesa. Cómo ha señalado Antonio Lucas, donde quiera que se fije la mirada de esta Cumbre hispano-marroquí, solo hallará el estruendoso desaire de un monarca al que no le basta con considerarnos un estorbo, sino que convierte su gesto en un arabesco altivo y cargado de tedio para hacerlo notar en todas direcciones. 

Según ha comentado Inocencio Arias en un artículo titulado “Majestad, dígame ¿cuántos sapos debo tragarme? -publicado en” Republica”- el plantón del Rey de Marruecos al presidente español subraya aún más lo insondable del misterio del volantazo de Sánchez en el tema del Sáhara Occidental. La ocasión era especial, porque hacía 8 años que no se celebraba una cumbre de este tipo y el evento de alto nivel tenía lugar después de una época de tensiones entre los dos países vecinos, y porque -para los corifeos de nuestro Gobierno- se trataba de un histórico reencuentro, y -al no ser el monarca alauita una figura meramente simbólica en su país- su ausencia era  enormemente llamativa. En Marruecos, en efecto, no se mueve ni una hoja de higuera sin anuencia del sultán. No podía ignorar Mohamed VI que infligía un desaire al presidente del Gobierno español,  pero no le importó, antes al contrario 

¿Por qué -se ha preguntado el embajador- está Sánchez dispuesto a tragar sapo tras el sapo con Marruecos? Si se ha bajado del todo los pantalones en el tema sahariano, por qué los marroquíes no afirman abiertamente que respetarán la españolidad de Ceuta y Melilla? La clave parece estar en el teléfono de Sánchez, que fue “hackeado” por los servicios secretos de Marruecos ¿Con quién hablaba el presidente del Gobierno y qué le contaba cuando fue detectada su conversación? La respuesta a esta pregunta -a juicio de Arias- era sencilla de intuir: se trataría de algo muy grave que -si se conociera- le haría perder probablemente las elecciones. En caso contrario, resulta inexplicable que continúe tragando sapos y culebras, y que su deseo parezca limitarse a que no sean muchos y a que los españoles no nos demos cuenta de que sigue impertérrito engulléndolos.  

Sin dejarse llevar por tentaciones conspiranoicas, lo cierto es que se han producido últimamente una serie de hechos innegables, y que Sánchez ha tomado unas decisiones sumamente graves sobre las que no ha dado explicación alguna: acceso a los teléfonos móviles del presidente del Gobierno y de los ministros de Interior y de Defensa mediante el programa electrónico israelita de espionaje “Pegasus”; envío de una carta secreta de Sánchez a Mohamed VI, en la que le comunicaba que España abandonaba su tradicional política con respecto al Sáhara Occidental y apoyaba la propuesta de autonomía marroquí, que ofrecía a los saharauis la incorporación al reino alauita sin necesidad de que ejercieran su derecho a la libre determinación reconocido por las Naciones Unidas; decisión personal de Sánchez de realizar este giro copernicano en la política exterior española sin consultar con su Gobierno, sus aliados, la oposición o las Cortes; entrevista de Sánchez con Mohamed VI, en la que le confirmó la nueva postura española; retirada del embajador de Argelia en Madrid y suspensión por ésta  del Tratado hispano-argelino de Amistad; ruptura de todo tipo de relaciones del Frente Polisario con España; condena por el Congreso de la decisión de Sánchez, que solo contó con el apoyo de los diputados socialistas; reconocimiento por varios Gobiernos de la legalidad de la ocupación marroquí, tras la decisión del antiguo presidente norteamericano Donald Trump; intervención de las fuerzas de seguridad marroquíes en la valla fronteriza de Melilla y muerte de muchos inmigrantes; descubrimiento por el Parlamento Europeo de los sobornos de diputados por parte de Qatar y Marruecos, condena de Marruecos por dicho Parlamento por no respetar la libertad de expresión y de prensa, voto en contra de la resolución condenatoria de Marruecos por los eurodiputados socialistas, por orden del Gobierno; reprobación en el Congreso del ministro Marlaska por su tratamiento de los incidentes de Melilla…

No son opiniones sino hechos, y cada uno podrá deducir de ellos las correspondientes consecuencias. Aparte de las nefastas consecuencias desde el punto de vista político, jurídico y moral del volantazo de Sánchez y de su decisión personal de cambiar la posición de España sobre el Sáhara, se han producido otras adversas desde el punto de vista económico. Es cierto que el saldo positivo en la balanza comercial con Marruecos ha aumentado un 49%  y en 902 millones de euros, pero la considerable reducción de los intercambios con Argelia ha hecho que el déficit comercial con el conjunto de los dos países haya aumentado en 2.690 millones de euros, a lo que habría que sumar el “lucrus cesans” por la paralización o la reducción del suministro de gas a España a través de los gaseoductos que la unen con Argelia, con un desvío de los suministros a través del gaseoducto con Italia. Todo el mundo se pregunta qué beneficios ha tenido de España con el cambio de posición sobre el Sáhara y la respuesta generalizada es que ninguno. Inconvenientes muchos, ventajas ninguna. Sánchez no ha sido capaz de dar una respuesta satisfactoria a la opinión pública española y, por eso, ha optado por no dar explicación alguna.

Comunicado conjunto hispano-marroquí sobre la RAN

Según ha comentado irónicamente Ainhoa Martínez en “La Razón”, el 2 de febrero,  “el espíritu de la marmota” contagio la histórica cumbre que se celebraba en Rabat, y la colmó de buenas palabras y una veintena de memorandos de entendimiento carentes de contenido práctico. Examinemos el citado comunicado, largo y prolijo, que consta de 74 puntos, plenos de retórica vaga y vacíos de compromisos concretos.

Las Partes han expresado el mutuo compromiso de perpetuar las relaciones de excelencia que siempre han unido España y Marruecos, y reafirmado su deseo de seguir así de manera permanente. Se inspiran en la declaración conjunta de 7 de abril de 2022, basada en los principios de “transparencia, diálogo permanente, respeto mutuo, y cumplimiento de los compromisos y acuerdos suscritos por ambas partes, y en la que los temas de interés común se abordan con un espíritu de confianza, lejos de acciones unilaterales y hechos consumados”. Si tenemos en cuenta la histórica animadversión de Marruecos hacia España y sus reivindicaciones territoriales y sus chantajes  continuados, resulta insincero e hipócrita utilizar unos términos tan ajenos a la realidad. Para sus signatarios, la RAN ofrece una oportunidad para revisar los objetivos de la hoja de ruta y los resultados satisfactorios obtenidos, y renovar la determinación de los dos países de actuar de manera conjunta, con el fin de dar continuidad a la nueva dinámica que es necesaria para el bienestar de los dos países y la prosperidad de la región en su conjunto.

Marruecos y España han reiterado su compromiso con la protección y la garantía de los derechos humanos, como base imprescindible para la convivencia democrática, el Estado de Derecho y la buena gobernanza, y expresado la voluntad de reforzar la cooperación en este ámbito. Cuando Marruecos ocupa el territorio del Sáhara y oprime  a sus ciudadanos, ha sido condenada en diversas ocasiones por el Consejo de Europa, la UE y la propia Unidad Africana por violación de los derechos humanos, y acaba de ser criticada por el Parlamento Europeo, que le ha instado a respetar la libertad de expresión y de prensa, a garantizar a los encarcelados un juicio justo con las debidas garantías procesales, y a cesar el acoso a los periodistas -incluidos los españoles Ignacio Cembrero y Antonio Caño-, sus abogados y sus familias, semejante aserto es de carcajada. En relación con el voto negativo de los socialistas españoles, Cembrero ha afirmado que pensaba que la socialdemocracia estaba profundamente comprometida con la defensa de los derechos humanos, pero que había comprobado que tal no era el caso.

En la Declaración ni siquiera se menciona a Ceuta y Melilla, pero España -generosa ella- ha reiterado  la posición expresada en la Declaración Conjunta de 7 de abril de 2022, con motivo del encuentro entre Mohamed y Pedro Sánchez (punto 8), en la que éste se cayó del caballo y vio la luz como San Pablo. Lo máximo que consiguió España fue que constara en acta la afirmación de Sánchez de que “hemos asumido un compromiso de respeto por el que, en nuestro discurso y en la práctica, vamos a evitar todo aquello que sabemos que ofende a la otra parte, especialmente en lo que afecta a nuestras respectivas esferas de soberanía”.  Como ha señalado Arias, Sánchez ha firmado un comunicado en el que tácitamente admite la equiparación del tipo de soberanía que rige sobre el Sáhara occidental -territorio no autónomo ocupado militarmente por Marruecos sin base jurídica alguna- con la Ceuta y Melilla -ciudades que eran españolas antes de que existiera el Reino de Marruecos-.

El primer ministro marroquí, Aziz Ajanuch,  resaltó hasta en tres ocasiones de forma elogiosa el cambio operado por Sánchez en la política española en relación con el Sáhara Occidental. “Estamos complacidos con la posición de España en nuestra primera causa al apoyar el plan de autonomía presentado en 2007 y considerarlo como la base más seria, realista y creíble para arreglar un conflicto inventado”. En contrapartida a esta gran concesión, cabía esperar un mínimo gesto marroquí en relación con estas dos españolísimas ciudades, que Mohamed VI sigue considerando “presidios ocupados”. Según Marisa Cruz,o, ni una sola palabra ha salido de su boca para desmentirlo, ni ha enviado ninguna carta. “Eso, señor presidente, sigue siendo algo que nos ofende: ofrece usted hoy lo que no es suyo y, a cambio, nos regala palabras y una carreta de memorandos de entendimiento,cuya validez tiene menos duración que un chupachús a la puerta de un colegio”.

El punto 4 contiene una loa a la egregia figura del autócrata marroquí, que es de vergüenza ajena. “España saluda la dinámica de apertura, progreso y modernidad que vive Marruecos bajo el liderazgo de Su Majestad el Rey Mohamed VI, y considera que Marruecos es un actor regional e internacional creíble y escuchado, que juega un papel decisivo para la estabilidad, la paz y el desarrollo en las regiones mediterráneas y atlánticas, en el espacio sahelo-sahariano y en África”. No está mal para un país que ha ocupado ilegalmente el Sáhara Occidental y oprime a sus habitantes, roto las relaciones diplomáticas con Argelia, promovido el asalto de Ceuta por sus ciudadanos, y sido protagonista del contubernio del “Moroccogate”. Ambas partes han destacado su compromiso con la lucha contra el terrorismo internacional, pese a la escasa  participación marroquí para combatir el yihadismo en el Sahel, dado que tiene concentrado su poderoso Ejército en la tarea controlar el Sáhara.

Las Partes también se han comprometido de forma genérica a intensificar su cooperación en el ámbito de la lucha contra la inmigración irregular y las redes que la facilitan, el control de las fronteras, y la readmisión de emigrantes en situación irregular, pero no ofrecen ninguna solución concreta para solucionar el problema, como el establecimiento de aduanas en las fronteras de Ceuta y Melilla. Marruecos usa y abusa de la emigración de sus ciudadanos y de emigrantes subsaharianos, abriendo y cerrando el grifo a su antojo. Se niega a la devolución de los menores que han entrado ilegalmente en las dos ciudades y a posibilitar la repatriación de sus emigrantes ilegales, como el asesino de Algeciras, Yasin Kanza.

Los puntos 28 a 50 están dedicados a exaltar una cooperación etérea en todos los ámbitos económicos, mediante la firma de unos inconcretos MOU, que no tienen efectos vinculantes. Así, por ejemplo, las Partes se han felicitado por la firma en 2019 de un MOU sobre Meteorología y Climatología, en el marco del cual se ha establecido un plan de acción que será puesto en marcha de inmediato. ¡Ya era hora después de tres años! En medio de tanta hojarasca memorandista, tan solo se ha rubricado un protocolo financiero para duplicar los recursos disponibles para apoyar proyectos de interés prioritario que desarrolle el Gobierno marroquí. Los puntos que van del 51 al 74 desarrollan la dimensión cultural y los lazos humanos existentes entre los dos países, que no es más que una declaración de buenas intenciones de escaso contenido práctico. La RAN ha sido el parto de los montes del Atlas, en el que dos presidentes de Gobierno y veinticuatro ministros han dado a luz a un ratón chiquitín como el de Susanita,

Eficaz contribución del ministro Marlaska al desmadre magrebí

Para llevar a cabo su desquiciada política norteafricana, Sánchez ha contado con la eficaz colaboración de su sobresaliente de espadas, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, un personaje que ha pasado de su condición otrora de juez prestigioso amenazado de muerte por los terroristas etarras, a la de protector de los mismos, de látigo de las fuerzas de seguridad bajo sus órdenes, y de detractor de las víctimas, consecuencia de una especie de síndrome de Estocolmo o de Baracaldo. Es blando con los terroristas y duro con los guardias civiles. En su sala de trofeos del Ministerio, figuran las cabezas de destacadas figuras del benemérito Cuerpo, como Sánchez Corbí, Pérez de los Cobos o Torresano. Éste ha sido la última víctima del vindicativo ministro, que ha sido cesado en su puesto de jefe de la Comandancia de la Guardia Civil en Melilla tras llevar tan solo tres meses en el cargo, por haber cumplido con su deber. Esto es ya un hecho habitual en el Gobierno Frankenstein, como le ocurrió a la directora del CNI, Paz Esteban, que fue “sustituida” -no “destituida”, según la ministra Robles- para ofrecer una “cabeza de turca” a sus aliados independentistas de ERC por el caso del espionaje de “Pegasus”. Curiosamente, parece ser que el principal responsable del caso fue el jefe de los Servicios de Información de Marruecos.

¿Qué ha provocado la fulminante destitución del coronel?  Pues expresar su disconformidad con la Fiscalía, que ha decidido cerrar la investigación del caso del asalto a la valla de Melilla sin procesar a algunos emigrantes que participaron en el mismo y agredieron a los policías españoles. Aunque haya exonerado de responsabilidad penal a los guardias civiles que se opusieron al asalto, el Ministerio Fiscal ha considerado que son merecedores de sanciones administrativas. Torresano se negó -a justo título-, a abrir un expediente de sanción a sus subordinados por estos hechos, Además, ha tenido la osadía solicitar la superioridad que dé instrucciones concretas y establezca un protocolo de actuación de las fuerzas de seguridad frente a los asaltos al perímetro fronterizo, de modo que puedan actuar amparadas por la ley contra los inmigrantes que violan la frontera y les agreden. La opinión generalizada en los medios policiales es que se trata de una purga y que el coronel ha sido castigado por proteger a sus hombres, ante la desidia e incompetencia de la Dirección General de la Guardia Civil y del Ministerio del Interior. Como ha señalado el portavoz del sindicato JUCIL, Agustín Leal, la Administración no se preocupa por la seguridad y no ha reforzado las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla, como había prometido. “La seguridad ciudadana debe quedar al margen de luchas políticas e ideologías, y hemos de dar a los españoles la mayor seguridad, por lo que no es de recibo que estemos siempre bajo mínimos de personal y medios para cumplir con nuestro cometido”.

Siguiendo con su pasotismo y despreocupación por las fuerzas de seguridad, el ministro del Interior no ha movido una ceja para actuar en favor de los policías que tuvieron que intervenir en Cataluña por decisión judicial para tratar de evitar que se celebrará un referéndum ilegal  -a los que el Presidente Sánchez calificó despectivamente de “piolines”-, están siendo procesados de forma increíble por un juez prevaricador. El mundo al revés. Los autores de un golpe de Estado son indultados y ven cómo los delitos por los que fueron condenados han desaparecido del Código Penal o se han rebajado sus penas, mientras que los guardias que lucharon en defensa de la Constitución y de la ley son judicialmente perseguidos.

Marlaska no ha podido tener un peor comportamiento -como ministro y como persona- en el luctuoso incidente de la valla de Melilla. Aparte de no dotar suficientemente a las guarniciones de la ciudad, ocultó información a las Cortes y a la opinión pública, no colaboró con la investigación judicial, mintió y se contradijo, dio por buena lamentable actuación de los gendarmes marroquíes, y se ha negado a comparecer ante el Parlamento Europeo para ofrecer explicaciones. No es, pues, de extrañar que -ante tanta trapacería- haya sido finalmente reprobado por el Congreso con los votos de la oposición y de algunos aliados del Gobierno. Esto no supondrá ningún desdoro para el declinante ministro, que está haciendo méritos para continuar formando parte de otro Gobierno Frankenstein, si -Dios no lo quiera- ganaran las elecciones Sánchez y su cohorte de monstruitos.

Como ha señalado “El Mundo” en un editorial, resulta incomprensible que nadie haya explicado aún la razón del giro estratégico que Sánchez adoptó, sin debatirlo en su Consejo de Ministros y en su partido, sin compartirlo con el líder de la oposición, y sin consultarlo con el Congreso. El contenido del acuerdo que ha roto con más de 40 años de política exterior sobre el Sáhara Occidental es desconocido por la opinión pública española. Nunca como ahora, hemos asistido a tal cúmulo de concesiones por parte del Gobierno español y a tantos desplantes desde Rabat. La debilidad de España ante Marruecos exige que Sánchez explique los términos de su acuerdo con Mohamed VI.

Para Eduardo Álvarez, el gran enigma es a cambio de qué Sánchez ha dado el brutal volantazo en la tradicional y muy sensible política española respecto al Sáhara Occidental, y qué ocultas razones justifican la insufrible pleitesía que el Gobierno español rinde sin cesar al autoritario reyezuelo marroquí. Que nuestro país necesita tener las mejores relaciones posibles con un vecino tan incómodo y desleal como el Reino alauita es de Perogrullo, pero que ello se consiga con una posición tan subordinada como la que hoy tiene Madrid respecto a Rabat resulta más que dudoso.

Los gobernantes pueden seguir las políticas que consideren oportunas y tienen derecho a equivocarse. Lo grave en la actual situación, no es tanto que se haya equivocado con el radical cambio de posición operado por Sánchez -que lo es y mucho- sino la forma ladina y encubierta  con que lo ha hecho, sin ni siquiera consultar con su Gobierno e ignorando a las Cortes, que ha mostrado  -tras enterarse “a posteriori” gracias a una filtración del Gobierno marroquí- su radical oposición a la nueva política que supone la violación de las resoluciones de la ONU, la sumisión a Marruecos y la traición al pueblo saharaui. Y esto lo ha hecho  el jefe de un Gobierno socialista que cuenta con el  menor número de votos y escaños en la historia del partido, y que actúa con la mayor desfachatez como si contara con la mayoría absoluta -que no tiene-,o como si fuera un autócrata bananero -que sí lo es-.

El presidente del Gobierno debe una explicación al pueblo español y ha de darla cuanto antes. Viene a mi mente la genial película de Luis García Berlanga, “Bienvenido, mister Marshall”, en la que Pepe Isbert se dirigía al pueblo desde el balcón del Ayuntamiento diciéndoles: “Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación y, como os la debo, os la voy a pagar”. ¡No caerá esa breva, o Sánchez dejaría de ser Sánchez!




1 Comment

  1. MUSTA dice:

    ESPAÑA ES UN NARKO Y DELINCUENTE ESTADO…MARRUECOS TIENE A LA VA SURA COGIDOS POR LOS 00ES………

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