Ignatius 500 (I)

El pasado 20 de mayo comenzó el Año Ignaciano de la Compañía de Jesús. Ignatius 500 se celebra en todo el mundo entre esa fecha, aniversario de la herida sufrida por Íñigo de Loyola en Pamplona, y el 31 de julio de 2022, festividad de San Ignacio.

Durante este período los jesuitas celebran un acontecimiento singular: la herida de su fundador en una batalla contra los franceses en Pamplona en 1521, cuando una bala de cañón cambió el curso de su vida y con ello inició un legado que impactaría el futuro de millones de personas en todo el mundo, hasta hoy día, donde nos encontramos con el primer Papa jesuita de la Historia. Aquel acontecimiento condujo a la fundación de la Compañía de Jesús, que a su vez provocó grandes cambios en la Iglesia y en la historia del catolicismo.

El motivo de esta conmemoración es la conversión de alguien que pasó de ser un noble vanidoso, como él mismo reconoció, centrado en el éxito mundano y la fama, a ser el fundador de la mayor orden religiosa católica. Dios le entregó al mundo y a la Iglesia un precioso regalo a través de Ignacio: una espiritualidad que ayuda a seguir al Altísimo en todas las circunstancias de la vida.

Esta efeméride no se refiere principalmente al pasado. Se trata del presente y del futuro. Es una oportunidad para renovar y redescubrir las raíces ignacianas. Para los creyentes es una ocasión para detenerse, hacer balance y volver a poner a Cristo en el centro, una conversión continua y diaria. Para los no creyentes, una invitación a la reflexión.

“Es bueno recordar que la herida que sufrió Ignacio en Pamplona no fue tanto un final feliz, como un comienzo feliz. La conversión consiste a veces en grandes momentos de cambio, pero también es un proceso interminable… Este proceso es una peregrinación por caminos sinuosos, con subidas y bajadas, a veces teniendo que volver sobre nuestros pasos, a veces sintiéndonos perdidos, pero encontrando en nuestro recorrido personas que nos indican el camino y nos tienden la mano.” (Padre General Arturo Sosa)

Los jesuitas en España están rodeados de una historia accidentada. Ni Carlos V ni Felipe II entendieron a San Ignacio; luego viene un acercamiento con los últimos Austrias. La leyenda negra y los mitos de los “hipócritas” llenos de “riquezas” al crear un Estado dentro de un Estado hacen, junto a los recelos de otras Órdenes y ambiciones espurias, que Carlos III decrete su expulsión, y después la Iglesia, en un acto de sumisión al poder temporal, su extinción en 1773. Desde la Restauración de la Orden en 1814, los jesuitas pasan en España por tres nuevos exilios (1820 – 1835 – 1868). Durante la Restauración Monárquica contribuyen en aspectos educativos y culturales, incluso científicos, hasta que la constitución de 1931 los hace incompatibles con la Segunda República al tener un cuarto voto de obediencia al Papa y la Orden es suprimida. Con el franquismo adquieren gran fuerza, atraviesan luego la gran crisis del post concilio Vaticano II, colaboran con la Transición, y se recuperan mirando a los orígenes y a la figura histórica de su fundador. 

A muchos, la figura de los jesuitas les traerá a la memoria la película “La Misión” (1986) la historia llevada a la pantalla del padre Gabriel y las  misiones jesuíticas en Paraguay y el noroeste de Argentina en el siglo XVIII; otros, recordarán al bilbaíno padre Arrupe prepósito general de la Orden entre 1965 y 1983, y testigo directo de la bomba atómica en Nagasaki el 9 de agosto de 1945.

Por cierto: ¿sabían que Hiroshima y Nagasaki, esta última con historias de mártires católicos desde siglos antes, eran las dos ciudades con más católicos de Japón, y que habían sido evangelizadas por jesuitas y franciscanos? Ante la evidencia de que no eran plazas militares, que Japón cuenta con 6.852 islas y que la rendición tras la bomba caída en Hiroshima el 6 de agosto ya estaba acordada, hay autores que ven en la elección de estas dos ciudades oscuras intenciones por parte del masón presidente de los EEUU Truman. Ahí lo dejo.

Coincide este aniversario con la despedida en junio pasado de los jesuitas de Sevilla del templo ubicado en la calle Jesús del Gran Poder, iglesia donde ejercieron su apostolado durante cerca de 140 años y que acogió a las hermandades de la Carretería, la Lanzada y los Javieres, que se fundó precisamente allí. Fue sede del colegio San Francisco de Paula antes de trasladarse a su ubicación actual en calle Santa Ángela de la Cruz, si bien la mayoría de los sevillanos lo recordamos por el cine club Vida, la Ciudad de los Muchachos y haber sido el germen de la actual cadena COPE en 1955 con el nombre de Radio Vida. Se mantiene el colegio Portaceli (¡y por muchos años!) en la avenida de Eduardo Dato, de notable tradición jesuítica, así como la Universidad Loyola y sus tradicionales comunidades en Nervión y Torreblanca.

No soy yo quién para desentrañar el misterio de la conversión de San Ignacio, pero sí me atrevo a decir que su vida es un toque de atención para reflexionar sobre nuestro presente y nuestro futuro con una mirada retrospectiva. La Historia es maestra de la vida y también la base para construir un futuro mejor y no caer en los errores del pasado (continuará).

Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com




 

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1 Comment

  1. Alatriste dice:

    No estoy muy puesto en historia jesuítica. Esa incomprensión rayana en el odio a lo largo de los siglos hacia la orden sobe todo cuando más floreciente era, me causa igualmente incomprensión y me recuerda al rey de Francia con los templarios. Pero me quedo con la última frase remarcada en negrita: La Historia es maestra de la vida y también la base para construir un futuro mejor y no caer en los errores del pasado . Es una auténtico llamamiento al sentido común- Espero la II parte para hacerme una idea global

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