Homenaje a José María Pemán, protomártir de la Memoria histérica

Daniel García-Pita Pemán acaba de publicar en la Editorial Almuzara un libro titulado “El caso Pemán: La condenación del recuerdoen el que reivindica, con contundencia y acierto, la memoria de su abuelo, José María Pemán Pemartín, jurista, poeta, dramaturgo, periodista, orador y político ocasional, uno de los escritores españoles más destacados del siglo XX, cuya ilustre memoria ha sido mancillada por el progresismo intelectual y el sectarismo de la izquierda, al amparo de unas Leyes de Memoria Histórica y/o Democrática, que no son históricas, porque lo que  pretenden es reinventar la Historia desde un punto de vista subjetivo y sectario, ni tiene nada que ver con la Democracia, porque -inspiradas por el marxismo totalitario – trata de imponer el pensamiento único, adoctrinar a los españoles y ganar la Guerra Civil con 75 años de retraso. 

Patriota español, monárquico, conservador y católico, Pemán ha sido el personaje-tipo sobre el que se ha cebado el rencor de los derrotados y de sus herederos, que han recurrido a estos engendros legislativos para denostar y desprestigiar a una persona ejemplar, cuyo principal pecado fue no haberse sumado en su momento a la tribu de la Agrupación para la Defensa de la República, detentadora en exclusiva de los valores de la ética y de la política. Lo que García-Pita ha calificado de “damnatio memoriae” en relación con su abuelola condenación del recuerdo de una parte de la Historia de España y de la mitad de los españoles que estuvo en el lado opuesto de lo que ellos piensan que tenía la razón-, fue debidamente preparada por los medios de comunicación auto-considerados progresistas en una feroz campaña basada en la mistificación y la calumnia, y se materializó en las decisiones de los municipios izquierdistas de Jerez y de Cádiz de humillar a su personaje más ilustre.

Pemán nació en Cádiz en 1897, de padre gaditano y madre jerezana, y murió en dicha ciudad en 1981, tras haber `pasado la mayor parte de su vida entre Cádiz y Jerez. Como ha comentado Alberto Gil Ibañez, era un gaditano de pro. Fue una de las personas más populares de la provincia y, a su muerte, sus restos fueron traslados a la catedral gaditana, en medio del cariño del pueblo. Sin embargo, todo ha cambiado por mor de la Ley de Memoria Histórica, que atendería mejor al calificativo de histérica. En 2015, el consistorio jerezano decidió retirar el busto del escritor erigido en el Teatro Villamarta, aduciendo para ello la concejal de Cultura de IU, Ana Fernández, que había sido un fascista y un asesino. Lo de “facha” iba en el sueldo y no sorprendía a nadie, pero que una autoridad municipal llamara a alguien asesino traspasaba los límites de lo tolerable y los familiares de Pemán se querellaron contra la edil por calumnia. El juez de turno no admitió a trámite la querella por estimar que los descendientes directos del escritor no estaban legitimados para querellarse. Para esta lumbrera judicial, parece ser que sólo el propio Don José María podía defender su honor desde la ultratumba. En 2017, la alcaldesa socialista Mamen Sánchez, privó a Pemán del título de hijo adoptivo de la ciudad “in artículo mortis”.

El mal ejemplo jerezano fue seguido por el municipio gaditano y, pese a que su alcalde José María González a) Kichi había declarado -en un raro momento de lucidez- que “Pemán ha sido uno de los mayores representantes de las letras gaditanas”, de la que era su embajador y “así tiene que seguir siendo”,  se sumó en 2020 a la ola anti-Pemán y retiró del patio de la casa natal un busto del autor, y del parque Genovés el grupo escultórico obra de Juan de Ávalos, al par que cambiaba el nombre al teatro de verano erigido en dicho parque. Un año más tarde, arrancó de la fachada de la citada casa una placa conmemorativa esculpida por Juan Luis Vasallo. Según el teniente-alcalde de Memoría Histórica  (¿?), Martín Vila, había que retirar de la vía pública cualquier símbolo que reconociera su figura, pues había sido el promotor y el ideólogo del golpe de Estado, y tuvo una participación activa durante el régimen del dictador Franco. Pasaba por alto este ignorante sectario que, si bien Pemán colaboró en un principio con el régimen de Franco, a partir de 1946 abandonó todos sus cargos políticos y fue durante 23 años miembro y presidente del Consejo Privado de Don Juan de Borbón y un cualificado representante de la oposición democrática, 

Contenido del libro

El libro de García-Pita consta de tres partes principales. La primera contiene unas pinceladas sobre Pemán como escritor, orador y político, y examina su condena al ostracismo por parte del mundo cultural progresista.. En la segunda, reflexiona sobre el proceso de la Memoría Histórica y Democrática, y analiza su sectarismo, la falsedad de las razones en la que dice apoyarse, y el propósito de criminalizar a los vencedores de la Guerra Civil y de derogar la Transición, pese a que –como ha comentado Bieito Rubido- la Guerra Civil la perdimos todos los españoles, y la concordia y la convivencia que nació de la Transición en los años setenta la ganamos todos los españoles. La tercera analiza la retirada de los recuerdos públicos de Pemán por parte de las autoridades municipales de Jerez y de Cádiz. 

Pemán, el literato

Pemán  es antes que nada un escritor, que ha practicado desde edad joven todos los géneros literarios: poesía, drama, narrativa y ensayo. Ha sido además un destacado articulista y un excelente orador. Mercedes Eguíbar lo ha calificado de “escritor oceánico”, que ha cubierto todos los frentes de la literatura y no ha cesado de escribir hasta momentos antes de su muerte. Pese a su actuación ocasional en la vida pública, sólo se encontraba a gusto cuando volvía “a sus cuartillas”.

Se sentía sobre todo un poeta y así lo ha considerado José Antonio Hernández Guerrero, para quien su condición de tal es su rango distintivo, sustantivo y sustancial, y sus demás cualidades literarias son propiedades adjetivad y accesorias. Pemán es un poeta que hace discursos, novelas y obras de teatro, Su poema “A la rueda, rueda” es -según Manuel Machado- un delicioso cancionero que podemos concatenar con los mejores de nuestra poesía, quien también estimó que “Las flores del bien” era la cumbre de la poesía española de todos los siglos. De su poema “El barrio de Santa Cruz”, decía “La Gaceta Literaria” que era poesía y era amor. En “Señorita del mar”, se puede saborear el salero gaditano –“porque yo soy andaluz-que es decir con ufanía- gran señor de la armonía- y emperador de la luz”-.Tenía una enorme facilidad para versificar e improvisar poemas y de él decía Camilo José Cela, que ningún poeta contemporáneo había visto más diáfanamente el ser y el sentir de la poesía.

En materia de drama, Pemán, publicó 93 obras teatrales, siendo su obra más famosa “El divino impaciente”, una versión historiada  en verso de la vida de San Francisco Javier, publicada en 1933 como reacción a la radical política anticatólica de la II República, Según García-Pita, el Papa Francisco –como buen jesuita- apreciaba en gran medida esta obra, y le dijo que “la lectura de esas páginas, de gran belleza y no menos profundidad, siempre es aleccionadora”. También adaptó el dramaturgo obras clásicas famosas para su representación en el Teatro Romano de Mérida, como Antígona, Electra, Edipo, Tyestes, la Orestiada, Hamlet o Julio César. Hizo los libretos de las óperas “Lola la piconera” con música de Conrado del Campo,La muerte de Carmen”, con música de Cristóbal Halffter, y “La destrucción de Sagunto”, con música de Joaquín Rodrigo. 

Fue un excelente articulista y sus “terceras” en “ABC” tuvieron gran difusión. Fue un precursor del uso del artículo periodístico como vehículo transmisor de cuestiones trascedentes. Con su habitual engreimiento, Francisco Umbral comentó que el trío formado por él mismo,  Larra y Pemán, era el mejor en la historia del periodismo patrio. Pemán utilizó su personaje “El Séneca” para criticar todo lo divino y lo humano con gran agudeza y sentido del humor. Llevo su simpática criatura a una serie de TVE, que tuvo enorme éxito de audiencia entre 1964 y 1970, hasta su desaparición a causa de la muerte en accidente de su protagonista, Antonio Martelo.

También fue Pemán un elocuente orador, para quien la oratoria era un arte por encima de la razón, porque “empieza allí donde la sugestión añade algo al puro razonamiento”. Era el mejor orador de España, a juicio de Ramiro de Maeztu y llegó a eclipsar al propio José Ortega en sus momentos de mayor gloria  Recorrió España y buena parte de Iberoamérica desparramando su encendido verbo, incluidas sus arengas durante la Guerra Civil a las tropas nacionales y a la población civil, lo que nunca le perdonó la progresía. 

El polígrafo Pemán no menospreció ningún tema literario, por insignificante que pareciera. Fue autor de las letras de numerosos himnos, como los de la coronación de la Virgen de la Merced –patrona de Jerez-, el Congreso Eucarístico de Barcelona o la propia Marcha Real, a la que proporcionó un digno texto: “Viva España, alzad las frentes hijos del pueblo español, que vuelve a resurgir. ¡Gloria a la patria que supo seguir sobre el azul del mar el camino del sol!”. El himno fue mal recibido por los responsables de la propaganda del régimen, porque no ensalzaba suficientemente los valores de la nueva España, nunca llegó a ser cantado oficialmente y quedó aparcado en un cajón. Llegó a ganar un concurso celebrado para encontrar un adecuado sustituto al término “coñac”, cuyo uso había sido vedado por la justicia comercial internacional. Propuso el vocablo “jeriñac”, que tuvo poco recorrido. 

La obra literaria de Pemán gozó de gran fama en España e incluso cruzó sus fronteras, ya que fue nominado en cinco ocasiones para el Premio Nobel. “Cuando el río suena es porque agua lleva”. Pese a sus innegables méritos literarios, sufrió antes de su muerte un estricto ostracismo cultural y, después de su fallecimiento, la condenación del recuerdo de su persona y de su obra. Como ha comentado Antonio Burgos, a Pemán no se le ha perdonado que siguiera siendo Pemán incluso después de muerto, y –a diferencia del Cid- siguió perdiendo batallas. Según Emilio Romero, “Pemán es un olvidado de nuestra contemporaneidad y su olvido forma parte de las injusticias gloriosas del silencio de nuestro país, que se ejercen por el resentimiento natural de algunas personas y de esas exigencias inmorales de las ideologías”.

Pemán, el político

Pemán fue un político su pesar, sólo intervino en la política por exigencia de un deber patriótico, fue un aficionado a tiempo parcial, y la abandonó en cuanto tuvo ocasión, porque no le placía e interfería en su vocación de escritor. Se separó del liberalismo moderado de su padre –que fue diputados conservador por Cádiz- y se alineó  con el monarquismo tradicionalista. Para él lo esencial era el mantenimiento del régimen monárquico en España, por lo que se opuso desde el principio a la II República. No se consideraba un líder político y nunca aceptó desempeñar cargos que llevaran aparejada una gestión de gobierno o de administración. Se afilió a la Unión Patriótica en 1923 y –a petición de su pariente, el dictador Miguel Primo de Rivera- formó parte de la Asamblea Nacional, donde fungió como secretario de la Comisión encargada de redactar una nueva Constitución, que nunca llegó a ver la luz., y se mostró alejado de la obra política de la Dictadura, aunque, por lealtad familiar, nunca renegó de su etapa junto al dictador.

Defensor a ultranza de la monarquía, se opuso de forma decidida a la deriva revolucionaría que había tomado la República. Se incorporó a la Unión Monárquica Nacional y propugnó la restauración del régimen monárquico.. “España no puede acostarse un día siendo monárquica y levantarse republicana al día siguiente”. La falta de maduración del proyecto republicano, la inexperiencia política y el utopismo  de los intelectuales que la impulsaron, la ausencia de una base social republicana suficiente, y la demagogia y el desmadre revanchista de las masas populares hicieron que la República terminara abocada al fracaso y al desastre de la Guerra Civil.

Ante la desunión de la derecha en Cádiz, Pemán se presentó en 1931 a las elecciones constituyentes por Badajoz, y no resultó elegido. En las elecciones generales de 1933 se presentó como candidato independiente adscrito a Acción Española en su provincia natal, junto con su primo José Antonio Primo de Rivera, y ambos resultaros elegidos diputados. Tras el alzamiento, se incorporó al bando nacional y fue designado presidente de la Comisión de Cultura y Enseñanza de la Junta Técnica de Burgos. Consiguió que nombraran un vicepresidente ejecutivo que se responsabilizara de la gestión y se dedicó únicamente a acudir a los frentes y a las ciudades de la retaguardia para levantar la moral de los contendientes. Cuando se formó en 1938 el primer Gobierno de Franco, Pemán rechazó el Ministerio de Educación, lo que no plujo al Caudillo. En su condición de presidente de Acción Española fue miembro durante breve tiempo del Consejo Nacional del Movimiento, cargo del que pronto dimitió.

El calvario que le causó la progresía izquierdista se inició cuando Pemán tuvo la osadía de criticar a Ortega y a los santones que habían propiciado la República, quienes –tras su conclusión de que “delenda est monarchia” habían sido sus parteros- y que se empezaban a dar cuenta de que “no era eso” lo que querían. El 4 de agosto de 1931, Pemán tuvo la osadía de publicar en “El Debate” un artículo titulado “El continente de la intelectualidad”, que cayó como una auténtica bomba. En él decía que –juntos en los escaños de las filas más altas de las Cortes- se sentaban Ortega y Gasset, Marañón, Pérez de Ayala y Sánchez Román. Alguien había llamado a aquellos cuatro escaños “la isla de la intelectualidad”, aunque más bien deberían ser llamados “el continente de la intelectualidad”. Frente al español-medio, tenían ahora que “salir valientemente al encuentro de cada interpretación fácil, chabacana y vulgar de sus ideas y decir ´no es eso´. No pueden ya vivir de la estridencia pasajera de un título -´¡Delenda est Monarchia!-, que halaga un momento a una masa”. Fue una declaración pública de insumisión al líder indiscutible de los intelectuales y anunciaba un enfrentamiento inevitable, que no se hizo esperar.

Pemán insistió en la suerte el 19 de febrero del siguiente año con una conferencia  en la sede de Ación Española bajo el título de “La traición de los intelectuales”, en la que acusó a los que habían creado el clima de desarme moral propicio a la implantación del nuevo régimen y –sobre todo- al desmoronamiento de la Monarquía. Tras recordar las tesis de Ortega en su “Rebelión de las masas”, Pemán les echó en cara las contradicciones entre las doctrinas expuestas en sus escritos destinados a la minoría culta, y las lisonjas demagógicas e irresponsables que hacían a las masas, contribuyendo así al desastre republicano. Esa sumisión de los intelectuales a las masas era un absurdo. Se seguía proyectando sobre la intelectualidad “este dualismo trágico en el que se siguen expulsando mutuamente una tradición que huele, a veces,  demasiado a cocido, y una ilustración que huele, a menudo, demasiado a rappé”. Culminó su conferencia propugnando la necesidad de arrebatar el monopolio de la intelectualidad a esos falsos intelectuales y entregárselo a quienes habían permanecido fieles a la inteligencia y a la civilización.

Ortega replicó con una nota desdeñosa en la que se refería a “un cierto Señor Pemán”, al que calificaba de “pululante” y, -sin entrar en materia- se limitó a marcar la diferencia existente entre él –que era el líder del mundo cultural español- y un advenedizo de provincias aún en fase de meritorio. No se arredró Pemán que dio la réplica el 30 de abril en un artículo en “ABC” titulado “De un pululante a un olímpico”, en el que, con fina ironía, se decía muy honrado porque el filósofo se hubiera dignado responderle, y recurrió al famoso madrigal de Gutierrez de Cetina “Ojos claros, serenos” para decirle con la boca pequeña: ”Ya que así me miráis, miradme al menos”. Lo puso entre la espada y la pared al decirle: ”Pues sí, no es eso, Sr. Ortega. Déjenos que pululemos predicando lo otro los que no nos equivocamos en nuestros pronósticos de lo que esto habría de ser; déjenos usted que intentemos remediar todavía, si es posible, la obra funesta de los que entregaron a España por unas cuantas sonrisas de la revolución”

Pemán derrotó a Ortega por incomparecencia, pero su triunfo tuvo un alto coste para él, ya que su osadía nunca fue perdonada por la progresía y quedó excluido del “continente de intelectuales”. Podría haber solicitado vergonzantemente su ingreso en el clan, pero no lo hizo por conservar su independencia y, si no había declaración de vasallaje a la progresía, no había perdón y el exilio interior era inexorable. 

A partir de su alejamiento del Movimiento Nacional, Pemán, tuvo una actuación política marginal, ya que sólo fue miembro -y más tarde presidente- del Consejo Privado del Conde de Barcelona hasta 1969. Su principal empeño fue la restauración de la monarquía en la persona del heredero legítimo de la Corona, Don Juan de Borbón. Cuando éste abdicó en su hijo Juan Carlos I, Pemán prestó todo su apoyo al nuevo monarca, y tuvo numerosos rifi-rafes con la censura del ministro de información, Gabriel Arias-Salgado, debido a sus convicciones monárquicas y liberales. Por sus servicios a la monarquía, Pemán ha sido una de las pocas personas ajenas a la realeza que fue admitido en la selecta Orden del Toisón de Oro.

Pemán, la persona

Aparte de su prestigio como escritor e intelectual de derechas, Pemán era reconocido como monárquico, conservador y católico, y él nunca ocultó esos postulados, sino que –antes al contrario- los defendió con ahínco, lo que le provocó la animadversión no de la oposición de izquierdas y de los sectores más cerriles del Movimiento Nacional. Podrá discutirse si Pemán fue una gran intelectual o un mediocre escritor provinciano, si fue un político coherente con sus ideas monárquicas o un paniaguado más del Movimiento Nacional, pero lo que ningún biennacido puede negar es que fue una bellísima persona. Su nieto Daniel lo recuerda como alguien profundamente inteligente, brillante, de humor sutil gaditano, de una gran cultura, amante de la tranquilidad y de la vida familiar, polemista difícil de vencer, e incapaz de negarse a hacer un favor; “en suma, una buena persona”.

Fue proverbial la generosidad de Pemán, siempre dispuesto a hacer favores, tanto a sus amigos como a sus adversarios ideológicos. Desde su puesto de presidente de la Comisión de Cultura, intercedió por poetas como Gerardo Diego o músicos  como Rodolfo Halffter, y medió para el regreso a España de ilustres exiliados como Ramón Menéndez-Pidal, José Bergamín. Juan Ramón Jiménez o Rafael Albertt. Dicha generosidad y apertura de espíritu se puso de manifiesto con el cordial abrazo que se dio con Alberti durante los Carnavales de Cádiz. Como ha señalado con mal estilo Andrés Trapiello, existían las mismas razones para quitarle una placa a Pemán en Cádiz o a Alberti en cualquier otro lugar de España, porque ambos tenían vidas paralelas, aunque Alberti fuera  sin duda mucho más estalinista que Pemán franquista. No estoy de acuerdo con esta apreciación.ya que no hay motivo alguno para retirar una placa o un busto de Pemán –que además no era franquista- de su ciudad natal. Tampoco creo que existan motivos para retirar una señal de homenaje a Alberti, porque, si se le hubiera concedido, no sería por haber sido admirador de Stalin, sino por haber sido un gran poeta gaditano, como su paisano José María.

Cuando Menéndez-Pidal regresó a España, Pemán dimitió de su puesto de presidente de la Real Academia Española de la Lengua para que pudiera ser ocupada por su legítimo titular, lo que molestó al Gobierno de Franco. La generosidad de Pemán ha sido reconocida por personas que estaban en sus antípoda ideológicas, como ha sido el caso de Francisco Rabal –próximo al Partido Comunista-, quien, con motivo del centenario del nacimiento del escritor, publicó un soneto que decía lo siguiente:

          Yo le quise a Pemán por liberal, 

            por su oratoria ágil, su escritura,

            por su enorme bondad, por su ternura,

            por su generosidad, por su leal

            entrega a sus ideas, por su cordura,

            por su gracia andaluza, por su sal,

            porque le dio una mano a Paco Umbral,

            al dramaturgo Sastre, a la cultura,…”  

Como ha señalado José Peña González, Pemán fue un español egregio modelo de tolerancia y buen hacer en su vida y en su obra. Parece, por tanto, lamentable que “quien tanto luchó por la recuperación de las libertades tras la superación del franquismo pueda ser hoy marginado de la democracia española”.

Mi deuda con Pemán

Me complace apoyar las conclusiones del libro de Daniel García-Pita, con el que compartí ilusión, esfuerzo y actuación en el año 1976 para tratar de lanzar el Partido Popular, que serviría de núcleo vertebrador de la Unión de Centro Democrático, y de sumarme al homenaje a su abuelo, José María Pemán, porque yo también tengo una deuda con Pemán. Estudié los últimos años del bachillerato en el colegio de los Marianistas de Cádiz, en el que también estudió el escritor. La sede principal del  colegio se halla en el Oratorio de San Felipe de Neri donde fue adoptada la Constitución de 1812, a la que el gracejo gaditano calificó como “La Pepa”, por haber sido aprobada el día de San José. De ella heredó Pemán su talante liberal, del que carecen sus inquisidores progresistas. En el colegio teníamos un periódico mural en el que los alevines de periodistas tratábamos de escribir nuestros modestos artículos imitando la técnica del maestro. También teníamos un pequeño grupo de teatro con el que representábamos obras de Muñoz-Seca y de los hermanos Álvarez-Quintero. Intentamos ofrecer una versión abreviada de “El divino impaciente”, pero no lo -logramos por la dificultad en resumir la obra –que es excesivamente larga- y de aprendernos el texto en verso.

Donde entré más en contacto con los artículos “pemanianos” fue durante mi etapa de estudiante en la Universidad Hispalense. Leía en el “ABC” de Sevilla con fruición sus “terceras”, cuando no las paraba la censura. Pemán sabía cómo eludirla recurriendo  a frases ambiguas con doble sentido, y solía hacer críticas pertinentes y acertadas a la acción gubernamental. Sus moderada críticas eran más eficaces para erosionar el régimen franquista que todas actividades de la oposición de izquierdas, a excepción de la meritoria y arriesgada labor de Comisiones Obreras. También disfrutaba en un ámbito más general de los artículos en los que “El Séneca” era protagonista, y vi algunas de sus obras teatrales como “La herida lumninosa” o “Los tres etcéteras de Don Simón”.

Mi admiración por Pemán aumentó y de ahí mí mi deuda con él, que pretendo saldar uniéndome el alegato de García-Pita en contra de los injustificados agravios hechos a su abuelo por los municipios de Cádiz y de Jerez -que tanto tendrían que estarle agradecidos- y ofrecerle mi plena solidaridad. Como ha observado Rubido, “instrumentalizar políticamente la historia, reescribirla, y reinterpretarla como ahora procura la izquierda más inculta del último siglo, sólo sirve para dividir de nuevo a España en dos mitades y abocarla a una confrontación sin sentido”.




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