En la guerra como en la guerra
Fernando Vadillo, un cronista de la pelea

Solo vale la pena luchar y vivir por lo que se está dispuesto a morir”

(Manuel Alcántara) 

Tengo para mí que todos los que se han apasionado y escrito con y sobre el boxeo nacen con el veneno de la lucha, de la pelea, en sus venas. 

Es el caso del mismísimo Jack London, pionero entre esos cronistas (“El combate del siglo”, “Knock Out, tres historias de boxeo”…). El autor de “La llamada de lo salvaje” o “Colmillo blanco” se enroló por vez primera con tan solo dieciséis años en un velero rumbo a Japón, con dieciocho sufrió una estancia en una dura penitenciaria detenido por vagabundeo y se vio envuelto en huelgas y revueltas sindicales entre singladura y singladura. O el de Mark Twain, marinero en el Mississippi y buscador de oro.

Por supuesto del mismo Ernest Hemingway, presente en las dos guerras mundiales, en la primera como conductor de ambulancias, de la que volvió herido de gravedad, en la segunda como periodista que cubrió el desembarco de Normandía o la liberación de la capital de Francia. Y también en la guerra civil española. De él es la frase “Mi escritura no es nada. Mi boxeo lo es todo”. 

Ernest Hemingway

O el del director John Huston, campeón de boxeo en su adolescencia y agregado militar en el ejército mexicano amen de documentalista en la Segunda Guerra Mundial (de él es el quizás mejor documental bélico jamas rodado, “San Pietro”, en cuyo rodaje murieron varias personas del equipo). Huston siempre apostó en sus películas por los perdedores, de los que se nutre, en buena medida, el mundo del boxeo: “Hay personas que son perdedores antes de empezar, pero nunca dejan de soñar.”

A.J. Liebling, autor del considerado mejor libro sobre boxeo y uno de los mejores sobre deporte en general, “La Dulce Ciencia”, trabajó como corresponsal de guerra en la Segunda Guerra Mundial enviando crónicas desde África, Inglaterra y Francia. Sus artículos sobre la contienda están recogidos en el libro “The Road Back to Paris” (1944). Participó en los desembarcos de Normandía en el Día D, y escribió una pieza memorable sobre sus experiencias bajo fuego a bordo de una lancha de desembarco de la Guardia Costera de Estados Unidos frente a la playa de Omaha. Luego pasó dos meses en Normandía y Bretaña y estuvo con las fuerzas aliadas cuando alcanzaron París. Liebling recibió la Cruz de la Legión de Honor por parte del Gobierno francés por su información de guerra. El término que da título a su libro lo creó el periodista británico Pierce Egan, autor de la primera gran obra enciclopédica sobre boxeo, “Boxiana”, cinco volúmenes dedicados a lo que en muchos de sus artículos (escritos entre 1813 y 1828) denomina “la dulce ciencia de los moratones”.

En época más contemporánea, la escritora Joyce Carol Oates, que ya tendría hace tiempo el Nobel de literatura de no ser por esa pulsión irrefrenable de la Academia sueca que la impulsa desde hace años a conceder dicha distinción a escritores que no ha leído nadie, escribió el espléndido ensayo en forma de libro “Del boxeo”, conectando con esos otros narradores subyugados por el noble arte de cruzar los puños.

En España el último gran cronista de la época de oro del  boxeo fue el grandísimo poeta malagueño y maestro de articulistas Manuel Alcántara. Cuando un principiante Mario Camus se decide a llevar al cine el relato sobre los comienzos de un boxeador “Young Sánchez”, de Ignacio Aldecoa (también gran aficionado al boxeo, sobre el que escribió la colección de relatos “Neutral Corner”), es Manuel Alcantara, que había sido vecino de Aldecoa y su hermana en Madrid, el que adapta el relato y a él le dedica el film su director. Alcántara, que precisaria no uno sino varios artículos, dejó frases como “El boxeo es el arte de quitarse a golpes el hambre” o “El boxeo es cruel, pero es más cruel la vida”, y, como acostumbra a recordar al que fue amigo (hermano mayor lo llamaba el) José Luis Garci, inventó la mejor definición del dry Martini, el dry Martini es como un cuchillo disuelto”. Alcántara le dio a la crónica sobre boxeo una calidez y humanidad como casi nadie en España había logrado. Y ese casi nadie lleva nombre y apellidos: Fernando Vadillo Ortiz de Guzmán.

Fernando Vadillo

Fernando Vadillo, al igual que todos los que he nombrado, llevaba la pelea en los genes… pero también la escritura y el periodismo.

Vitoriano de nacimiento, vino al mundo en el pueblo alavés de Armentia en 1923. A los catorce años ya colaboraba en “El Pensamiento Alavés” de Vitoria.

Afiliado a Falange desde sus inicios combatió en nuestra contienda civil con la Bandera Móvil de la Falange aragonesa y con tan solo 17 años se alistó en la División Azul, en las Milicias de Vitoria (en Julio de 1941), regresando repatriado con el 2º Batallón de Relevo. Estuvo destinado en el Regimiento 262.

Fernando Vadillo fue uno más de los muchos divisionarios relacionados con el mundo del boxeo. Aficionado desde siempre, como boxeador en el peso ligero realizó veinte combates, ganándolos todos menos uno. A su regreso del frente ruso e instalado en la capital de España, comenzó su ejercicio de periodista, entrevistando a innumerables personalidades de la vida social y publicando dichas crónicas simultáneamente en 70 diarios y revistas de importante difusión. 

Su conocimiento del mundo del boxeo le facilitó el ingreso como jefe de la sección dedicada a este deporte en el rotativo MARCA, desde donde pasó al AS en 1967. 

Vadillo era una presencia habitual y reconocible por todos en las veladas pugilísticas del Price o del Campo del Gas madrileños, con su figura que muchos han comparado a la de Humphrey Bogart en la magnífica “Más dura será la caída”, de Mark Robson (como escribió José Luis Garci en su artículo “Fino Estilista”: “Fernando Vadillo era una estrella. Mejor dicho: era una leyenda para los aficionados. Nos recordaba bastante el Bogart de “Más dura será la caída…”) y escribió, además de sus innumerables crónicas periodísticas sobre el tema, la más celebre novela sobre boxeo de esos años “Doce cuerdas” además del ensayo “Boxeo y mafia” y una esplendida biografía de Paulino Uzcudun titulada “El coloso de dos continentes” (Uzcudun, que fue su amigo y camarada, se afilió en Pamplona a Falange mucho antes del comienzo de la guerra civil y sufrió cárcel en San Sebastian por sus ideas, según el mismo porque los nacionalistas vascos no le perdonaban sentirse español antes que vasco. Escapado de prisión, combatió en los frentes de Tolosa, Vergara, Éibar y Málaga con el uniforme de Falange).

De la fama y prestigio de la labor de Vadillo como cronista deportivo especializado en el boxeo da fe el hecho de que en 1986 se le concedió el galardón de “mejor periodista del mundo en lengua hispana” otorgado por el WBC (Consejo Mundial de Boxeo). 

Pero Vadillo cultivó también la poesía (“Jirones de Azul”), escribió una biografía del poeta vitoriano Herminio Medinabeitia y otros muchos libros. Además de Marca y As, colaboró con otros muchos diarios y revistas como “La Voz de España”, de San Sebastián y, amante de la pintura, destacó como retratista (fue famoso su retrato del torero Rafael Albaicín) y paisajista, exponiendo en salas de toda Europa.

Pero su otra gran pasión literaria como cronista, junto a la del boxeo fue la División Azul y su gesta.

Fernando Vadillo escribió ocho volúmenes de temática divisionaria (Arrabales de Leningrado, Orillas del Voljov, Lucharon en Krasny Bor, Balada final de la División Azul, Trilogía de la División Azul..), en los que plasma una descripción exhaustiva de aquella misión patriótica. Sus libros, escritos desde los años cincuenta hasta, el último, en 1.999, además de lograr gran repercusión entre el público, han sido ampliamente reconocidos por su  detallada documentación y calidad literaria entre los más valiosos sobre ese momento estelar de nuestra historia y han servido como base en numerosos estudios científicos y académicos sobre la División Azul.

Es uno de los mayores responsables de que la epopeya de la División Azul no cayera en el olvido y el ostracismo, y escribió estos libros además sin ningún tipo de miedo ni complejo, aun cuando ya en los primeros cincuenta era un tema incomodo de tratar. 

Su talento, popularidad y profesionalidad en la labor periodística hicieron que su orgullosa significación como divisionario jamás le cerrara puertas en los medios donde colaboró.

Y enlazo con el principio y a mi impresión de que todos los apasionados por el boxeo nacen con el veneno de la pelea en las venas. Boxeo y División Azul. División Azul y boxeo, sus dos pasiones. Fernando Vadillo demostró toda su vida su pasión y su entrega en la lucha por lo que creía justo. Quizá describa su postura ante el boxeo y la vida (o quizá sean la misma cosa), la frase que él añadía a estas palabras que pronunció Archie Moore (campeón de los semipesados), “Muéstrame un boxeador que no tenga miedo. No existe”. 

A lo que, como dice Garci, Vadillo añadía: “Por eso son tan valientes”.




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