El cerco del olvido

“A ti, fiel camarada, que padeces
el cerco del olvido atormentado;
a ti que gimes sin oír al lado
aquella voz segura de otras veces:

te envío mi dolor. Si desfalleces
del acoso de todos, y cansado
 ves tu afán como un verso malogrado:
bebamos juntos en las mismas heces.

En tu propio solar, quedaste fuera,
del orbe de tus sueños hacen criba.
Pero, allí donde estés, cree y espera.

El cielo es limpio y en sus bordes liba
claros vinos del alba, primavera.
Pon arriba tus ojos, siempre arriba”

 

 

No he de decir a los conocedores que estos bellos versos que llevan por título el enigmático de “Envío”, nacieron de la pluma de Ángel María Pascual. Un navarro de, lamentablemente, corta vida y, por tanto, y también desgraciadamente por todo lo que prometía su inteligencia y sensibilidad, breve trayectoria literaria.

Ángel nació en Pamplona en 1911 y murió en 1947, apenas treinta y cinco años de una vida que vivió intensamente. Como en el caso de otros muchos contemporáneos y camaradas de la primera hora, sus últimos años estuvieron marcados por la decepción causada por la deriva, una vez que Francisco Franco tomó las riendas de la nación, de la Falange en la que él creía. 

Pero antes de todo esto fue Ángel un joven entusiasta y brillante, cuya primigenia vocación fue la arquitectura, pero acabó siendo Licenciado en Filosofía y Letras y Derecho. Un joven inquieto intelectualmente, extremadamente culto e interesado por la historia y que, además, conocía y hablaba perfectamente la lengua castellana, el vascuence, el griego, el latín y el francés.

Todo ello, su inquietud de conocimiento, intelectual y literario, no fue impedimento, sino más bien un acicate, para que se comprometiera políticamente, de forma muy temprana y fuertemente impactado por la figura, el talante y el estilo de José Antonio Primo de Rivera, con la Falange. De manera que, cuando esta aparece en el panorama político de la época, no duda, junto con unos pocos, en formar parte del primer núcleo de la Falange Navarra.

Ángel no sólo fue un intelectual sino que, comprometido como estuvo siempre con la Patria y su Falange, participó de manera activa en la lucha, convirtiéndose, llegada la hora, también en hombre de acción, a imagen y semejanza del Jefe, José Antonio, y, declarado el alzamiento por las tropas nacionales el 18 de Julio del año 1936, se ocupó de la organización y jefatura de dos escuadras de falangistas que sostuvieron diversas escaramuzas y hostilidades armadas contra el ejercito del frente popular por la zona de Jaca (Huesca). 

Fundamental en su vida y en su trayectoria tanto política como periodística y literaria fue su encuentro y amistad con el sacerdote falangista Fermín Yzurdiaga.

Yzurdiaga, a diferencia de su discípulo, tuvo larga vida. Nació en Pamplona en 1903 y murió en 1981 y, según lo describe Andrés Trapiello en su memorable libro “Las armas y las letras”: “era un cura falangista  que habría pasado por carlista, a tenor de su apariencia: dormía con el balandrán y el trabuco puestos”

Fue el influjo de este curioso y, en cierta manera, extravagante sacerdote, el que lo puso en contacto con José Antonio Primo de Rivera y la Falange, y el que le llevó a su afiliación temprana en el primer núcleo de la Falange navarra.

Fue también Yzurdiaga, a la sazón Jefe Nacional de Prensa, el que lo encaminó hacia el periodismo y así lo convirtió en tipógrafo y redactor en ocasiones de El Diario de Navarra, bajo la batuta de su director en aquel entonces, Raimundo García

Esos hechos fueron decisivos para el porvenir de Ángel María Pascual y marcaron su corta pero fructífera e intensa vida. Fue depurando su estilo tanto en lo periodístico como en lo literario, de manera que, posteriormente, fundó con su amigo y mentor Yzurdiaga la revista literaria “Jerarquía”, la que se llamó “revista negra” de Falange, en torno a la cual surgió la llamada “Escuela de la Sabiduría”, así como el primer diario falangista, el navarro “Arriba España”, con sede en Pamplona, del que llegó a ser director y cuyo primer número apareció el día uno de Agosto de 1936.

Su inquietud intelectual incansable lo llevó a no dejar de formarse humanísticamente durante toda su vida y a continuar estudiando siempre, frecuentando archivos y hasta las bibliotecas conventuales a la búsqueda de libros raros o incluso incunables, ignorados en muchas ocasiones por los que allí moraban. 

Al finalizar la guerra civil, rechazando puestos políticos y académicos en Madrid, continua en su tierra para seguir escribiendo y así se gesta “AMADIS”. Su primer libro, en 1942, año importante para Ángel pues es también en el otoño de dicho año cuando se casó, con Josefina Ripa, con la que tuvo, en tan corto tiempo de matrimonio, tan solo cinco años, tres hijos.

Aunque su lealtad al legado joseantoniano y a su Falange primigenia seguía intacto, fue creciendo en él la decepción y la desesperanza al ver como esos ideales falangistas se diluían en el nuevo régimen instaurado por Franco tras la victoria. Y aunque siguió colaborando en la distancia en la prensa nacional y también en la de provincias, se alejó de la realidad política que tanta desazón le producía al recordar aquel ardor juvenil que le impulsó a correr a las filas de aquel hombre de tan nobles y sinceros principios. No quería participar, como muchos otros, de la prostitución de los fundamentos en los que él creía. 

Nos dejo como legado sus poemas sencillos y hermosos al estilo simbolista. Sus “Cartas de Cosmosía” en el semanario “El Español”, que son breves artículos de actualidad, literarios y políticos, siempre desde su posición falangista. Sus “Glosas a la ciudad”, publicadas en el diario “Arriba España”, además del ya citado “Amadis”, sus obras “Catilina”, “San Jorge o la política del dragón”, Don Tritonel de España” o “Capital de tercer orden”.

Y murió, murió Ángel tan joven, apenas treinta y cinco años, pero vivió tanto y tan intensamente… y nos dejó para la eternidad ese “Envío”, el soneto  imperecedero que, adoptó el Frente de Juventudes y que, desde su creación, fue todo un himno y un lema de vida para todos los joseantonianos. 

 

 


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