Dijo Don Quijote de la Mancha: Barcelona, es archivo de la cortesía, albergue de los extranjeros, hospital de los pobres, patria de los valientes, venganza de los ofendidos y correspondencia grata de firmes amistades, y en sitio y belleza única. Y aunque los sucesos que en ella me han sucedido no son de mucho gusto, sino de mucha pesadumbre, los llevo sin ella, sólo por haberla visto”. 

Premonitoria parece esta pesadumbre del Hidalgo Manchego por el mal pago que recibiría el buen nombre de su creador literario cuatro siglos después en la Universidad de Barcelona. El pasado jueves, cuando Sociedad Civil Catalana celebraba un acto de reconocimiento a la figura de don Miguel de Cervantes en el Aula Magna de la Universidad, fue boicoteado por las protestas de una menguada turba formada por una cincuentena de estudiantes y activistas independentistas convocados por varios sindicatos y partidos políticos radicales antisistema. Se hubo de suspender el acto y fueron evacuados los asistentes por una puerta trasera.

Existe un fanatismo incontrolado de quienes viviendo en un estado social y democrático de derecho y pudiendo expresar libremente sus ideas mediante el ejercicio del derecho al voto; dado que no alcanzan a conquistar sus objetivos políticos quieren imponer por la fuerza su sinrazón. Existe una laxitud manifiesta en el cumplimiento de sus obligaciones por parte de los regidores del orden público, quienes amparados en la excusa del resultado del mal menor, realizan dejación de sus funciones y desprotegen el derecho constitucional de reunión de los ciudadanos libres.


“En la memoria vive de las gentes, varón famoso, siglos infinitos, premio que le merecen tus escritos por graves, puros, castos y excelentes…”. Así comienza un soneto de don Miguel de Cervantes que, en Sevilla, pudiere ser aplicado a él mismo. Puesto que se encuentra ampliamente reconocido en multitud de mosaicos de azulejos conmemorativos a lugares que sirvieron como escenario de sus “Novelas Ejemplares”. Empero, en el callejero local no disfruta el alcalaíno universal de una ancha avenida o una espaciosa plaza. La calle Cervantes es tan comedida y discreta como excelsa y honorable es la fama de quien le otorga el nombre. Situada en la collación de San Andrés, la vía cervantina une la plaza de este templo con la recoleta placita de la Iglesia de San Martín. Un cahíz de tierra de una Sevilla íntima de “cerrado y sacristía, de alma quieta y devota de María”. Un lugar tranquilo y apacible, sosegado y alejado del mundanal ruido. Adonde no llegan los sones de “charanga y pandereta” de las despedidas de soltero que recorren los circuitos turísticos desde la Puerta de Jerez hasta la Las Setas de la Encarnación y desde Mateos Gago hasta el Paseo de Colón.

Se sitúa la calle Cervantes paralela a Amor de Dios y entrambas amparan al Colegio San Isidoro. Siendo como es la del Amor de Dios una vía principal, allí se encuentra la entrada y fachada principal del centro escolar, teniendo éste un postigo accesorio por la calle Cervantes. Y es paradójica la sabia sentencia de San Isidoro escrita en el azulejo que corona el dintel de este portal trasero: DOCTRINA SINE VITA ARROGANTEM REDDIT. VITA SINE DOCTRINA INUTILEM FACIT. Que traducido al castellano viene a decir: “La ciencia sin vida lo vuelve a uno arrogante. La vida sin ciencia lo hace a uno inútil”. Mucho me temo que actualmente en Cataluña hay unos pocos arrogantes y otros tantos inútiles que quieren imponer por la fuerza sus mermas de vida y de ciencia. Algún arrogante ha tenido que salir ya por la puerta trasera y huir a tierras de coles.

Quien no huyó a sabiendas de que iba a ser entregado, quien fue juzgado, sentenciado, crucificado y además derramó toda su sangre por la humanidad es el Señor de la Lanzada que habita en San Martín al final de la calle Cervantes. Por eso mismo o por lo que ustedes más quieran, todos los adultos sanos y con más de cinco arrobas de peso estamos convocados a celebrar como Dios manda el Día Mundial del Donante de Sangre que es el próximo jueves catorce de junio. Regalemos cuatrocientos cincuenta centímetros cúbicos de vida a quien la pueda necesitar, sea quien sea. Demos nuestra sangre por los demás. Ése es el camino, la verdad y la vida.