Apoyo continuado de Estados Unidos a la anexión del Sáhara Occidental por parte de Marruecos

 

El director del Real Instituto Elcano, Charles Powell, publicó un “tweet” en el que decía que era una pena que mi libro “El Sáhara español: un conflicto aún por resolver” recogiera la absurda tesis de que Estados Unidos había estado implicado en la Marcha Verde sobre el Sáhara Occidental en noviembre de 1975. Le escribí para decirle que, como no estábamos de acuerdo sobre este punto, sería útil y conveniente que celebráramos un debate en el RIE sobre la cuestión del Sáhara Occidental. Me contestó reiterando la opinión expresada en su libro “El amigo americano” de que no existía ninguna evidencia documental de que Henry Kissinger y la CIA hubieran organizado la Marcha Verde y que las fuentes que yo citaba no ofrecían ningún dato fehaciente que contradijera esta afirmación. Rechazó mi sugerencia con el pretexto de que el Instituto no realizaba debates sobre temas históricos (¿?). 

Le contesté a mi vez que me había sorprendido su argumento de que el Instituto no celebraba debates sobre temas históricos porque yo había participado en más de una ocasión en algunos de ellos. Añadía que mi libro -aunque tenía una parte histórica- no era un libro histórico, sino fundamentalmente político y jurídico, y que abordaba un tema de especial interés para España, que no había actuado de conformidad con el Derecho Internacional y cuyos Gobiernos han tenido –y siguen teniendo- una “conciencia sporca”. El tema era, por otra parte, de la más rabiosa actualidad como lo probaban el reconocimiento de Donald Trump de la legalidad de la ocupación del Sáhara Occidental por Marruecos, el aplazamiento “sine die” de la reunión hispano-marroquí de alto nivel, el envío de emigrantes marroquíes a Canarias desde las costas del Sáhara, la ilegal ampliación de las aguas jurisdiccionales saharianas por parte del Gobierno ocupante marroquí, la diatriba por la hospitalización en Logroño del presidente de la RASD, o las declaraciones del primer ministro de Marruecos de que “llegará el día en que vamos a abrir el asunto de Ceuta y Melilla, territorios marroquíes como el Sáhara Occidental” ¿No afectan todos estos temas a los intereses vitales de España, que se supone que el RIE debería proteger y amparar?

Aunque  había leído artículo de Powell sobre “Estados Unidos y España: De la dictadura a la democracia” no había leído su libro, cosa que acabo de hacer. Entre tanto se han publicado estudios como los de Jacob Mundy sobre “How the US and Moroco Sized the Spanish Sahara” –“Cómo los  Estados Unidos y Marruecos se apoderaron del Sáhara Español”-, publicado en enero de 2006 en la edición inglesa de “Le Monde Diplomatique”, o “Neutrality or Complicity: The US and the 1975 Morocan Takeover of the Spanish Sahara” –“Estados Unidos y la anexión del Sáhara Español por Marruecos en 1975”-, publicado en “The Journal of North African Studies”, en noviembre de ese año. Asimismo, se desclasificaron en 2019  algunos documentos secretos que revelaron hechos desconocidos sobre el Sáhara Occidental.

Lo máximo que ha aceptado Powell en su libro es que las autoridades norteamericanas –que nunca fueron partidarias de que el Sáhara Occidental deviniera un Estado independiente- se abstuvieron de hacer lo necesario para disuadir a Hassan de que iniciara la Marcha Verde, para no poner en peligro sus privilegiadas relaciones con Marruecos, al que otorgaba una especial importancia estratégica.

Actitud de Estados Unidos antes las reivindicaciones territoriales de Marruecos

En una entrevista celebrada en octubre de 1973, el ministro marroquí de Asuntos Exteriores, Mohamed Benhima, convenció a Kissinger que un Estado saharaui independiente bajo la influencia argelina y soviética sería hostil a Occidente. Un mes después, Kissinger se entrevistó con Hassan II, quien le aseguró que no podía consentir la existencia de un Estado hostil en su patio trasero y que el Sáhara Occidental era la Cuba de Marruecos. El rey obtuvo la complicidad de Kissinger para tratar de impedir la independencia del territorio. En agosto de 1974, Kissinger manifestó al nuevo ministro de Asuntos Exteriores, Ahmed Laraki, que sería absurda la independencia del territorio y que Estados Unidos  prefería que el Sáhara Occidental fuera controlado por Marruecos en vez de por Argelia. Días después, Kissinger explicó al ministro Pedro Cortina que su país no quería tomar partido en la disputa entre dos aliados y que esperaba que el problema que resolviera de forma amigable. Esta aparente neutralidad era más supuesta que real, porque ponía en pie de igualdad al agresor y al agredido..

Tras el anuncio por España el 28 de agosto de 1974 de que celebraría un referéndum de libre determinación en el primer semestre de 1975, Hassan II afirmó que Marruecos se oponía a la celebración de dicho referéndum y que utilizaría los medios que fueran necesarios para recuperar un territorio que le pertenecía. Para ganar tiempo e impedir su celebración, pidió a la Asamblea General que solicitara al Tribunal Internacional de Justicia una opinión consultiva acerca de los derechos de Marruecos y Mauritania sobre el Sáhara Occidental. Estados Unidos apoyó tanto esta petición como la propuesta de que se suspendiera la convocatoria de la consulta.

Dando una muestra más de su falta de neutralidad, el Gobierno norteamericano facilitó a Marruecos 108 tanques M-48, con la excusa de que debía reponerle el material perdido por el ejército marroquí en la guerra de Yom Quipur. Ante la protesta de España, Estados Unidos respondió que, si bien no quería que Marruecos atacara a España en el Sáhara, tampoco quería que Argelia atacara a Marruecos, y le aseguró que Marruecos se había comprometido a no utilizar ese material contra España. 

En octubre de 1974, Kissinger dijo al presidente argelino, Huari Boumedienne, que no tenía sentido que España siguiera en el Sáhara Occidental. Le comentó que él era partidario del principio de libre determinación en abstracto, pero que no consideraba que conveniente que abocara en la creación de “una entidad constituida de forma tan accidental”. A Cortina le señaló que la idea de una nación llamada “Sáhara Español” no era algo exigido por la Historia, y éste le contestó que los saharauis no querían integrarse en Marruecos y que España no podía tratarlos como a una piara de camellos. Ya en julio de 1975, Kissinger había declarado a la revista “News and World Report” que el Sáhara Occidental debería pasar a manos de Marruecos. Se entrevistó con Hassan II y -en opinión del embajador norteamericano en Argelia, Richard Parker-, puede que el rey creyera haber recibido luz verde de Estados Unidos para invadir el territorio y era evidente que éste apoyó a Marruecos, aunque los documentos oficiales nunca lo revelarían. “Cualquier cosa era posible en aquella época” Durante la Conferencia sobre la Seguridad y Cooperación en Europa celebrada en Helsinki el 31 de julio, Ford y Kissinger presionaron a al presidente del Gobierno español, Carlos Arias, para que entregara el Sáhara Occidental a Marruecos

A primeros de octubre de 1975, el presidente de la CIA, William Colby, presentó un informe a Kissinger en el que indicaba que Hassan II estaba dispuesto a invadir el Sáhara Occidental cualquiera que fuese la decisión del TIJ, impulsado por la opinión de sus mandos militares de que había que aprovechar la situación de debilidad de España por su desprestigio internacional tras las ejecuciones de terroristas de la ETA y del FRAP, la grave enfermedad de Franco y las dificultades para restaurar la monarquía. Señaló, que las tropas españolas eran superiores a las marroquíes, aunque estuvieran poco motivadas para defender un territorio que el Gobierno había decidido abandonar, que España repelería la agresión y recurriría a la ONU donde a Estados Unidos le sería difícil apoyar la actuación de Marruecos, y que Hassan II se había involucrado de tal manera que si no conseguía anexionar el Sáhara Occidental podría perder el trono. Un eventual enfrentamiento armado también tendría consecuencias negativas para España en un momento muy delicado de su Historia.

Para mantener la apariencia de su neutralidad, Kissinger aconsejó a Hassan II que no cometiera la locura de atacar a España, avisó al Gobierno español de las intenciones de Marruecos y le instó a que negociara con él. El 16 de octubre, el TIJ publicó su opinión consultiva en la que afirmaba que no existía ningún vínculo territorial entre el Sáhara Occidental y Marruecos o el “conjunto mauritano”, y que debería aplicarse la resolución 1514(XV) y, en particular “el principio de autodeterminación en virtud de la libre y auténtica expresión de la voluntad del pueblo del territorio”. Kissinger informó mal a su presidente, Gerard Ford, al decirle que el dictamen era favorable a los designios de Marruecos y Mauritania, y que era lo que esperaba Hassan II, quien anunció su intención de proceder a la invasión pacífica de un territorio que constituía parte de las “provincias del sur” de Marruecos.

Actitud de Estados Unidos ante la Marcha Verde

Como se deduce de los documentos confidenciales desclasificados, la Secretaría de Estado había dado  el 21 de agosto de 1975 luz verde a un proyecto estratégico de la CIA para arrebatar el Sáhara Occidental a España y entregársela a Marruecos, mediante la invasión del territorio por una marcha “blanca” pacífica de 350.000 ciudadanos, que Hassan II convirtió en “verde” por motivaciones religiosas. Kissinger se entrevistó con el monarca alauita para ultimar los detalles. No fue ésta una reacción espontánea ante el dictamen del TIJ, sino una operación preparada cuidadosamente por la CIA durante meses y financiada por Arabia Saudita. Requirió de una tarea logística descomunal para transportar a una inmensa muchedumbre por cientos de kilómetros de desierto, proporcionarle agua, alimentos y alojamiento, y mantener el orden de la formación, lo que Marruecos no estaba obviamente en condiciones de realizar y que sólo pudo llevar a cabo con la ayuda de Estados Unidos y, en menor medida, de Francia.

Según Jesús Palacios y Stanley Payne en su libro “Franco, mi padre”, la Marcha Verde fue ideada por Kissinger y  planificada por la CIA, cuyo subdirector general, Vernon Walters, fue enviado a Marruecos para coordinar la operación. Para el periodista Bill Woodwards , en “Las guerras secretas de la CIA”, Walters –amigo personal de Hassan II- era su agente en la organización, por lo que tuvo una intervención destacada en la marcha. El “New York Times” mencionó el papel jugado por Walters, que había sido consultor de Estados Unidos para el suministro de tanques a Marruecos, y aquél dio su versión de los hechos en 1978 en su libro “Misiones silenciosas”.

Como ha señalado Ramón Criado  en “Pasión y muerte de un sueño colonial”, fue el propio Kissinger quien dio el visto bueno para que se iniciara la marcha, mediante un telegrama cifrado desde la Embajada norteamericana en Beirut a la de Rabat, en el que se decía que “Laisa podrá andar perfectamente dentro de dos meses y él la ayudará en todo”. Yo no he visto ese telegrama, propio de una novela de John Le Carré o Ian Fleming, pero encaja como un guante en el maquiavelismo de Kissinger y en su deseo de entregar el territorio a Marruecos. El Secretario de Estado envió un mensaje a Cortina instándole a negociar con Marruecos y el ministro le contestó que su Gobierno estaba dispuesto a hacerlo siempre que se suspendiera la marcha y se mantuviera la convocatoria del referéndum. Citando fuentes del Ejército español, Stephen Zunes manifestó que el Gobierno norteamericano había amenazado al español con cortar su ayuda militar y tecnológica, e incluso imponerle un embargo, si se enfrentaba a Marruecos.

El 18 de octubre, Hassan II ordenó el inicio de la marcha y España pidió la convocatoria urgente del Consejo de Seguridad, quien adoptó la  resolución 377 (1975), que era totalmente anodina, ya que –por la presión de Estados Unidos y Francia- tan sólo pedía “moderación” a las partes implicadas y encomendaba al secretario general que presentara un informe. El Gobierno español decidió negociar con Marruecos y envió al ministro Secretario del Movimiento, José Solís, a entrevistarse con Hassan II, quien se negó a detener la marcha, y se acordó celebrar negociaciones. El día 25 llegó el primer contingente expedicionario a las playas de Tarfaya, donde se produjo una epidemia, y los técnicos norteamericanos construyeron una pista de aterrizaje para permitir el envío de medicinas y suministros. El 2 de noviembre se celebró una nueva reunión del Consejo de Seguridad, en la que Estados Unidos y Francia impidieron que la resolución 379(1975) exigiera la detención de la marcha y encima pidiera a las partes –ni siquiera se mencionaba a Marruecos, la potencia invasora que no tomaran medidas unilaterales. El secretario general, Kurt Waldheim, presentó un informe en el que proponía que la ONU asumiera temporalmente la administración del Sáhara Occidental hasta que se celebrara un referéndum de autodeterminación, pero Marruecos se opuso. 

Como la marcha se acercaba a la frontera, España solicitó una nueva reunión urgente y secreta del Consejo, a la que Estados Unidos se opuso, pero el presidente ruso, Yakov Malik, accedió a convocarla el día 5. A petición del Consejo, su presidente  envió una carta al Hassan II para pedirle que detuviera la marcha, y éste contestó que en la madrugada del día 6 los “peregrinos” habían cruzado la frontera y no podía detenerlos. Malik informó de la respuesta y –pese a haberse consumado la violación de la integridad territorial de España- el Consejo -como consecuencia de la presión de Estados Unidos y de Francia-  se limitó en su resolución 380(1975) a “deplorar” este hecho sin siquiera condenar la flagrante violación del Derecho Internacional, a pedir a Marruecos que retirara a sus ciudadanos del Sáhara Occidental, y a instar a las partes que –sin perjuicio de las negociaciones que se pudieran realizarse de conformidad con el artículo 33 de la carta- colaboraran plenamente con el secretario general. El día 7, el Gobierno español decidió negociar la cesión del territorio a Marruecos y a Mauritania, y envió  a Agadir al ministro de la Presidencia, Antonio Carro, para negociar con el rey. Ambos acordaron que Carro dirigiera una carta a Hassan II para pedirle que pusiera fin a la marcha y que se iniciarían unas negociaciones trilaterales. El día 9, Hassan II anunció el fin de la marcha, que había cumplido su misión, y Kissinger dijo a Ford, que Marruecos había retirado sus ciudadanos del Sáhara, pero que si no conseguía la entrega del territorio, Hassan II estaría acabado, por lo que Estados Unidos debería esforzarse para que lo consiguiera. El día 11 las Cortes aprobaron la ley sobre descolonización del Sáhara y el 14 se firmaron los Acuerdos de Madrid, por los que España decidía retirarse del territorio y establecer durante un año una administración transitoria integrada por ella misma, Marruecos y Mauritania.

Kissinger confesó a primer ministro luxemburgués Gaston Thorn que tenía dudas sobre el papel que debería jugar la ONU en la crisis del Sáhara y se quejó al representante permanente norteamericano, Patrick Moyniham, de que España hubiera planteado la cuestión de la marcha Verde ante el Consejo de Seguridad, porque habría convenido evitar un debate público que caldeara los ánimos, y le dio instrucciones en el sentido de que no facilitara la labor de Naciones Unidas. Moyniham afirmó en sus memorias, “A Dangerous `Place,” que el Departamento de Estado quería que la ONU pusiera de manifiesto su absoluta insignificancia en cualesquiera medidas que adoptara. “Esta tarea, que me encomendó a mí, la llevé a cabo con no poco éxito”.

En un “Briefing Paper” de la Secretaría de Estado de 20 de septiembre de 1976 se indicaba que, al percibir Estados Unidos que sus intereses de estarían mejor servidos por un reparto del Sáhara Occidental entre Marruecos y Mauritania, que por su independencia bajo influencia de Argelia, el Gobierno adoptó una posición de neutralidad en público y otra de apoyo a Marruecos en privado, postura que favoreció notablemente a Rabat.

Actitud ulterior de Estados Unidos

Durante el conflicto armado entre Marruecos y el Frente Polisario, el Gobierno norteamericano apoyó política y militarmente a Marruecos, suministrándole material de guerra. Tras el arreglo de paz de 1991, Estados Unidos respaldó la acción de la MINURSO para realizar un referéndum de autodeterminación en el Sáhara Occidental. El antigua secretario de Estado, Henry Baker –que fue nombrado representante personal del secretario general de la ONU- presentó un plan para solucionar el conflicto que fue endosado por el Consejo de Seguridad, pero rechazado por Marruecos, que hizo cuanto pudo para impedir la celebración del referéndum acordado. Estados Unidos propició las conversaciones entre Marruecos y el FP y, en el seno de la Organización, alentó la creación del “Grupo de Amigos del Sáhara” -compuesto por los miembros permanentes del Consejo de Seguridad y España- y  redactaba los proyectos de resolución que anualmente adoptaba la Asamblea General. Se fueron reduciendo gradualmente las referencias a la celebración de un referéndum y sólo se mencionaba el principio de libre determinación, en el que cabía -más o menos con calzador- la oferta marroquí de conceder a los saharauis un régimen de autonomía, que Estados Unidos apoyó, pese a que no fuera más allá de una descentralización. Asimismo hizo hincapié en la búsqueda  de una solución política “justa, duradera y aceptable para las partes”, que favorecía el statu quo y la intransigencia negociadora de Marruecos. La ONU mantuvo por inercia la presencia de la MINURSO en el Sáhara Occidental a pesar del fracaso de su misión y se fue desinteresando del tema, como prueba el que el secretario general, Antonio Guterres, lleve más de año y medio sin nombrar un representante personal.

A punto de salir de la Casa Blanca, Donald Trump reconoció la legalidad de la ocupación del Sáhara Occidental por Marruecos con la siguiente proclamación:Estados Unidos afirma su apoyo a la propuesta de autonomía presentada por Marruecos como la única base para una solución  justa y duradera al conflicto  sobre el territorio del Sáhara Occidental. Por tanto, a partir de hoy, Estados Unidos reconoce la soberanía de Marruecos sobre todo el territorio del Sáhara Occidental y reafirma su apoyo  a la autonomía seria, creíble y realista propuesta, como la única válida  para una solución justa y duradera de la controversia sobre el territorio del Sáhara Occidental. Estados Unidos cree que un Estado independiente no es una opción realista para resolver el conflicto y que la única solución viable es una genuina autonomía bajo soberanía de Marruecos  es. Instamos a las partes  a que entren en discusión sin tardanza y  utilicen la propuesta de autonomía de Marruecos como el único marco para negociar una solución mutuamente aceptable. Para avanzar hacia ese objetivo, Estados Unidos  alentará el desarrollo económico y social de Marruecos, incluido el Sáhara Occidental, y – a tal efecto- abrirá un consulado en Dajla para promover oportunidades económicas y de negocios en la región. Yo, Donald J. Trump, presidente de los Estados Unidos de América, en virtud de la autoridad a mi conferida por la Constitución y las leyes de Estados Unidos, por la presente proclamo que Estados Unidos reconoce que todo el territorio del Sáhara Occidental forma parte del Reino de Marruecos”.

Según el profesor Carlos Ruiz, aunque desde el 20 de octubre Israel había pedido a Estados Unidos que reconociera la legalidad de la ocupación del Sáhara Occidental por parte de Marruecos, el Secretario de Estado Adjunto para Oriente Medio, David Shanker, reconoció que, si bien se había discutido dicho reconocimiento, el Gobierno lo había descartado, por lo que el asunto no estaba sobre la mesa. Pese a que la proclamación había sido firmada el 4 de diciembre, no se hizo pública hasta el día 10 y, ese mismo día 4, el Secretario de Estado, Michael Pompeo, había desautorizado implícitamente la intervención militar de Marruecos en Guerguerat, al afirmar que el conflicto debería ser resuelto mediante la negociación y no por la fuerza, con lo que puso de manifiesto que desconocía lo que había firmado ese mismo día su presidente. Trump violó flagrantemente el Derecho Internacional e ignoró las resoluciones de la ONU, al excluir el derecho a la libre determinación de los saharauis, imponer la insuficiente autonomía propuesta por Marruecos y reconocer la soberanía de éste sobre todo el territorio del Sáhara Occidental, incluido el tercio aproximado del territorio que no estaba en su poder . Está por ver si Joe Biden endosará la proclamación de Trump, la revocará –como le han pedido veintisiete senadores- o la congelará “de facto”. Baker ha recomendado a Biden que rescinda la acción precipitada y cínica de Trump. 

Cabe concluir con Jakob Mundy, que, si bien la administración Ford  adoptó oficialmente una postura neutral en el conflicto entre España y Marruecos sobre el Sáhara Occidental, entre bastidores optó por una posición pro marroquí, a fin de asegurar que el territorio fuera incluido en el Reino de Marruecos, y que el éxito de Hassan II fue en gran medida debido a la intervención norteamericana. La aparente equidistancia entre dos aliados ocultaba un apoyo tácito a Marruecos, lo que era un agravio adicional porque suponía colocar al agresor por encima del agredido. Estados Unidos participó activamente en la organización y desarrollo de la Marcha Verde y apoyó política, diplomática, militar,  logística y económicamente a un estado infractor del Derecho Internacional, e hizo cuanto estuvo en su mano para que el Sáhara Occidental fuera incorporado a Marruecos, con la excusa de evitar que cayera bajo la influencia de Argelia y de la Unión Soviética. La cacicada de última hora de Trump no ha sido más que la confirmación de la crónica de un reconocimiento anunciado.




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