Ahorrar en tiempos de crisis (I)

Estamos viviendo unos momentos difíciles, sobre todo en lo económico, que nos invitan a reflexionar sobre nuestros hábitos de ahorro personal y familiar. La teoría económica nos dice que ahorrar es economizar una parte del presupuesto ordinario destinada a los gastos, y reservarla para una posterior utilización o para la formación de un capital.

El ahorro viene definido por aquel porcentaje de la renta disponible que reciben las economías domésticas (familias) y que no destinan al consumo de bienes y servicios en el mismo período, y depende, además de la renta disponible, del tipo de interés (precio del dinero), de la composición demográfica del país, de las características sociológicas y del grado de incertidumbre sobre el futuro.

Desde una óptica moral, se llegó a hablar de la virtud del ahorro. De hecho enseñar a ahorrar comenzaba desde la más tierna infancia con la apertura de una libreta de ahorro infantil y una hucha. El propio Papa san Juan XXIII llegó a definirlo como una virtud moral, nacida de la prudencia como previsión del futuro, alimentada con la sobriedad y la templanza (una de las cuatro virtudes cardinales) dirigida por la caridad y el sentido de justicia social, puesto al servicio del individuo, de la familia y del mismo bien común de la sociedad.

Elegir implica renunciar: ¿a qué estamos dispuestos a renunciar? Según un reciente estudio de la firma GAD3 para Family Watch, en España las prioridades vienen siendo, por este orden, viajar y conocer diferentes culturas; prosperar en la vida profesional; ampliar los estudios, y formar una familia.

Sobre esto último, quiero llamarles la atención en cómo las relaciones personales se han convertido para muchas personas en algo efímero y sin propósito a largo plazo, donde nada es para siempre, y por tanto los hijos, que son para siempre encajan mal. El hecho de que haya más perros por unidad familiar que niños en muchas ciudades, resulta también elocuente de hasta qué punto están buscándose sucedáneos afectivos más económicos para necesidades vitales que antaño cubrían los hijos.

Los motivos para ahorrar, básicamente, son dos: distribuir el consumo en el tiempo y contar con  un nivel de riqueza a modo de cobertura de riesgos (ahorro preventivo). Este último tiene una correlación directa con la aversión al riesgo y con la incertidumbre ante el futuro, ya sea en su modalidad de ahorro ordinario (sin finalidad conocida) o finalista (como por ejemplo el ahorro vivienda).

Es conveniente distinguir entre propensión media al ahorro (proporción de la renta destinada al ahorro) y propensión marginal al ahorro (la medida en que cada euro de aumento de la renta supone un aumento del ahorro). Nuestra tendencia a consumir nos lleva a que aumentos de la renta provoquen, en la mayoría de los casos, una menor tendencia (propensión marginal) al ahorro. Del mismo modo, cuando la riqueza de las familias se ve disminuida, estas tienden a aumentar el ahorro para reconstruir sus posibilidades de consumo futuro.

¿Es posible ahorrar hoy en día? La respuesta tiene que ver con varios factores:

  1. ¿Tenemos claras cuáles son nuestras necesidades corrientes (comer, beber, vestirnos, vivienda,…) y cuáles son las superfluas (el abono del fútbol o de los toros, la caseta de feria, ir al cine, realizar un viaje de placer,…)? A muchas personas les resulta muy difícil trazar una línea de separación ente lo necesario y lo superfluo.
  2. ¿Sabemos cuáles son nuestros gastos fijos y cuáles los variables? ¿Destinamos nuestros ingresos fijos a los gastos fijos y nuestros ingresos variables a los gastos variables? Cuántos casos conocemos de personas que se han endeudado en épocas de bonanza y se han visto imposibilitadas para hacer frente a sus deudas cuando sus finanzas han venido a menos.
  3. ¿Llevamos un control por escrito (presupuesto frente a realidad) de cuáles son nuestros ingresos y nuestros gastos? Cuánto le agradezco a mi difunto padre el haberme enseñado desde pequeño la utilidad de un dietario, donde anotaba los gastos domésticos realizados cada mes.
  4. ¿Buscamos la mejor relación calidad precio en nuestras compras, o nos limitamos a ir al comercio más cercano? Para saber comprar hay que encontrar el lugar y el momento adecuados; ello hará que nos rinda más cada desembolso.

Atravesamos un período de crisis, y no estaría de más seguir algunos consejos para hacerle frente, como les contaré en la segunda parte de este artículo.

Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com




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2 Comments

  1. Charo dice:

    Muy instructivo en los tiempos que corren.
    Gracias por compartirlo Alberto.

  2. Maria Soledad Lagüéns dice:

    Es cierto que desde hace años se fomenta la cultura del gasto, pero hemos sabido mantener la sensatez , y tampoco ha faltado el ahorro en los hogares. Gracias por compartir tu conocimiento Alberto . Un saludo

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