Poesía en tiempos de desazón (XV): Algias

Les voy a hablar de un mendigo, de un pedigüeño, por su condición de poeta sin recursos que transita por el mundo demandando una pequeña lectura de sus versos por caridad. Aunque sea por caridad. Y esa caridad, le trajo a estas líneas.

Publicó hace poco su último poemario. Una rosa de los vientos de versos. El poeta en cuestión, si se dejara conocer como se conoce él mismo, es un preámbulo del libro al que puso por nombre Algias. Es esta obra, fíjense la desgracia de este hombre, su hijo bastardo.

Nacido sin saber de dónde, divagaba sin rumbo en folios perdidos, desubicados, repartidos sin ton ni son por entre carpetas, cuadernos y maletines. Historias en verso libre que guardaba el respeto a sus mayores: más severos, más métricos, más clásicos. Algias, ¡no podía ser otro el nombre! Algias de dolor, pero también de escozor; de ese escozor que provoca el sarcasmo, la guasa, cuando esta se lanza como el latigazo de una medusa.

El poeta, dolido y herrumbroso, suspicaz y poco temeroso, se rebela y se revela en esta obra. Se abalanza a cuerpo batiente contra la sociedad, de la que dice le falta talla [moral] y le sobra tanta cubrevergüenzas: Sociedad XXI la llama en vez de XXL en un intercambio de letras. Habla de la sonrisa inquietante de Dios y de su justicia divina como una enseñanza que lastima como un buen tirón de orejas. Se enzarza contra los poetas, contra sí mismo, con dolor y con sátira; ese humor que es como pellizcos de monja. Se regodea en los recuerdos, en nuestro particular y universal Síndrome de Diógenes: los recuerdos que guardamos y acumulamos logrando, incluso, que alguno nos cause alguna enfermedad. Destripa al amor, se alía con el desamor. Se inventa incluso un movimiento: el posneorromanticismo. Una corriente que, como un camarón contra la corriente, lucha por no dejarse arrastrar, por no perder, a pesar de tantos consejos y tantos desprecios, su genesíaca identidad.

Probablemente, poco dirán sus versos que no hayan escrito ya otros poetas, pero no son otros poetas quienes describen de lo que, a su parecer, adolece el mundo que lo rodea, sino él. Eso lo hace diferente y, por supuesto, no es excluyente de ser un resultado novedoso con un lenguaje del vulgo, nada de rancios abolengos retóricos.

Permítanme mostrarles la visibilización de la poesía oculta, que no dormida. De la poesía acallada por su irrelevancia ante la de las grandes plumas autorizadas. De la poesía que, a pesar de todo, surge a chorros, como la sangre en una herida abierta, de los poetas anticoagulados. De la poesía humilde. De la poesía que sueña con ser casa donde habiten otros. De la poesía reaccionaria. De la poesía que ha crecido de otros manantiales y se desborda. Permítanme mostrarles estas Algias que son reflejo, seguro, de sus propias experiencias.

Este pedigüeño, ya a cara descubierta, no pide ahora caridad, sino su benevolencia. Si alguna vez tuvo más sentido que nunca esta Poesía en tiempos de desazón es justo ahora que la desazón en la que nos encontramos requiere, por qué no, un poco de reconfortante y fresca lectura.

Algias. Platero Editorial

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