En estos momentos están sacando de la Macarena en Sevilla los restos mortales de Gonzalo Queipo de Llano y de Francisco Bohórquez Vecina, general natural de Ubrique que junto a Queipo paró las matanzas de ciudadanos en Sevilla, cuando ya habían incendiado 7 templos sevillanos, asesinado a 23 personas y desvalijado un montón de viviendas el día 18 de julio del 36.
Queipo de Llano y él fueron los que lograron en Sevilla parar las matanzas de legionarios sacando bombarderos adaptados meses antes en aviones Fokker y Douglas que salían desde el aeródromo de Tablada.
Queipo de Llano ni siquiera estaba en Sevilla, sino en Huelva, y cuando comenzaron los bombardeos de Ceuta, Melilla, Larache y Tetuán estaba en un cine. Ante esta situación que se encontraron, Queipo de Llano y Bohórquez declararon el estado de guerra, y con escasamente 2.800 hombres y la ayuda de la radio, haciendo desfilar unos cuantos hombres las 24 horas del dia disfrazados de legionarios, evitaron que más de 12.000 milicianos entraran en Sevilla desde Málaga.
Nocturnidad y alevosía en una acción premeditada y dolosa la que se está perpetrando.
En realidad, cadáveres se han sacado siempre, pero por odio en una cripta que fue sellada con agua bendita, nos pone de manifiesto el estado de podredumbre moral de la gente que nos gobierna.
Conste que diría lo mismo si alguien violentara las tumbas de Carrillo o Dolores Ibarruri. Son peores que los Talibanes y están orinando sobre nuestra propia civilización y regodeàndose en el odio.





