Por David Hall (desde Miami)
No suelo escribir frecuentemente en español, aunque es mi idioma natal, simplemente porque la mayoría de mis amigos o son de habla inglesa, o hablan inglés. Pero he leído sin sorpresa algunos comentarios de amigos y conocidos a quienes respeto como personas y admiro como intelectuales, que me han hecho reflexionar y expresar mis puntos de vista… en español.
He leído, por ejemplo, que «la victoria de Biden fue aplastante… como para que no haya dudas».
He leído, por ejemplo, que Biden realizó una campaña «sin arriesgar a sus seguidores a infectarse (con Covid)», mientras que Trump, en la derrota -que ya da por oficial sin aún serlo- mostró una teatralidad bufonezca…»
He leído, por ejemplo, que una administración Biden/Harris será «de centro, muy parecida a la de Clinton».
Y he leído, por ejemplo, que «ya no tendré que escuchar desde el podio (presidencial) «insultos y chusmeria».
He leído algunas otras observaciones que suenan muy bonitas, como «acoger a todos los refugiados de todas partes del mundo…», pero no voy a detenerme en ellas.
Quizá deba decir aquí algo en lo que encuentro que mucha gente tiene un concepto que, me parece, no se adapta totalmente a la realidad: se trata del respeto a la opinión ajena.
Todo el mundo tiene derecho a su opinión, es decir, a que se respete su derecho a tenerla y emitirla, pero eso no implica derecho a que se respete la opinión en sí misma; las opiniones no tienen derecho a respeto, ese respeto se gana.
Si a una elección en la que la decisión final aún no está dictada por las autoridades correspondientes, y está siendo aún discutida intensamente en los tribunales por alegaciones de fraude masivo en estados clave para decidir el ganador en votos electorales, no votación popular -ya sé que muchos no entienden o detestan ese sistema, pero es el que está en vigor constitucionalmente- se puede llamar «aplastante», entonces no hay nada que discutir.
Si al hecho de que a una campaña que no contó en absoluto con el entusiasmo de sus seguidores, y ni siquiera con la ayuda del «enviado» Barack Obama pudo lograr más de 100 o 200 vehículos en un estacionamiento, se le puede endilgar que fue para no «arriesgar a sus seguidores» -implicando que las grandes concentraciones masivas de seguidores de Trump fueron eventos inconscientes que pusieron en peligro las vidas de los asistentes… no hay nada que discutir.
Si una Administración encabezada -nominalmente; todos sabemos la verdad- por un político totalmente inefectivo en sus 47 años de carrera, que para lograr la nominación tuvo que plegarse a los sectores más radicales de su partido y retractarse de posiciones un tanto más moderadas que decía tener, y una vicepresidente considerada la miembro más extrema «liberal» del senado, van a tener una política «de centro muy parecida a la de Clinton»… no hay nada que discutir.
Este comentario se hace demasiado largo.
El tema de los «insultos y chusmería» que se le atribuyen al Presidente Trump daría para más de un articulo, pero me atrevo a asegurar que muchos, millones como yo, preferimos a un presidente «chusma» que:
1) Haya logrado los mejores acuerdos de paz en Medio Oriente
2) Haya impulsado legislación para combatir el uso de opioides
3) Haya destruido a ISIS sin llevar al país a la guerra -único presidente que no ha llevado al país a la guerra en décadas-.
4) Haya logrado hacer al país independiente en materia de energía.
5) Haya logrado la mejor economía de toda la historia, beneficiando a todos o casi todos los ciudadanos.
6) Haya logrado reducir el costo de las medicinas sustancialmente.
7) Haya logrado el más alto nivel de empleo para negros, hispanos, mujeres y minorías en general.
8) Haya firmado legislación protegiendo vastas regiones del territorio nacional en materia de conservación.
9) Haya impulsado reforma judicial para reducir o eliminar la disparidad en sentencias a afroamericanos.
10) Haya impulsado programas para ayudar al desarrollo económico de los afroamericanos.
En fin, la lista sería demasiado larga y se pueden tener opiniones varias sobre los logros del presidente, lo que no se puede hacer es negar los hechos.
Decía que prefiero a un presidente «chusma» – y eso es debatible- que haya logrado todo eso para el país, que a un individuo que por 47 años no ha hecho nada significativo, y llegaría a la Presidencia comprometido a implementar las políticas más izquierdistas que se haya pensado.
Eso, sin entrar a examinar las acusaciones de venalidad y corrupción que pesan sobre Joe Biden y su familia, y que, desgraciadamente, quizá nunca salgan totalmente a la luz.





