Ya hablamos con admiración hace dos meses de la perfecta simbiosis de firmeza y cortesía que se da en el Presidente de Ceuta. No se pueden tener mejores formas con mayor energía. Pero hoy, el espectáculo de su discurso ante los reyes, todos escuchándole de pie en aquel salón, después de ese recibimiento a los reyes entre vítores y aclamaciones… realmente supera toda ponderación. En medio de la situación de la ciudad autónoma, que en sí no ha cambiado, que sigue siendo tan terrible como ayer, pues el presenciar unos eventos tan civilizados como los de hoy supone un verdadero soplo de esperanza; al menos, da un poco de fe en la raza humana.
En algunos foros puede leerse la opinión de que los reyes no merecen estos vítores y aclamaciones y menos por parte de los ceutíes. Pero el pensar así es confundir los conceptos. Nadie pretende que “Felipe y Letizia” (como a menudo se les denomina así tal cual) posean unos méritos morales más elevados que los de otro español cualquiera, y que ese sea el motivo de aplaudirlos. No funcionan así las cosas. Resulta que son los reyes de España; que la Monarquía hoy día tiene una función casi exclusivamente simbólica; y por tanto aplaudirles a ellos es aplaudir a España. Ya antes, sin visita regia, era posible manifestarse como se ha hecho, con banderas y gritar “¡Viva Ceuta, y Viva España!”; pero ya que por fin (“tarde y mal”, dicen algunos, viendo el programa de actos – bueno, pues aun así) vienen los reyes a su ciudad, el salir a verlos, darles la mano, aplaudir y vitorearles, es el modo más enérgico e inequívoco de decir “¡Viva España!”.
Y también es el modo más enérgico e inequívoco de recordarle a la más alta autoridad de España su obligación. He oído decir: “Si yo fuera ceutí, les habría abucheado”. Pero eso sólo hubiera servido para que los invadidos y abandonados por su gobierno, después de lo que llevan sufrido, encima hubieran adquirido el estigma de maleducados.
La actitud del pueblo y de su gobernante ha sido, en cambio, la mejor posible. Entusiasmo y alegría, y aplausos y vítores como siempre se ha hecho con los reyes. Y ni una gota de servilismo. “Bienvenidos a SU casa, a su casa”, rezaban las pancartas. Con vítores y aclamaciones os recibimos, les están diciendo, porque es VUESTRA casa, la vuestra. (“¡Defendedla pues!”, esto no lo dicen, pero se sobreentiende). Y al entrevistar al público -que siempre eligen a la persona más exaltada, la más llamativa, la que más fácilmente dirá algo un poco exagerado o grotesco- pues respondían con alegría (“Le di la mano”) pero también con mucho realismo (“Ha sido una pequeña gota de esperanza” “Por favor que nos ayuden”). Alegría y señorío: ambas cosas flotaban en el ambiente.
Pero volvamos al breve discurso de Juan Jesús Vivas por la mañana en el palacio de la Asamblea de Ceuta. No fue sino una alocución de diez minutos precediendo a la entrega de las llaves de la ciudad. Acaso haya que remontarse a los tiempos en los que la entrega de llaves de una ciudad, como en “La rendición de Breda” de Velázquez tenía un significado real y no sólo simbólico, para hallar un discurso más lleno de contenido auténtico. Las ceremonias de “entregas de llaves” contemporáneas, tan abundantes en nuestra era neobarroca, no pasan de ser una simpática anécdota, un gesto de cortesía con visitantes destacados, que da mucho juego para alcaldes y fotógrafos, y que, con su toque histórico del recuerdo de las murallas casi siempre perdidas, no suele irritar a nadie (es incluso levemente halagador para el ciudadano que costea las innumerables reproducciones de estas “llaves”. Le recuerdan su noble pasado. Y por cierto recordemos que la esencia de toda sociedad civilizada es la de poseer murallas, o sea buenas fronteras).
Así pues, estas ceremonias suelen ser justo eso: puros actos de cortesía, carentes de verdadero contenido. Y los participantes suelen demostrarlo, tanto en sus palabras como en la expresión de sus rostros. Lugares comunes, palabras amables que no comprometan, vagos agradecimientos y efusiones por ambos lados… en fin: una ceremonia simpática (lo de las llaves le da un toque teatral como de fiesta de colegio que se presta a la sonrisa), pero tan simpática como anodina.
Pues, ¡cuán distinto el acto de esta mañana en Ceuta! En esos escasos diez minutos, Juan Jesús Vivas trazó un veraz resumen de la historia de Ceuta, y de su realidad actual. Sin perder ni un ápice de la cortesía que le distingue, de su gesto sereno y deferente con todos (fue por cierto, en el desfile del 12 de octubre el día anterior, prácticamente el único que se dignó hacerle a los reyes la leve inclinación de cabeza protocolaria. El resto la omitió. ¡Cuán mal se comprende hoy día lo relacionado con la dignidad y con el servilismo! Justo el único que le hace la inclinación es el menos servil de todos), pues definió la situación actual como la más grave de la historia reciente, volvió a expresar, con tanta sencillez como firmeza, que la única solución posible es el regreso de todos los invasores a su país de origen; repitió lo de “si naufraga Ceuta, naufraga España”.
Debe ser la primera vez en la historia en la que en una ceremonia protocolaria de “entrega de llaves” se pronuncian palabras tan graves.
El pueblo le recibe con alegría y entusiasmo, entre vítores y aclamaciones, porque es el Rey de España y por ninguna otra razón. Por esa razón lo aclaman y aplaude y quieren tocar y hablarle y salir con él en la foto: por eso y nada más. Y a la vez le están recordando todo el tiempo y con cada gesto y palabra que Ceuta está en peligro y que “si naufraga Ceuta, naufraga España”.
El mensaje no puede ser más enérgico e inequívoco.
Es también una lección de civismo, de Historia, de todo.
Comparar las imágenes de los reyes en Ceuta pegados al pueblo, entre la multitud, con la del día anterior, en esa Castellana exenta de público, sólo con tribunas de VIPS, el pueblo vil barrido y aparte, que no se acerque, que no salga (cuando el pueblo es la esencia misma de todo desfile)… parecen dos mundos. Estamos ya más habituados al segundo (el pueblo criminalizado, registrado y excluido y apartado, “por seguridad”. Contra eso apenas protestamos. Nos creemos que lo servil es hacer una inclinación protocolaria ante un rey o una bandera). Por eso, ver las imágenes de hoy en Ceuta son un soplo de aire fresco para el alma.
La máxima cortesía con la mayor firmeza – eso es la civilización.





