Seguimos descendiendo al abismo. Un abismo construido, poco a poco, de manera casi clandestina, por unos arquitectos psicópatas, prepotentes, soberbios, con esa aureola de magnificencia y chulería propias de los narcisistas que se saben por encima del bien y del mal, dignos de formar parte, porque da para ello, de infinitas clases magistrales de psiquiatría y psicología.
Pero no se lleven a engaño. A estos ingenieros de podredumbre los han contratado aquellos que votan, los que votan de manera consciente y los inconscientes que tienen derecho al voto, todo esto consentido por la abulia de aquellos conscientes e inconscientes que no tienen interés ninguno en votar, y que con esa desidia y pasividad contribuyen al edificio en ruinas que construyen dichos peritos de salón. Todos pagamos sus nóminas. Todos mantenemos su estado de bienestar.
A cada paso de este descenso somos cada vez más hipócritas, más sumisos, más predecibles y por tanto, cada vez somos más manejables y estamos más controlados.
Estos arquitectos, en una labor encomiable, han creado un ambiente donde la gente es tratada como un niño pequeño al que calmar, que, por un lado, si se pone a llorar, se le prometen sueños en forma de globo, que acabarán donde acaban todos los globos de la niñez, o desapareciendo en el aire o explotando en nuestras manos, y por otro lado, para tenerlo calladito más tiempo, se le facilita que pueda comprarse alguna chuchería, barata, para que se le pase el berrinche por lo menos una vez al mes. Esto tiene un nombre, paguita. Yo le pondría otro, jornal del hambre.
Es indiscutible que es hermoso, en infinidad de ocasiones, seguir siendo un niño, seguir siendo inocente, seguir teniendo ilusión por cosas menores, seguir teniendo días interminables donde las preocupaciones se limitaban a poder jugar y reír más; seguir sabiéndote protegido, si te caías y sangrabas, por el abrazo y el consuelo de tu madre; seguir recibiendo besos a la hora de ir a dormir y soñarlos cada noche para recibirlos al despertar… Pero hay momentos en los que es fundamental ser un adulto, es fundamental ser fuerte y valiente para defender derechos y libertades, para luchar por el bien común, para eliminar toda amenaza que pueda provocar que una sola persona quede fuera del sistema y, por tanto, desprotegida y abandonada.
Ha llegado el momento de dejar de ser niños. Debemos luchar contra esta laudable labor de los proyectistas de la tierra prometida que nos ha llevado a la ignominia más absoluta vivida en muchísimos años en nuestro país, consiguiendo que cualquier aberración, cualquier comportamiento, cualquier acto desleal, deshonroso y delictivo, sea percibido como un juego de niños, lleno de luz y de color, en un uso de la hipocresía llevado a extremos que podrían, en otras circunstancias, creerse imposibles.
Si hay miles de personas al borde de la pobreza por la inacción y la ineptitud de los aparejadores del absurdo y no se les recuerda hasta que no sean necesarios para obtener rédito político, se lanza una campaña donde no se vea nada de miseria, de dolor o de miedo y se perciba la situación como material imprescindible para construir un pilar necesario y admirable, de manera que el edificio sea más fuerte, que de ello, ellos, salgan más fuertes… y todo estará bien.
Si hay millones de personas en paro, sin cobrar nada durante meses; si hay diariamente interminables colas del hambre; si hay quienes se suicidan abocados por la desprotección y presión fiscal a la que somete el Estado, o sea la “Chiqui”, mientras los jefes de obra actúan de manera totalitaria, imponiendo decretos, mermando derechos y libertades, inundando las instituciones de familiares y afines o se crean puestos para “los mejores amigos”, lo que harán los alarifes venidos a más, es dar un golpe de timón creando pagas, porque yo lo valgo, para tapar bocas, pocas y mal repartidas, definidas de manera rimbombante, como “ingreso mínimo vital”, adornándolo con el eslogan de “nadie se quedará atrás”… y todo estará bien.
Si se destruye la separación de poderes incitando a los servidores públicos a cometer delitos actuando de manera ilegal y contra su honor; si se retuerce la libertad de expresión para que solo sea válida según quien la use; si se va de la mano de aquellos que quieren dinamitar la Constitución o guillotinar al Jefe del Estado, los edificadores progresistas usarán los medios de información, las redes sociales y la tribuna del Congreso, para justificar estos actos ante la amenaza ineludible y peligrosa por parte de la oposición, de estar alentando a la insurrección de las fuerzas y cuerpos de seguridad y a dar un golpe de estado… y todo estará bien.
No miren a otro lado, no podemos dar lugar a volver la vista a atrás y solo tener posibilidad de lamernos nuestras heridas porque en su momento no hicimos nada. Lo merecen nuestros hijos, lo merecen las gentes de bien que lo están pasando tan mal, lo merecen los que murieron en el intento…
Debemos desalojar de las instituciones a todos y cada uno de los malos arquitectos que hay y a los que vendrán de manera mesiánica a convencernos de que a través de ellos llegará el maná.
Merecemos sentarnos al ocaso, pudiendo ver un horizonte limpio, orgullosos de que un día actuamos y conseguimos que no cerraran la puerta al salir, dejando entrar aire fresco, que poco a poco, acabó con la asfixia que nos habían hecho padecer durante demasiado tiempo.
No dejemos que solo sea un hermoso sueño…





