
¡Cuántas cosas me quedarán por ver aún antes de irme al otro barrio! Que esto es un no parar y ya me está dando hasta miedo, oiga. Una memez tras otra, un expolio tras otro, una barbaridad tras otra barbaridad… Ahora no deja de rondarme por la cabeza lo de la Inteligencia Artificial y su repercusión en todas las esferas. Y lo de las catástrofes “naturales”, de las que se rumorea que están perfectamente diseñadas y ejecutadas desde algún lugar secreto del planeta.
Esto último es algo que siempre me llamó la atención. Lo vi en una película americana y se me quedó grabado el panorama en toda su extensión. La cosa es que no me extrañó lo más mínimo, mire usted. Será que los años te dan esa pátina de dureza, que aunque te claven alfileres ni el vudú puede contigo. Desde entonces, el calvario que viene padeciendo esta sociedad nuestra de cada día se me antoja casi blando (que de blando no tiene ni un pelo, claro está)
Porque no me dirán que no es dura la situación actual que estamos atravesando. Sobre todo, para las personas etiquetadas como “mayores”. Y es que estamos viendo claramente de qué manera tan sibilina se nos va marginando. La inmensa mayoría piensa, y así lo expresa sin tapujos en las redes, que somos un verdadero estorbo en el desarrollo del resto de la colectividad. Y tratan con los medios legales a su alcance de exterminarnos poco a poco; pues que resortes “suaves” para lograrlo existen, no me cabe la menor duda.
La reforma de las pensiones no es más que una engañifa a corto plazo. Las vacaciones del denominado IMSERSO, una limosna dada a regañadientes, fuera de plazo y sin privacidad alguna. Los pagos farmacéuticos de medicinas básicas, un auténtico robo a quienes dieron su sudor al Estado. Viejo e inservible son dos palabras que se nos aplica a diario. Y las “famosas” residencias que me recuerdan a mini campos de concentración… Déjalo, Jesulito, déjalo. ¿No ves que este asunto no interesa? Son simples bagatelas, hijo mío, nimiedades.





