
A las ocho, en el balcón
de Moncloa, hay una sombra,
que a los ujieres asombra
aplaude sin ton ni son.
Pone tripa y corazón,
cautivado de su hechizo
que en Valencia nada hizo
y aplaudiendo su gestión,
sale a las ocho al balcón
cual socialista Narciso.





