La técnica que vais a ver a partir de ahora es muy sencilla, pero os ruego que pongáis la máxima atención porque muchos lo percibirán como un ejercicio inconexo de informaciones y noticias y os pasará desapercibido sin ser vuestra intención…
Es tan vieja como el ser humano, pero la implementaron de manera diabólica y sistemática los nazis y fue el argumento principal (que me corrija el experto especialista en estas lides Fernando Navarro García) utilizado para su defensa por los responsables del Holocausto durante el juicio de Nuremberg en los años 50, después de la II Guerra Mundial.
Se trata de expandir la culpa a todos los rincones, cuantos más mejor. Dividirla, trocearla, distribuirla por cielo, mar y tierra, generalizarla hasta la banalización y afectar a todos hasta diluirla como un azucarillo.
De hecho, ya lo estáis contemplando en estos días, lo tenéis ante vuestros ojos, y quizás os ha parecido hasta normal: mil ruedas de prensa, pero no sólo una voz cantante.
Hay voces principales que guían el discurso, sí (Simón, Oliver, Illa… y a veces Sánchez para dar impulso a la corriente), pero luego cada día nuevas voces: ministras y ministros que nada pintan (Pons, Iglesias, Oliver, mandos del Ejército y la Guardia Civil, directores generales, y así todo)… Cada uno de ellos toca un tema y todos representan un papel en el coro en su parcela sobre algo que ha pasado.Es el abrazo del vampiro y todos, en distinto grado, quedan contaminados en ese mordisco de la culpa general sólo con participar en el espectáculo.
Pero hay más reparto de mierda y más disoluciones. Por ejemplo, ya estáis viendo ese discurso unívoco que relata que «todos los países la han cagado y nadie lo vio», o sea, otra vez la culpa repartida, diluida entre muchos; en realidad, entre todos, porque este es el objetivo primordial. También se aprecia cuando tratan de echarle balones a la periferia de los responsables autonómicos: a los consejeros y presidentes de cada Comunidad, todos en la culpa de alguna forma, aunque el decreto del estado de alarma sabemos todos que les deja apenas con escasas competencias y sometidos a la única autoridad central.
Pero sigamos, porque igual sucede con la gente que se salta las normas del confinamiento, que conviene recontarlos cada día ante la gente, con detalle de las detenciones y las multas, y así la culpa se redistribuye entre muchos: o sea, es por culpa de ellos que esto no se acaba.
También hemos empezado a verlo con reportajes y vídeos donde médicos y enfermeros, en situación de colapso, relatan (si es preciso con vídeos robados) cómo ha de elegirse cuando no hay más respiradores, todo muy emocional… Sí, todos nos damos cuenta de que en realidad no son los sanitarios culpables de haber llegado a ese punto, pero en el oleaje que describo sirve a la causa del mismo modo. Y funciona.
Con el nazismo había funcionado divinamente la técnica de esparcir la mierda. Todos los alemanes sabían lo que había sucedido, todos estuvieron implicados por acción u omisión…, ¿me siguen?
¿Y cuál es la consecuencia de semejante ardid? Creo que todos os habéis dado cuenta ahora y es muy sencillo: «SI TODOS SOMOS CULPABLES…, NADIE LO ES». Y nadie lo es, porque lo somos todos.
¡¡Puro Joseph Goebbels!!… No me hagan caso si no quieren, pero presten atención y, si lo desean, cuando crean descubrir algo parecido a lo que digo, me lo cuentan por aquí. Compartidlo si queréis, participemos todos, y veréis qué divertido es el juego de los canallas con el culo al aire. Nos vamos a reír.
He dicho.






2 Comments
Una reflexión muy inteligente. Lastima que tengamos una clase política tan sectaria.
En estos casos un gobierno de concentración nacional y con un una co objetivo, sería la mejor opción.
En China tienen que estar alucinando, cuando les llegan pedidos de 18 Españas y que suban el coste del material porque compiten entre ellas. Tremendo 😷😷😢 😢
Gracias, JRM, por su elogioso comentario. Comparto en buena medida su ide de un Gobierno de concentración. Por su parte, en China, bastante tienen con ocultar sus cifras reales de contagio, muertes, etc y poder seguir vendiendo sus muchas miserias en ese oxímoron que denominan «comunismo de mercado». A nosotros nos ha tocado en esta guerra la china… y el chino. Suerte y saludos.