Mi madre fue aceitunera
luchó con uñas y diente
para que yo no lo fuera.Emigró de otra tierra,
esta le abrió los brazos
y ella se sintió nazarena.Se levantaba antes que amaneciera
a veces la luna la acompañaba
en su caminata mañanera.En los días fríos y mojados de invierno
llevaba una lata de conservas grande
que compró a un latero,
donde ardían brasas del carbón del bueno
para calentar sus huesos,
de la sangre se encargaba el trabajo tremendo.Con las manos heladas
recogía las mejores aceitunas
en la mesa de la fábrica.
Las gordales pá los de fuera,
las más chicas y feas
se quedaban en nuestra tierra.No levantaba la vista de la faena,
trabajaba sin respirar siquiera
que siempre estaba la mirada dura de la maestra.A penas diez minutos pá comerse una tostá
con sardinas o aceitunas
el jornal no daba para más.Al caer la tarde llegaba exhausta
como si viniera de librar una batalla,
me daba mil besos y en sus brazos me estrechaba.Yo, olfataba si cuerpo
que olía a aceitunas
¡Ay, me encantaba!
Y rebuscaba en su bolsillo
las que para mí, atesoraba.Ella, guardaba silencio,
disimulaba sus lágrimas,
escondía dolores del cuerpo
y el alma al sentirse tan explotada.Sí, mi madre fue aceitunera
¡Y luchó con uñas y dientes
para que yo no lo fuera.






2 Comments
Maravilla! cada detalle recitado hace que el lector lo sienta, aunque no haya tenido una vivencia similar. Seguramente que su madre se sienta muy orgullosa por usted, viendo que mereció la pena su sacrificio.
Preciosa la poesía, con qué sentimiento narra lo que era la vida de tantísimas mujeres de mi pueblo, Dos Hermanas, en aquellos años. Muchas gracias por haberla escrito.