Han terminado en ese espacio parecido al limbo, en el de los olvidos, con vistas a todo el mundo. Como tantas y tantas cosas se agotan y se abandonan a su suerte en esta pobrecita y sucia ciudad de Sevilla. Que les estoy escribiendo acerca de la ingente cantidad de cabinas telefónicas y kioscos de prensa y chucherías que hay repartidos por toda la urbe, y que pasado y pasado el tiempo y debido al avance imparable de la tecnología han acabado vandalizadas las unas y cerrados durante años a cal y canto los otros.
Estas “estatuas”, de una época ya pasada, sí que son factibles de ser derribadas por la falta de utilidad que tienen y el claro estorbo que suponen puestas como están sobre las aceras, algunas de ellas fuera de orden y medida. Pues no creo que en este acoso y derribo que yo propongo hacia estos inservibles “artefactos”, algunos politiquillos y medios se comporten como marujas y lancen sus críticas a los cuatro vientos. Cuando a mí me da que ni les va ni les viene el asunto en cuestión.
Pero a quien debería importar, sin duda, lo que aquí se expone es al señor o a la señora que gestiona el departamento municipal que se ocupa de los cacharros de la calle. Una vez visionados y catalogados los mismos, este organismo tendría que poner en balanza si conviene mantenerlos o retirarlos. Un servidor, y no soy el único, no les ve más rentabilidad de la que en su día tuvieron. Por tanto, díganme: ¿qué pinta en la actualidad este tipo de mobiliario urbano, obsoleto y definitivamente muerto?





