
Pilar Fuertes es una de las mujeres de mi vida. Si la verdadera amistad es un alma en dos cuerpos, está claro que tenemos el alma compartida. Puedo presumir de ser el primero que vio cualidades literarias en ella. Lo descubrí una noche en la que me mandó un mensaje largo, con un cabreo morrocotudo, y vi que nunca me habían cantado las cuarenta con tanta calidad literaria. “Escribe, Pilar”, le dije, y hoy es directora de su propio periódico digital, Sevillainfo, nada menos que en su tierra. No es un lince, sino la madre de todos los linces de Doñana. Como en agosto me quedé sin medio en el que escribir acordamos publicar unas columnas en su diario y lo cierto es que han tenido éxito. Recupero La Barqueta, mi columna de Diario de Sevilla, y he vuelto a abrir La Gazapera, así que dejo de publicar La Terraza con todo el dolor de mi corazón. Lo mismo regreso algún día, nunca se sabe. Pilar es un amor y me halaga que quiera tenerme en su equipo. Se está poniendo el periodismo que tener la oportunidad de publicar en un diario libre, como este, es un privilegio. He abierto de nuevo La Gazapera porque no es fácil escribir de flamenco sin que te linchen en las redes sociales. En el siglo XIX, los cantaores iban con facas y pistolas de posta a los cafés cantantes. Ahora van con un móvil y si te pasas entran en Facebook y te la lían parda. Tengo la suerte de escribir en Diario de Sevilla, que es un señor periódico, y, además, dispongo de mi blog. Es una garantía, porque tengo la sensación de que me quieren anular como periodista o crítico de flamenco, que es lo menos que se despacha en periodismo. Si todo fallara, que puede pasar, Pilar me guardará un sitio en Sevillainfo. No se lo van a creer, pero no podría vivir sin escribir. Mil gracias a Pilar Fuertes y a esos lectores que decidieron leerme también aquí. Quien tiene un lector, uno solo, se puede llamar escritor.





