Todo parece ser muy especial en Estados Unidos y, mucho más especial, si Donald Trump está de por medio. Los millones de votos por correo provocados por la pandemia aún no son definitivamente contantes y sonantes. Sin embargo, el candidato republicano ya se ha proclamado a sí mismo vencedor de esta crucial convocatoria. La contabilidad ciertamente le ha sonreído mayoritariamente en el mundo latino. Y ha ido sumando victorias en eso que allí llaman “Estados clave”: como Florida, Texas, Ohio, Georgia, Wyoming, Missouri, Kentucky, Oklahoma e incluso Mississippi. Pero se calcula que serán necesarios aún varios días para el recuento final de los votos.
Al tiempo que todavía dura el recuento de los votos, Trump ya se ha declarado como el ganador de la elecciones, contrariado con ciertos resultados a los que califica de fraude, amenazando con la posibilidad de recurrirlos ante el Tribunal Supremo.
Trump, que ya ha comparecido ante los medios a pesar de que no ha terminado aún el escrutinio de los votos (eso puede durar algunos días más), ha venido a decir que el tongo se veía venir. Pero ha insistido en sentirse ya el ganador de las elecciones. Y ha desdeñado no conocerse en estos momentos el cierre del recuento final de votos en los denominados Estados bisagra, aquellos que son decisivos para el Colegio Electoral.
Pero la verdad es que cuando Trump se autoproclamaba vencedor, sólo había logrado 213 delegados respecto de los 270 que exige el Colegio Electoral para poder erigirse en presidente. Biden había alcanzado entonces 224.
Una información de urgencia ha de conformarse ahora mismo y forzosamente con datos que no han sido arrolladores ni contundentes, que hacen suponer un futuro inmediato de batallas judiciales que alcancen a aclarar todas las dudas que a Trump le plantean millones de votos enviados por correo.
Se diría que hay una polémica situación de empate, y que los candidatos no han terminado a grandes distancias el uno del otro. Además, en el aire queda lo que ocurrirá nada menos que a nivel Senado.
Suspense, por tanto y por ahora, no sólo para los americanos sino para el mundo entero. Porque las elecciones de Estados Unidos son también y en gran medida las elecciones de muchos países, entre ellos España.





