El investigador histórico coriano Michael Martínez y el utrerano Dr. David Mendoza han publicado un libro titulado “Atlántida: La historia del Imperio calcolítico”, sobre la posible ubicación de la Atlántida de la mano de la editorial Samarcanda.
Su presentación será el viernes 6 de Octubre en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Coria del Río, donde se efectuarán firmas y ventas del libro para quien lo desee.
– Ante todo, la primera pregunta es fundamental: ¿Cómo empieza este proyecto de buscar la Atlántida?
– Nuestro camino en la búsqueda de la Atlántida ha sido arduo, dilatado en el tiempo, sobre todo el mío, ya que he dedicado unos 30 años al estudio de los textos de Platón que hablan de la Atlántida, así como otros textos históricos. Mi compañero el Doctor David Mendoza se ha llevado unos 3 años desde que nos conocimos (si bien a él también le apasionaba este tema) en realizar las comprobaciones científicas y arqueológicas que avalan mi teoría. Juntos hemos formado un gran equipo y hemos podido enmarcar el mito de la Atlántida en un contexto histórico. Por tanto, la aventura de buscar la Atlántida ha sido una verdadera odisea.
Yo partí por esbozar una hipótesis (y realicé, según los textos, un mapa geográfico) que necesitaba ser contrastadas con hechos arqueológicos y pruebas.
La Universidad se alejaba cada vez que leía el nombre de la Atlántida argumentando que era un mito. Por suerte, David, proviniendo del ámbito universitario, creyó en mí y comenzó a investigar uniendo los cabos de mi hipótesis. El resultado lo podéis leer en nuestra ópera prima juntos: “Atlántida: la historia del Imperio Calcolítico”, publicado por editorial Samarcanda.
– ¿Fue muy difícil analizar los textos de Platón para hallar la ubicación de la Atlántida?
– Teniendo en cuenta, que ninguno de los dos somos filósofos, ha sido complicado. En mi trayectoria durante estos 30 años me ha permitido contar con opiniones de buenos amigos filósofos que, dentro de la creencia para ellos de que Platón hablaba de un mito utópico, han ido aportando datos que me han ayudado a comprender a qué se refería Platón.
He podido perfeccionar un mapa geográfico y cartográfico de la situación exacta de la tierra insular que Platón describió como Atlántida (eso sí, estudiando el litoral atlántico) gracias a estudios previos realizados por expertos en la materia, en torno a la verdadera altura del océano en cada época.
Hemos de destacar que Platón indicó que tenía que darles nombres griegos y describirlos como griegos, con la arquitectura clásica griega del momento, por ejemplo, por tratarse de un pueblo considerado por los griegos como bárbaros. Esto ha confundido a muchos investigadores porque entienden la palabra “bárbaros” como inferiores o indígenas rudimentarios. Sin embargo, para los griegos, los bárbaros eran extranjeros que no pertenecían a su ecúmene o área de influencia. Por lo tanto, Platón justificaba así la existencia de una cultura que se extendía macro territorialmente por un área determinada, con escritura propia y antiquísima en el tiempo, por lo que exageraba al dar fechas cuando transmitía el relato que le contaron a su penta-abuelo Solón. Ahí tenemos la primera prueba de que, por un lado, existió una cultura importante (que se extendió en el tiempo y por determinadas causas tuvo su declive), aprovechando Platón para engrandecer las hazañas de su ciudad de origen, Atenas, que, si bien no existía como tal, sí existió un germen de la misma que se organizó en una confederación para hacer frente al pueblo en cuestión con tendencias a la expansión. Hemos de recordar que los griegos no se llamaban a sí mismo “prehelénicos” y, por tanto, en el libro explicamos por qué Atenas destacó en esa lucha contra los denominados por Platón como Atlante. Por tanto, estas cuestiones filosóficas e históricas sí nos han sido difíciles de explicar para que todos los públicos (con un lenguaje sencillo) puedan entender que no hablamos de ningún mito sino de historia.
– ¿Se adapta el período calcolítico a lo descrito por Platón?
– En nuestro libro explicamos todo esto y, por lo tanto, cualquier lector podrá comprender qué fue la Atlántida respecto al Calcolítico peninsular. Efectivamente, nos centramos en el Calcolítico del sur de la Península Ibérica, donde los datos arqueológicos, y por ello, científicos, corroboran la existencia de un Imperio por definición, si bien en el ámbito académico no han relacionado estos hechos. Tan sólo hablan de poblados que se extendían de forma macroterritorial, tanto por el sur de la Península Ibérica, como por el norte de África, lo que implicaba la existencia de una navegación especializada y todo lo que ello conllevaba.
El Calcolítico no era como nos lo han explicado en las universidades. No iban en taparrabos ni eran atrasados tecnológicamente hablando. Las pruebas arqueológicas que hemos manejado así lo demuestran y lo podréis leer en nuestro libro con más detalles.
– ¿Se asemeja el final de la Atlántida y el período calcolítico?
– Responder a esto implica generar nueva polémica. Debemos dejar claro que nuestra investigación se centra en el Imperio Calcolítico del sur de la Península Ibérica, con herencias poblacionales posteriores. Sin embargo, hubo un momento histórico en el que acontecieron una serie de catástrofes que decapitaron a ese Imperio en concreto y supuso un gran cambio en la política, sociedad, cultura y religión. Curiosamente se encuadra en el cambio de periodo hacia el Bronce peninsular que se trasladó al levante y se fue nuevamente organizando.
El fin de la Atlántida de Platón, es decir, del Imperio Calcolítico, determinó un cambio de periodo en el que algunos investigadores académicos señalan la existencia de un hiato que llega hasta la edad del Hierro. Sin embargo, demostramos que hubo un poblamiento continuo, y si bien fue derrotado el Imperio y destruida su capital y mayores ciudades, la ocupación humana en el occidente sur de la Península Ibérica continuó. Debemos aclarar también que esto supuso una pérdida cultural que aprovecharon muy posteriormente los fenicios al llegar a la Península Ibérica en busca de riquezas. Este Imperio del que hablamos ya tenía la rueda, protoescritura, la manufactura de cerveza o vino, así como la navegación especializada (tanto fluvial como marina), y todo esto se le atribuyó a la influencia orientalizante a pesar de estar registrado arqueológicamente. Todas las referencias las pueden leer en nuestro libro.
– ¿Puede alterar este libro la Historia que conocemos?
– Al hilo de la respuesta a la pregunta anterior, esta investigación alterará, sin duda, la historia que se vende en las Universidades y, como dijimos anteriormente, en un futuro cercano veremos los resultados. Si las pruebas arqueológicas indican lo que hemos referido en la respuesta anterior, ¿por qué se sigue negando la evidencia? Hay algunos investigadores universitarios que al menos se pronuncian diciendo que en el sur peninsular existía una cultura anterior a los fenicios, aunque no se aventuran en darles un nombre.
La escritura aún no está descifrada y conocemos a investigadores que están trabajando en ello, lo que avalará aún más nuestra exposición de hechos. Por lo tanto, estamos en un momento histórico similar al que vivió Schliemann en su día cuando descubrió Troya. No entendemos, por tanto, que haya intereses particulares por parte de algunas universidades en mantener esto como un mito sin valorar las pruebas que ya están registradas gracias a la Arqueología. ¿No sería un orgullo, tanto para España como para Portugal (aunque en menor medida), demostrar al mundo que la civilización más antigua del viejo continente se encontraba aquí, llámese Atlántida o llámese Casa Pepe (a modo de broma)?
– Troya empezó como un mito y al final, acabó como una realidad, ¿con la Atlántida podría pasar lo mismo?
– Efectivamente, Heinrich Schliemann en 1864 descubrió Troya siguiendo los textos de Homero, que se creían que era mera literatura. Nadie apostaba por él e incluso tuvo impedimentos en muchos campos. Sin embargo, su perseverancia le hizo dar con la legendaria ciudad que pasó a ser la histórica ciudad de Troya, tenida en cuenta como un hecho histórico y no como un mito. En nuestro caso, los textos de Platón aludían a un hecho histórico que se han entendido como mito y, por tanto, ficticio. La divulgación que se realizó desde finales del siglo XIX no contribuyó a ello pues querían ver una ciudad fantástica siguiendo los textos de Platón, y al mismo tiempo avanzada para su época e incluso se le atribuían poderes mágicos o procedencia extraterrestre. El cine tampoco ha contribuido a la búsqueda de una Atlántida histórica. Nada más lejos de la realidad pues nosotros hemos partido de un hecho histórico que corresponde con lo que Platón describía, pero no literalmente, sino entendiendo, o, mejor dicho, leyendo correctamente las traducciones que existen de Platón. Por ello, creemos estar en la línea correcta como lo estuvo Schliemann en su día, así que, en algún futuro no muy lejano, esto dejará de ser un mito para convertirse en una realidad histórica.
– Para terminar, teniendo en cuenta que muchos lectores estarán interesados en tan apasionante cuestión: ¿Dónde se puede conseguir el libro?
– El libro ha salido a la venta gracias a la editorial Samarcanda y está disponible en la web de la propia editorial y en su plataforma, así como en grandes superficies comerciales, librerías, Casa del libro, el Corte Inglés, o en Internet entre otros sitios, pues tenemos entendido que se va a divulgar de forma internacional e incluso traducir a otros idiomas.





