La realidad española está últimamente condicionada por la invasión de Ceuta y por la increíble dejación de funciones por parte del presidente Pedro Sánchez. El notario, politólogo y periodista Juan José López Burniol escribió un artículo crítico sobre el presidente titulado “La revancha”, que “La Vanguardia” se ha negado a publicar, dando de muestras de su falta de objetividad, y lo ha hecho “The Objective”.
Censura de “La Vanguardia” a un artículo de López Burniol
López Burniol, ex-presidente del Tribunal Constitucional de Andorra, es un nacionalista catalán federalista que defiende una nación catalana soberana dentro de la Federación de España. Fue coautor, junto con Enric Jualiana, del vergonzoso editorial único “La dignidad de Catalunya”, publicado el 26 de noviembre de 2009 por los 12 principales periódicos catalanes -incluida “”Vanguardia”-, para presionar al Tribunal Constitucional ante su inminente sentencia sobre el Estatuto de Cataluña. El politólogo lleva años publicando una columna semanal en el periódico de los Godó hasta el pasado 19 de agosto, cuando el director del diario, Jordi Juan -de acuerdo con Javier Godó- le comunicó la no publicación del artículo y la suspensión de sus relaciones profesionales.
Desde 2022, Burniol ha evolucionado en su separatismo radical y criticado muy a menudo a Sánchez. En su artículo dice que, desde hace años ha ido tomando cuerpo en España una insistente ansia de revancha de nuestra última contienda fratricida, que se libra como una guerra civil afortunadamente híbrida en la que no se combate, el bloqueo y el colapso inconstitucionales, y la polarización radical de las posturas que desembocan en un enfrentamiento civil. Ello se manifiesta en el alineamiento de dos bandos separados por un maldito muro, erigido en mala ahora por el presidente Sánchez, cuyas bases son las mismas que definió el pacto de San Sebastián en 1930 y que llevó al enfrentamiento guerracivilista en 1936: por un lado, las izquierdas de distinto octanaje más las derechas separatistas catalanas y vasca y, por otro, el resto de las derechas.
El objetivo que se persigue con esta revancha, iniciada desde el poder por el presidente Rodríguez Zapatero, es a) poner fin a la segunda restauración monárquica instaurada en la persona de Juan Carlos I; b) derogar la Constitución de 1978; c) abrogar el régimen implantado; d) derrocar al Rey Felipe VI para conectar directamente con la legalidad de la II República; e) instaurar una III República presidencialista, plurinacional y confederada, que ponga fin a España como nación, como un ámbito de solidaridad primaria e inmediata conformada por la geografía y por la historia, en la que todos los españoles sean iguales. Volvemos a las malditas “dos Españas”, que no son adversarias sino enemigas. A la solución del conflicto no antecede unas reglas aceptadas por todos, sino el respectivo poder de las fuerzas en presencia, con el apoyo sicario de sus tropas auxiliares mediáticas. El choque se iniciará pronto -a lo más tardar a fin del año- y este conflicto civil coincidirá con el estallido de la crisis larvada y agravada de Ceuta y Melilla, que vistos los antecedentes- acabará en un nuevo 98 y será el desastre final. España perderá y entonces podremos decir: “Entre todos la mataron y ella sola se murió”. No habremos sabido preservar el legado que recibimos. “Los actuales dirigentes son legítimos, pero carecen de ‘auctoritas” y de credibilidad”.
El artículo puede que sea tremebundo y exagerado, si bien contiene verdades como puños. Está escrito de forma correcta y expresa una opinión, que podrá ser aceptada o no a gusto del consumidor. Era un artículo firmado por un periodista prestigioso colaborador del diario, por lo que el palo podía aguantar la vela. Resulta intolerable que un periódico pretendidamente serio lo censure por razón de sus hipotecas con los Gobiernos central y autonómico, y con el nacionalismo residual, si bien resulta explicable que un diario complaciente con la superioridad política no tolere que se critique duramente a un presidente del Gobierno que hace tanto por Cataluña.
Inexplicable inacción del Gobierno de Sánchez en Ceuta
Aunque sea de refilón, el artículo hace referencia al asalto a Ceuta, que está íntimamente unido con la dejación de funciones de Sánchez y de su Gobierno. Su actuación, o la falta de la misma, han sido tan patentes, que no hace falta formular ningún calificativo crítico, porque basta con narrar los hechos. Según ha declarado en el Congreso la ministra de Defensa, Margarita Robles, el 27 de julio se celebró en Ceuta una reunión a la que asistieron el presidente de la ciudad, Juan Jesús Vivas, el delegado del Gobierno, Miguel Ángel Pérez, y agentes del CNI, en la que éstos plantearon la situación provocada por las redes sociales con su llamamiento a una entrada masiva en Ceuta cruzando de espigón del puerto en base a la sentencia del Tribunal Supremo que no permitía la devolución de los asaltantes que entraran en la ciudad a nado, por lo que estaban aumentando las llegadas por esta vía. En una reunión celebrada el día 29, los agentes informaron a la Delegación del Gobierno de la convocatoria para al día siguiente de un asalto por vía marítima aprovechando la celebración de la fiesta del Trono. Había, por tanto, información previa sobre la situación, pero el Ministerio del Interior le quitó importancia señalando que la situación era similar a la de otros años.
El ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska ha negado varias veces que su Departamento hubiera recibido información alguna los servicios secretos y que “no había ningún informe que a dijera que el 30 de julio iba a suceder lo que finalmente aconteció”, aunque, para salvar los muebles de todos, dijo estar convencido de que “todo el mundo actuó correctamente” –incluido, por supuesto, Marruecos . Haciendo eco a su jefe, el delegado del Gobierno reiteró que no había recibido ningún informe que advirtiera de lo que iba a suceder el día 30, aunque reconoció que recibía información diaria sobre el incremento de las llegadas de inmigrantes a través del mar.
Producida la invasión de Ceuta por parte de más de 80.000 “turistas”, Sánchez no hizo nada ante una situación tan grave, salvo enviar a dos de sus ministros a la recepción de la Embajada de Marruecos y alabar la interlocución con este país, un aliado y un socio leal. Se negó a declarar la emergencia nacional o la Situación de Interés para la Seguridad Nacional en Ceuta -pese a haberlo solicitado Vivas-, no convocó el Consejo de Seguridad Nacional, ni estableció un mando unificado. Ni siquiera activó el Comité de Situación de Crisis. No recurrió a la Ley de Seguridad Nacional, ni a la Ley de Sanidad. No hizo absolutamente nada en una rotunda dejación de funciones. Aún dejó pasar un día antes de trasladarse muy a su pesar a Ceuta junto con el ministro de Interior, al que Vivas preguntó cuántos inmigrantes habían participado en el asalto y cuántos continuaban en la ciudad y respondió que no lo sabía. Por unos segundos, Sánchez se sintió estadista y afirmó de forma solemne que en Ceuta se había producido un ataque contra la integridad territorial de España, aunque no dijo por quién, pero a continuación exoneró a Marruecos de cualquier responsabilidad. Ante los temores expresados por Vivas, Sánchez le dijo que no se preocupara, porque Marlaska “no se va hasta que esto se normalice, tienes mi palabra.”. “¿Qué entiende por normalidad, presidente?”. “La vuelta de todo a la normalidad. Normalidad absoluta”. Vivas le preguntó a Marlaska cuánto tiempo llevaría la salida de la ciudad de los emigrantes y el ministro contestó que lo harían “uno a uno”. “Hombre, si es uno a uno, esto va a durar mucho…”, pero Sánchez lo interrumpió y le dijo: “Vamos a comparecer juntos”. “Presidente, perdóname, pero no puedo”. “ ¿Y eso?”, “Porque voy a decir cosas de Marruecos, que es mejor que no esté Vd . a mi lado”. Sánchez frunció el ceño e hizo una declaración en solitario, en la que cantó los loores de Mohamed VI y del amigo Marruecos. Sánchez apenas estuvo unas horas en Ceuta y salió escopetado hacia la Mareta, porque un presidente tan esforzado debe tener como máxima prioridad el disfrute de sus vacaciones, muy por encima de bagatelas como la ruptura de la integridad territorial de España. Vivas culpó al Gobierno central de haber actuado de forma tardía e insuficiente.
Desfile de ministros por Ceuta
Al día siguiente, Marlaska llamó a Vivas para decirle que todo estaba arreglado y que se iba porque tenía una reunión de ministros europeos -la reunión era tres días más tarde y podía participar en ella por teleconferencia-, y éste le contestó: “Pero si el presidente me ha dicho hace 24 horas que se iba a quedar hasta que esto acabara”. “Sí, pero es que ya está así, con toda la gente que ha regresado, y tengo la reunión europea, lo siento”. Bien sabemos lo que valen las palabras de Sánchez y de Marlaska.
Sánchez ha utilizado a sus ministros como escudos humanos y los ha mandado con profusión a Ceuta para resguardarlo, mientras buceaba y pescaba en Lanzarote protegido por una lancha de la Guardia Civil de las que se echan de menos en la ciudad autónoma, en el estrecho de Gibraltar y en el río Guadalquivir. Llegó
la ministra de Migraciones, Elma Saiz, que pidió protección especial y Vivas le contestó que difícilmente se la podía dar cuando tenía la ciudad ocupada. Pasó de puntillas por la playa del Tarajal, dio una rueda de prensa, fue y no hubo nada. Las fuerzas de seguridad desalojaron de inmigrantes dicha playa para trasladarlos a otro emplazamiento más adecuado y, cuando se retiraron aquéllas, la playa se volvió a llenar.
El ministro de Administración Territorial, Ángel V. Torres, preguntó a su colega cómo era posible que hubieran regresado a la playa los expulsados y Vivas le replicó que no eran los de antes, sino otros. “Pero Ángel ¿no sabéis que tenemos Ceuta llena de esta gente?”. La ministra de Juventud, Sira Rigo, arribó ufana para hacerse la foto y llevarse a España a todos los MENA que estuvieran en Ceuta, aunque no supiera cuántos eran.
Una visita que tuvo algún sentido y contenido fue la de Robles, que fue la única de los ministros que pisó la calle, escuchó las justificadas quejas de los ceutíes, les mostró empatía y los animó. Reconoció que, si los ceutíes se sentían abandonados sería porque algo se habría hecho mal.
Afirmó que “Ni a Ceuta ni a Melilla se las toca; cualquier agresión a Ceuta o Melilla es a España en su conjunto, y lo que pasó el día 30 no puede volver a pasar”. Robles pidió a Marruecos que luchara contra las mafias y depurara responsabilidades por la invasión.
Uno de los más tardíos en llegar fue el vicepresidente Carlos Cuerpo, que trató de justificar la tardanza en la adopción de medidas con el absurdo argumento de que ya se había pasado a una fase más amplia en la cual ya no solo se hablaba de elementos securitarios, sino en la que cada vez tenía más importancia reforzar la coordinación entre todas las autoridades competentes ¿Por qué cuando se produjo la invasión no había necesidad de coordinar esfuerzos y 26 días después sí? Para el vicepresidente 1°, la convocatoria del Consejo Nacional de Seguridad y el establecimiento de un mando único -un mes después de violación de la integridad territorial de España- supondrían “un antes y un después” en la gestión de los inmigrantes que permanecían en Ceuta, harían que las repatriaciones fueran lo más rápida posible, y que se agilizara la acogida de menores. Los ejes prioritarios eran reforzar la seguridad urbana y fronteriza, fortalecer los servicios públicos, revitalizar el tejido empresarial, gestionar los retornos y dar solución a las personas migrantes presentes en la ciudad. ¡Casi ná! Prácticamente todo, salvo lo más importante: impedir la violación de la soberanía española, que no parecía preocuparle, porque lo prioritario era resolver una cuestión migratoria de menor cuantía en beneficio de los inmigrantes y no de los ceutíes. Me ha decepcionado Cuerpo que era una de las pocas personas serias del Gobierno y ha pasado del ámbito tecnocrático al político sectario del sanchismo. Como primer ministro “de facto” debería haber mostrado mayor de sensibilidad hacia la integridad territorial de España, la inviolabilidad de sus fronteras y la seguridad y el bienestar de los ceutíes.
28 días tardó en unirse al carrusel la ministra de Sanidad, Mónica García, pese a la lamentable situación sanitaria que atravesaba Ceuta, calificada por el Colegio de Enfermeras de la ciudad de “crisis sin precedentes”, con instalaciones al borde del colapso y el desarrollo de enfermedades contagiosas hasta entonces inexistentes, como la tuberculosis o la sarna. Llegó tarde y encima insultando, al acusar a los ceutíes de exagerados y de xenófobos, hasta el extremo de haber sido criticada por dirigentes socialistas por menospreciar a la ciudad. Declaró falsamente que la sanidad era responsabilidad del municipio, cuando depende directamente del Gobierno central, y dijo a todo que no. Tuvo que reconocer que había que proteger a la población hacinada contra ciertas enfermedades, pero su Departamento carece de un depósito suficiente de vacunas y ha tenido que pedir 45.000 unidades a las denostadas Comunidades.
Reacción tardía e insuficiente
26 días después de la invasión de Ceuta, el Gobierno de Sánchez ha adoptado una serie de medidas fundamentales que se negó a tomar, de forma inexplicadas e inexplicables, a raíz del asalto procedente de Marruecos. Convocó el Consejo del Seguridad Nacional, estableció un mando único en la persona del ministro Torres, declaró a Ceuta de Interés para la Seguridad Nacional , y formó un Consejo Supervisor presidido por Torres e integrado por el presidente de la ciudad y varios ministros con competencias en la materia. Curiosamente el Ministerio de Torres carece de tales competencias y éste está jerárquicamente por debajo de los vicepresidentes.
El Consejo de Ministros ha adoptado aprisa y corriendo un Decreto “desnortado”, porque -siguiendo su línea exculpatoria de Marruecos a todo coste- el Gobierno ha perdido el Norte de la situación y ha sustituido una grave violación de la soberanía española y de la integridad territorial del país por una cuestión migratoria de entrada irregular en Ceuta, y define la invasión como una afluencia masiva y simultánea para su capacidad de acogida. Hace especial hincapié en los aspectos humanitarios en beneficio de los asaltantes y presta insuficiente atención a los asaltados.
El Gobierno ha aprobado sendos anteproyectos de ley para adecuar la normativa española al Pacto Europeo Emigración y Asilo de 2024, en vigor desde el pasado 12 de junio, con el objeto de acelerar los trámites para la expulsión de los extranjeros que se encuentren en situación irregular. El primero, que afecta a una nueva Ley de Asilo, introduce un procedimiento acelerado para que los expedientes de solicitud de protección internacional se resuelvan en tres meses; el segundo, que implica la reforma de la Ley de Extranjería, prevé que, en los casos de los inmigrantes que lleguen ilegalmente a España y no cumplan los requisitos para tener derecho a ser acogidos, su retorno deberá ser ejecutado en un plazo máximo de 12 semanas, “de forma tan eficaz como garantista”. El proceso no hace más que empezar y tiene pocas posibilidades de éxito a corto plazo. Los textos deberán ser enviados a los Ministerios competentes para que incorporen sus aportaciones, y luego sometidos a informes del Consejo de Estado, el Consejo General del Poder Judicial, el Consejo Fiscal, la Comisión Interministerial de Extranjería, la Agencia Española de Protección de Datos, el Foro para la Integración Social de los Inmigrantes, el Consejo Estatal de Organizaciones No Gubernamentales de Acción Social… -. No deja de ser curioso que para la aprobación de la Ley de Amnistía se adoptó un procedimiento de máxima urgencia, se prescindió de los informes preceptivos de los altos órganos consultivos y se ignoraron las enmiendas de los grupos parlamentarios de la oposición. Es harto improbable que se aprueben estas normas en lo que queda de esta agónica legislatura.
Comparecencias en el Congreso
Según Lucía Méndez, es difícil sostener democráticamente que el presidente no haya comparecido en el Congreso cuando él mismo denunció un ataque contra la soberanía nacional. Tampoco ha contado con el Rey, al que no ha autorizado a que visite Ceuta -porque el momento no es oportuno (¿?)- y hasta le ha sugerido a través de un ministro que mande un mensaje a Mohamed VI para agradecerle su colaboración. Sánchez se ha servido de sus ministros para que acudan al Congreso -no al Senado-, aunque al final tendrá que comparecer “voluntariamente” el 3 de septiembre. Las comparecencias más importantes han sido las de Robles, Marlaska y Bolaños. Robles dio datos y fechas sobre advertencias que se hicieron sobre una amenaza explícita que se estaba gestando, y mantenido que el que la labor del CNI fuera secreta no podía ser un obstáculo para decir que sus agentes realizaron la labor que competencialmente les era exigible, que compartieron y analizaron con la fuerza de seguridad del Estado y con el personal de la Delegación del Gobierno. Hay actores interesados que probablemente hayan favorecido esta crisis o están utilizándola con una finalidad política para desestabilizar a España y a la UE. Reiteró que Ceuta era “españolísima” y pidió perdón a los ceutíes por su sentimiento de angustia, abandono e inseguridad. Actuó de forma patriótica y solo le faltó presentar su dimisión para hacerla completa.
Marlaska se aferró a su mentira al reiterar que su Departamento no recibió información de los servicios secretos sobre la invasión. Afirmó que, en todo momento durante los días 30 y 31 de julio, existió una estrecha colaboración con las autoridades marroquíes para facilitar el retorno de los inmigrantes -¿también lo hubo sobre el “torno”-.” Vuelvo a resaltar la solidaridad de nuestra cooperación en materia migratoria con Marruecos y también en materia de seguridad”. El principal valedor de la postura gubernamental fue el ministro de Justicia, Félix Bolaños (¿?), que atestiguó que no hubo información previa ni precisa de la magnitud de la “entrada”, ni evidencia alguna de que Marruecos hubiera liderado o impulsado la operación. “No se pueden lanzar insidias ni sospechas contra un país fronterizo con el que hay que cooperar y tener buenas relaciones de vecindad. Se está faltando el respeto a Marruecos sin ninguna prueba”. Si el CNI no hubiera informado, demostraría que es peor que la T.I.A., pues hasta particulares -viendo el mapa de Google- y empresas tecnológicas, como la start-up vinculada a la Universidad de Alicante “Golden Owl” habían detectado el inicio de la cabalgata. La empresa situó los primeros movimientos en el mes de marzo, coincidiendo con que congresistas republicanos estadounidenses afirmaron que Ceuta y Melilla estaban situadas en territorio marroquí. El 19 de ese mes, se publicaron en Tik-Tok las primeras noticias sobre un posible asalto a Ceuta y, entre el 24 y el 31 de julio, se dio publicidad al informe “Asalto Karijay”. Por lo que pueda valer, la plataforma de “hackers” “Jabaroots” ha filtrado información sensible sobre los Servicios Secretos y de la Administración marroquíes, incluida una filtración que señala a Fuad-Ali al-Himma -principal consejero aúlico de Mohamed VI- y a Abdellatif Hammouchi -jefe de la Inteligencia marroquí, a quien Marlaska ha concedido la Gran Cruz de la Guardia Civil- como los organizadores de invasión.
Lo más original de Bolaños fue su petición a la oposición de que hicieran un “curso de diplomacia básica”, porque estaba faltando respeto a Marruecos sin ninguna prueba. La invitación me parece interesante y estoy dispuesta aceptarla, porque, después de 43 años como diplomático -he sido 15 veces embajador- y 44 como profesor de Derecho Internacional y de Derecho Diplomático -en la Escuela Diplomática y en las Universidades Complutense y de la Rioja- he llegado como Sócrates a la conclusión de que “solo sé que no sé nada” en materia diplomática, por lo que, a mis 90 años estoy dispuesto a aprender cómo se debe dar las gracias a un Estado que reclama la soberanía de tus territorios, permite -cuando no organiza- la invasión de Ceuta por 80.000 personas, mantiene que Canarias no tiene los mismos espacios marítimos que Marruecos o incluye aguas marítimas españolas en sus aguas interiores.
La situación en Ceuta no puede ser más catastrófica. El Gobierno ni siquiera sabe cuántos asaltantes quedan en la ciudad y entre 5.000 y 10.000 campan por la ciudad, cometiendo algunos de ellos tropelías y aterrorizando a la población. La criminalidad ha aumentado un 900% y se han producido 16 violaciones de menores. Un grupo de malhechores atacaron a pedradas un convoy militar e hirieron a 4 soldados. Las fuerzas de seguridad son insuficientes y están desbordadas, y algunos manifestantes hartos asaltaron un campamento en la playa de Benítez y destruyeron tiendas de plástico, teniendo que intervenir la policía. La Asamblea de la Comunidad ha adoptado una declaración en la que a) rechaza con rotundidad cualquier tipo de violencia; b) exige al Gobierno que actúe de forma inmediata y tome medidas para que se recupere la normalidad; c) considera legitimas y justificadas las manifestaciones, que deben realizarse de forma pacífica y hace un llamamiento a la calma; d) pide el retorno a su país de quienes entraron ilegalmente en la ciudad; e) solicita el reforzamiento de las fuerzas de seguridad y el blindaje de la frontera.
Como ha editorializado “El Debate”, la invasión ha engendrado una auténtica ocupación de la ciudad a la que se ha impuesto la suciedad, las enfermedades, la inseguridad y el riesgo de que se repita un episodio similar, y avance la hoja de ruta anexionista del instigador, cómplice o beneficiario de esta vergüenza, que es el régimen de Rabat, y el Gobierno ha dedicado más tiempo a agradecer a Marruecos su inexistente colaboración, que a atender a Ceuta, restituir los derechos de sus ciudadanos y tomar las medidas oportunas para defender su soberanía. Los ministros de Justicia y de Asuntos Religiosos lo han dejado bien claro. Ceuta y Melilla son marroquíes. ¿Y qué hace Sánchez? Ensalzar a Mohamed VI y veranear en Lanzarote en vez de defenderlas.





