La catástrofe humanitaria que ha sufrido España saldándose con pueblos devastados, hogares destruidos y centenares de vida cercenadas nos ha dado el espectáculo más bochornoso que se ha visto en la política nacional en mucho tiempo. PP y PSOE, los dos partidos que se reparten el poder en España, lejos de hallar soluciones y paliar el dolor de numerosas personas que han perdido sus casas y sus seres queridos, teniendo que empezar de cero acompañados sólo por un fuerte dolor, se dedican a culparse mutuamente de los daños de los que han sido igualmente responsables.
Mientras que la Confederación Hidrogáfica veía cómo se multiplicaba por cinco su caudal y no pocas personas no sabían qué hacer ante tan letal DANA (si subirse al tejado o bajar al sótano), el gobierno valenciano permanecía de brazos cruzados, actuando de manera cobarde el Ejecutivo del popular Mazón al no atreverse a tomar decisiones.
El primer aviso de la AEMET se produjo a las 7.30 horas de ese mismo día, Mazón dio una rueda de prensa a las 18 horas para anunciar que el temporal se desplazaba y disminuía su intensidad, para enviar un SMS generalizado a las 20 horas, apenas quince minutos antes de que se produjera.
Una vez aclarada la responsabilidad del gobierno autonómico, cabe adentrarse en la del Ejecutivo de Sánchez, que tuvo en su mano enviar a la Guardia Civil y al Ejército, así como declarar el estado de alarma, excepción y sitio, algo que no hizo, pues trató de retrasar al máximo el despliegue del Ejército.
La Ley de Seguridad Nacional, en su artículo 23.2 habilitaba al gobierno a asumir el mando de la situación, llevando a cabo una coordinación reforzada, ya que la DANA no era una cuestión circunscrita únicamente a la Comunidad Valenciana sino, por el contrario, extensiva a otras regiones como Andalucía y Castilla-La Mancha. No obstante, dos días después de la catástrofe sólo había 500 efectivos en la zona, y todo ello por mucho que Margarita Robles trate de articular de manera falsaria el relato de que no era competencia del gobierno central para cargarle todas las culpas a Mazón.
Por si toda esta infamia no fuera suficiente, el ministro del Interior francés dijo públicamente que había ofrecido doscientos bomberos y sus vehículos y Marlaska dijo que no era necesario porque España movilizaría al Ejército, cuando luego se ha visto un lento e ineficaz despliegue.
Las imágenes más bochornosas se han podido ver en la visita oficial de los Reyes y el presidente del gobierno a la zona, cinco días después de tan trágicos acontecimientos, en los que los afectados se han visto completamente abandonados y desamparados por las autoridades de su propio país, cuyas instituciones funcionan muy bien para un despliegue de seguridad de sus representantes que, para colmo, entorpece la labor de las muchas personas que están intentando recuperar su vida, pero son absolutamente incompetentes cuando está en juego lo verdaderamente importante: salvar y ayudar a aquellos que sufren en la peor situación posible.
La actitud de Pedro Sánchez es, una vez más, la propia de un psicópata para quien el fin justifica cualquier medio. No hay más que ver las repugnantes imágenes de su llegada a la zona riendo, en claro contraste, con el semblante serio del Rey. No hay más que ver cuáles han sido sus prioridades: el mismo día de una tragedia sin precedentes, su preocupación era hacerse con el control de RTVE y colonizar un ente público para pastorear a la opinión pública en función de su más espuria conveniencia, algo que llevó a que parte de la oposición (PP, VOX, UPN y Compromís) abandonase el Pleno como protesta. En efecto, el Ejecutivo, lo consideraba una cuestión urgente (palabras literales), pero no lo era la declaración de zona catastrófica, que pospuso hasta el próximo Consejo de Ministros, pues para ellos, podía esperar, pero controlar la televisión pública les corría prisa. ¿Nos gobiernan psicópatas? Es tan aterrador el contraste de prioridades que invita a pensar que sí.
Esta responsabilidad es, evidentemente extensiva a los aliados del gobierno social-comunista, como es el caso de las formaciones separatistas y de ultraizquierda como Podemos, PNV, ERC, JxCat y BNG, que también consideraron la urgencia de esta cuestión, pues para ello consiguen concesiones de tan nefasto gobierno al que interesadamente sostienen.
Ante su visita al lugar de la catástrofe, Sánchez ha evidenciado que no sólo es un personaje inmoral y sin escrúpulos sino un cobarde, y los medios de comunicación han actuado como su vergonzante comparsa en un burdo ejercicio de manipulación. No debe olvidarse que la visita a Paiporta era de los Reyes y no del presidente del gobierno, que se sumó imponiendo su presencia.
El mismo Sánchez que en su día tachó de “indecente” a Rajoy, que recibió un puñetazo pocos días después en un mitin y va de la mano de quienes siguen sin condenar los asesinatos de ETA y alentaban los escraches, pese a su pavorosa insensibilidad ante los demás, demuestra tener la piel muy fina cuando se refiere a sí mismo, algo que evidencia la categoría personal de alguien. No debe olvidarse que dos presidentes del gobierno han sufrido en sus carnes la violencia: Aznar salió del coche limpiándose la cara por varios cortes después de un atentado de ETA contra su vehículo y Rajoy siguió con normalidad en un mitin, sin llevar a cabo acciones penales, cuando un joven le propinó un puñetazo que le partió las gafas y le hinchó el rostro. Y si nos retrotraemos aún más en el tiempo, es verdaderamente admirable la valentía de Adolfo Suárez cuando se enfrentó a unos golpistas en el Congreso, que, además, le apuntaban con una pistola.
La guerra de Ucrania ha evidenciado la forja de un liderazgo que no se veía desde la Segunda Guerra Mundial, pues Zelensky recuerda mucho a un gran estadista como Churchill, pues a pesar de que le han ofrecido refugiarse en Estados Unidos, en un ejercicio de patriotismo se ha quedado resistiendo en su país a riesgo de ser asesinado por Putin, sobreviviendo a varios intentos de asesinato del autócrata ruso. ¿Hubiese hecho lo mismo Sánchez? Todo apunta a que, por el contrario, no tardaría en abandonar el poder al que se aferra a toda costa en aras de su propia supervivencia como en su día hizo otro felón como Fernando VII, que no dudó en conspirar contra su propio padre por la Corona para luego entregársela a Napoleón en las ominosas abdicaciones de Bayona a cambio de un alto tren de vida y una pensión millonaria en Francia.
Es paradójico que el único que se ha quedado para hablar con los afectados e interesarse por su situación ha sido el Rey, el único sin poder ejecutivo y que, a diferencia de Sánchez y Mazón, no tiene responsabilidad en lo sucedido, es decir, que ha asumido responsabilidades el único que no es responsable de semejante mal. No obstante, y a pesar de que soy y me considero fuertemente monárquico, no me gusta en absoluto el papanatismo de nuestros medios de comunicación (que siempre han pecado de cortesanos) con nuestra Corona, que llegó hasta el extremo de que (por citar una anécdota que yo mismo viví) cuando el Rey Emérito fue a presidir una corrida de toros en Sevilla, el diario ABC tituló: “El Rey Juan Carlos, en defensa de la tauromaquia”.
La Corona, al igual que cualquier otra institución, está y debe estar sometida a la crítica, pues se debe a todos los españoles y por ello, debe estar expuesta al escrutinio de la opinión pública para que funcione y mejore aquello que sea susceptible de ello. Si el Rey es el símbolo de la unidad y permanencia de la Patria, debe estar, precisamente al servicio de España.
Si bien es cierto que es digna de elogio la valentía del Rey, exponiéndose al barro y retirando a su propio servicio de seguridad, ¿su visita va más allá de ser un simple gesto de cara a la galería? ¿sus palabras mejoran la situación de las numerosas personas que están viviendo un auténtico infierno? Es evidente que está en su mano movilizar a aquellos que podrían sacar de esa situación de devastación y miseria material a las personas que ha ido a visitar. No dudo en absoluto que haya sentido el dolor de esas personas y haya empatizado con ellas, pero si es así, ¿por qué no hace algo por ellos que alivie su situación? Hay precedentes no sólo dentro de la Monarquía española sino de la propia dinastía borbónica, que, a mi juicio, ha dado sin término medio, muy buenos y muy malos reyes. Dentro de las páginas de oro podemos situar a Carlos III y Alfonso XII y en el seno de las más oscuras páginas, al ya citado Fernando VII, de quien el propio Pedro Sánchez se ha convertido en digno sucesor.
Alfonso XII no sólo contribuyó a dar estabilidad y pacificar el país, sino que se mostró un Rey cercano al pueblo, acogiendo en el Palacio Real a los afectados por una epidemia de viruela. Felipe VI ha tenido la oportunidad de tomar ejemplo de tan admirable antepasado en la actual situación, que así lo requería.
No obstante, los hechos de Paiporta, que muestran la indignación de un pueblo ante el abandono de sus autoridades en pleno, sólo han servido para que los dos grandes partidos se arrojen los trastos entre sí sin aportar soluciones y que los medios manipulen, presentando a Sánchez como una víctima de la “ultraderecha” por haberle tirado una rama que ni siquiera le ha llegado a impactar, marchándose después como el cobarde que realmente es. Como ha dicho César Vidal, si tan marginales (en palabras de Sánchez) eran los que protestaban frente a él, ¿por qué ha tenido que marcharse pese a contar con un equipo de seguridad? ¿Eran anti-sanchistas organizados por la ultraderecha? Es curioso, pues también coreaban consignas exigiendo la dimisión del presidente valenciano, del PP.
Mazón no sale mejor parado que Sánchez por mucho que su partido trate de articular el relato de que es un “valiente” que se ha quedado con el Rey mientras el líder socialista se marchaba, cuando lo único que ha hecho es aferrarse al servicio de seguridad del monarca, siendo corresponsable junto a Sánchez de la incompetencia que ha generado imágenes aterradoras que, en no pocos casos, se podrían haber evitado. Sólo de esta manera se puede explicar (cómo ha señalado acertadamente Juan Manuel de Prada) las elevadas pérdidas humanas que la DANA ha generado en comparación con décadas anteriores: en 1982, con el doble de litros por metro cuadrado hubo 40 muertos y en 1957, un total de 80. Si ahora hay como mínimo 200 muertos y una cifra no cuantificada de desaparecidos habiendo muchos más medios que entonces para prevenir y paliar el desastre, la respuesta es obvia: el problema estriba en la incompetencia de las autoridades.
El “que buen vasallo si hubiera un buen señor” ha sido, desafortunadamente, una constante en la Historia de España, y no sólo en referencia a un Cid Campeador leal a un Rey que no valía tanto como él, sino con los muchos españoles que lucharon hace dos siglos contra el invasor francés clamando por la vuelta de Fernando VII como monarca legítimo, el mismo que no dudó en perseguir después a muchos de esos patriotas liberales que combatieron por él. Ahora esa dinámica se repite, pues dentro de tan colosal tragedia se ha podido ver la solidaridad del pueblo español, con personas venidas de diferentes puntos del país para ayudar a sus compatriotas en remotos pueblos de Valencia. Hechos como estos son los que nos hacen estar orgullosos de ser españoles, pues este y no otro es el verdadero patriotismo. Una vez más, el pueblo ha estado por encima de sus representantes políticos.





