Dije que un día de estos Pedro Sánchez, en alguna visita al aeropuerto de San Pablo, en Sevilla, descenderá por la escalerilla del Falcon, sin saludar siquiera, y le lanzará las llaves, al sesgo y por el hombro, a Susana Díaz para que le aparque la aeronave. Como si fuese una «gorrilla». Y no habrá ni recompensa.
A Susana Díaz, que fue la candidata oficialista en las primarias a dirigir el PSOE en disputa con Sánchez, le salió aquello tan humillante de «Tu problema no soy yo, Pedro; tu problema eres tú», porque en aquel entonces Sánchez parecía y era un ‘outsider’, un atracador, un caco, un forajido que no contaba con el respaldo de los «padres refundadores», los pesos pesados en la historia reciente del partido y al que le arreaba estopa incluso el candidato de una tercera vía, Patxi López, quien en un momento del debate, ante el desbarajuste mental y argumental del asaltante, le preguntó:
– «Pero vamos a ver, Pedro, ¿tú sabes lo que es una nación?»
A lo que el aspirante, completamente desarbolado, pero con la misma jeta de piedra que exhibe en cada ocasión, le respondió:
– «Pues es un sentimiento que tiene muchísima ciudadanía, por ejemplo en Cataluña, por ejemplo en el País Vasco, por razones culturales, históricas o lingüísticas».
Y ahí quedó, para los restos, la ilustrativa y meteórica definición de la soberanía del Estado que en tiempos de los Borgia o en los de Montesquieu le habrían supuesto a Sánchez que su cabeza apareciera colgada en una pica durante semanas a las puertas de la ciudad para que los cuervos le comieran los ojos al sol.
Sólo Rubalcaba acertó a adivinar, y fue demasiado tarde, que detrás de aquella careta de palabrería hueca se ocultaba un tipo inconcebible en su marasmo, en su posibilismo, en su relativismo y en su aspiración de incongruencia, dispuesto a romperle las barreras del sonido al partido que Felipe González doblegó anunciando su propia dimisión para que renunciara en sus postulados al marxismo.
El sanchismo venció en las primarias… y fue fatal.
Pero a Susana le ha llegado la hora definitiva y se ha girado la tortilla. Ahora es ella la que no tiene tiempo que perder en otra cosa que no sea visitar agrupaciones y pueblos sin descanso por toda la geografía andaluza, sin el respaldo del aparato oficial que ella misma encabeza y con un candidato en la sombra alternativo, Juan Espadas, actual alcalde de Sevilla, después de que la infumable Marichús Montero, ministra y ex consejera de Hacienda, haya rechazado dar la batalla a su antigua madre superiora.
Por su parte, en el PP también circulan aguas turbulentas bajo los puentes de los acuerdos y los desacuerdos. Juanma Moreno ha logrado apaciguar las tensiones del pacto con C’s después de lo de Murcia y lo de Madrid, pero el mérito no parece tanto suyo como de la situación interna de los naranjas, porque Juan Marín busca un acomodo particular entre sus huestes tras la fuga al PP del factotum que lo controlaba todo, Fran Hervías, el taimado «pater familias» que anotaba y decidía las ditas de cada aspirante dentro del partido, lo que ha desactivado en buena medida a los adversarios de Marín dentro de la propia organización.
Siendo mucho el logro, a Juanma Moreno aún le queda otro problema, como es la recia posición de Virginia Pérez, la presidenta del PP de Sevilla, que no se arredra ante los ataques ordenados por «el ausente» Javier Arenas, valedor de Juanma Moreno y a quien debe (además de a la fortuna) todo lo que es y ha sido en su carrera política.
Los últimos intentos de asaltar el PP de Sevilla con un «candidato a palos», Juan Ávila, actual alcalde de Carmona, que posee la misma sutileza que un ladrillo, retratan a un Moreno Bonilla obediente como un valido pero sin muchas ganas de entregarse a una batalla total como le pide su p.p., que no son las siglas de un partido, sino las de «padre putativo», «por poderes» o «padre a perpetuidad»…
Los de VOX tampoco se andan con chiquitas en esto de los apadrinamientos y, si laminaron sin piedad alguna al juez Francisco Serrano, la exitosa cabeza de cartel que les valió su primera entrada en las instituciones en toda España, como si fuese el Don Rodrigo de la reconquista en Covadonga, tampoco se lo pensarán demasiado para situar a Macarena Olona, diputada nacional por Granada, como mascarón de proa para ensayar un intento de ‘sorpasso’ a Moreno Bonilla, el cual, no se olvide, logró la Presidencia de San Telmo con los peores resultados del PP en toda su historia.
En «Carta al padre», Franz Kafka trataba de reconciliarse con su progenitor mediante una dolorosa exposición que conduciría inexorablemente a la muerte metafórica o simbólica del uno o del otro, lo que les permitiría liberarse de la condición de cada cual: «Para llegar a eso habría que invalidar todo lo sucedido, o sea, tendríamos que eliminarnos a nosotros mismos».
A costa de todos, en ello están.
He dicho.





