El caso de Granada, donde han llegado a producirse en una sola noche hasta 30 temblores de tierra, empieza a preocupar a los sevillanos por su proximidad con una ciudad que es también andaluza, sobre todo cuando ya hay expertos atreviéndose a dictaminar que los seísmos granadinos pueden durar hasta meses.

Por sorprendente que parezca lo que está ocurriendo desde hace días en Granada, sometida a terremotos que se repiten una y otra vez, quienes entienden de seísmos opinan que este fenómeno es muy natural y esperable en una zona territorial como la de Granada. El dictamen de los expertos afirma que los temblores son la consecuencia de la tensión entre las múltiples fallas del terreno granadino, afectadas por la fricción de las placas tectónicas de Eurasia y África.
Sin embargo, y a pesar de esas explicaciones y localizaciones, los sevillanos empiezan a temer y a preguntarse acerca de la posibilidad real de alcanzar esos efectos a Sevilla, máxime cuando ciertos investigadores advierten que Granada está en situación de registrar un gran terremoto que supere todo lo vivido en las últimas jornadas.
En realidad, todos los años hay terremotos en Sevilla, como igualmente los hay en toda Andalucía y en todas partes, pero son terremotos registrados en su concepto más estricto, pero no sentidos. Sin ir más lejos hubo 640 terremotos en Sevilla durante 2019. Son datos que en su día facilitó como balance anual el Instituto Geográfico Nacional.
Con la situación de alarmismo por la que está atravesando Granada, Sevilla tiene “la mosca detrás de la oreja”, pues a lo largo de su historia como ciudad ha padecido terremotos de gravedad, algunos de ellos con el epicentro en el mismo lugar, el Cabo de San Vicente, situado en el sudoeste de Portugal.
Así ocurrió en 1356, cuyo seísmo de gran intensidad desplomó las cuatro bolas de bronce de la Giralda, cuando aún era una torre alminar convertida al cristianismo con la Reconquista. En realidad, podría decirse que tal accidente lo dispuso todo para que Sevilla acabara fraguando la fisonomía definitiva de su mayor símbolo.
El Viernes Santo de 1504 fue el municipio de Carmona el que sintió los grandes efectos de un seísmo cuyo epicentro estuvo precisamente en dicha localidad. Los estragos del fuerte terremoto causó la muerte de cerca de 30 personas. En Sevilla capital hubo dos fallecidas. Es este el terremoto que originó la leyenda de las Santas Justa y Rufina salvando a la Giralda de su derrumbe. Esa leyenda está reproducida en imágenes (como las que procesionan en el Corpus), en pinturas y hasta en techos de palio en los pasos de la Semana Santa.
En 1755 un brutal terremoto, seguido de un tsunami, originado en Portugal se hizo sentir en toda la Península, por lo tanto en España. Y en el caso de Sevilla, destruyó gran parte de sus construcciones y viviendas. La intensidad fue tal que hasta las campanas de la Giralda voltearon solas. Y con ello aún se consolidó más la creencia en que las Santas Justa y Rufina sostuvieron la emblemática torre. En la actualidad se recuerda aquel terremoto por un templete con la imagen de la Virgen situado en la Plaza del Triunfo y junto al Archivo de Indias.
En 1888 tuvo lugar un nuevo terremoto en Sevilla, que desplomó el segundo cimborrio de la Catedral, una imagen tantas veces divulgada.
En la cuaresma de 1964 se produjo otro temblor de tierra en Sevilla, sin grandes desgracias que lamentar, pero ocasionando que los sevillanos, ya siendo las primeras horas de la noche, abandonaran sus domicilios y ocuparan las calles en pijama y batines.
El último gran terremoto que se recuerda con precisión por muchos que lo vivieron ocurrió en la madrugada del 28 de febrero de 1969 (bajo el régimen de Franco era una fecha para la que no se había establecido el Día de Andalucía, que conocerían los posteriores tiempos de la democracia). Dicho terremoto se produjo cuando eran las 3:45 horas. El epicentro volvía a estar en el portugués Cabo de San Vicente y atacaba con una peligrosa intensidad de 7,3 grados de la escala Ritcher. Se vino abajo una de las cuatro azucenas de la Giralda, se dañaron numerosos edificios, miles de sevillanos huyeron en coche a espacios abiertos (como el Prado y el Parque de María Luisa) y al campo. Fue el terremoto más fuerte de los registrados en la España del siglo XX. Ocasionó en Sevilla la muerte de tres personas, por infartos causados por la impresión y el miedo, además de varios abortos en embarazadas que sufrieron el pánico, malogrando a sus fetos.





