No será un servidor, a estas alturas, quien le diga a Sanz lo que tiene o no que hacer con esta ciudad, en la que los ombligos para mirarse siempre crecieron como setas y del urbanismo acorde con la personalidad sevillana se está carente de todo tino. Dos años le quedan, ¿verdad, Sanz? Pues yo solamente, como ciudadano de a pie, querría una cosita: que me limpie usted, en todos los sentidos y a fondo, Sevilla.





