Cuentan que en cierta ocasión Iosif Vissarionovich, conocido por el sobrenombre de Stalin, “hombre de acero”, se hallaba reunido con sus Ministros de la Unión Soviética, en la que él instauró un régimen tiránico tras eliminar a sus adversarios.
Uno de ellos le preguntó cual era su secreto para que las masas le adoraran, pese a haber cercenado todas sus libertades mediante una policía sin escrúpulos. Su respuesta fue terrible, pero, al menos, franca: “Si quieres ser un buen dictador, aprende semántica”.
Pensaba en esta anécdota leyendo la llamada “Ley Celaá”, trufada de un lenguaje políticamente correcto (e inteligentemente odioso para cualquiera con dos dedos de frente), amparado por la perversa ideología de género/génera, la misma que inspira a los dinosaurios del progreso, los “progresaurios”, para hablar de miembros y de miembras, portavoces y portavozas.
No es traidor quien avisa y lo cierto es que la supuesta Ministra de educación ya apuntaba maneras, después de aquella declaración suya propia de una noche de Halloween: “No podemos pensar, de ninguna de las maneras, que los hijos pertenecen a los padres”. Por la boca muere el pez. Y la merluza, también. De modo que nadie se llame a engaño.
Lean, por favor, la Exposición de Motivos de la norma, una de cuyas premisas es la igualdad férrea, talibán, de todos y todas, niños y niñas, profesorado y “profesorada”, sin matices ni flecos. Y partiendo de esta concepción dogmática, trasládense a un precepto que a mi particularmente me horroriza, y que estoy convencido de que a ustedes también les erizará la piel, de indignación o de terror: su Disposición Adicional Cuarta.
Con una excelente redacción, propia de quienes saben manejar la semántica a su antojo, tras echarse flores por la integración de toda la peña, Celaá nos cuela por lo bajini, al final de la Ley, por la puerta de atrás y como quien no quiere la cosa, la absurda pretensión de ir vaciando progresivamente los colegios de educación especial durante los próximos diez años, para que sus chavales se vayan integrando en colegios ordinarios.
Choteándose de un servidor y, en definitiva, de los que agradecemos a El De Arriba la capacidad que nos ha dado para pensar por nosotros mismos, la lustrosa Ministra nos planta aquí, por todo el morro y parafraseando con nuestro dicho, que “ahora nos vamos a INTEGRAR de lo que es bueno”.
Uno ha tenido la inmensa fortuna de conocer a magníficos profesionales, con vocación y con humanidad, que se dejan la piel en colegios de educación especial, empeñándose por hacer inmensamente felices a sus alumnos con gran discapacidad, mediante una atención personalizada, para que puedan valerse por ellos mismos con los condicionantes vitales que siempre les acompañarán, mereciendo el reconocimiento y aplauso de todo vecino de bien.
Francamente, no conozco a uno de solo de los padres de estos niños, a uno solo, que quiera sacar a su hijo del colegio donde este desarrolla su personalidad para sorprenderles, demasiadas veces, dando ejemplo de que lo que realmente importa para el progreso de la sociedad es amar a los otros y ser uno mismo.
Por supuesto, apoyo totalmente la inclusión de los niños con discapacidades leves, de carácter motórico y sensorial, en colegios ordinarios. Recuerdo a un compañero de mi colegio que andaba con dificultad. Tanto se integró, que nos comentaba, con humor envidiable, que nos daba permiso para que le llamáramos “el pato”.
Pero ¿alguien cree de veras que cualquier colegio ordinario podrá atender con el mismo umbral de calidad que un colegio de educación especial a niños con grandes discapacidades?, ¿acaso la Ministra Celaá está dispuesta a exprimir el presupuesto en educación para dotar, a todos y cada uno de los colegios ordinarios, de profesores versados en lengua de signos, sistema braille y lectura fácil; de psicólogos, fisioteraputas, pedagogos, logopedas, médicos …; gimnasios con acuaterapias de relajación; pupitres adaptados; autobuses de transporte escolar con personal asistencial, rampas y anclajes para estacionamiento de sillas de ruedas; comedores con personal altamente cualificado y con título oficial para alimentar por sonda gástrica; etc, etc, etc…?
Permítanos decirle, señora Ministra, que lo dudamos mucho. O, mejor dicho, que usted vive en el país de Waltdisney y que sus asesores están como la jaca de La Algaba, no sé si me explico.
Porque en la infausta Disposición Adicional, escrita con talante de buen rollito tolerante, se le ve la patita al lobo. Se irán desdotando las plazas de profesores de educación especial en las convocatorias de oposiciones y se irán desmantelando estos fabulosos centros educativos, a la vez que se dará una precaria formación al profesorado de colegios ordinarios que ría las gracias a la Ministra, para conseguir un titulito de chichinabo y paripé con el que, como por arte de magia, ya sabrán tratar a sus alumnos con discapacidades severas.Todo sea por la igualdad y gaitas.
Y me río, por no llorar, cuando esta Disposición utiliza la expresión de “centros de referencia” al hablar de los centros de educación especial. “Centros de referencia”. ¡Oh casualidad! Las mismas palabras de las que se servía Stalin al citar a los gulags de mala muerte de Siberia en los que confinaba a sus disidentes. Que quien suscribe es medio gaditano, sabe leer entre líneas y comprende el inglés de su semántica dictatorial, como aquel que dijo.
Vendrán tiempos mejores. Accederán a la administración educativa gente con vergüenza que apostarán por estos centros educativos especiales, por la inviolable dignidad de sus usuarios, para alcanzar en ellos su mejor versión como seres humanos.
Será más pronto que tarde. Seguro.






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En la Rusia bolchevique, adoctrinaban a los niños, fungiendo el «Estado» la Patria Potestad. Recuerdo haber leído la historia del «Niño Héroe», que en un arranque de exacerbado «patriotismo comunista» (la palabra correcta es «Jingoísmo», ya que al niño se le adoctrinó en tal medida que veía a sus padres como «traidores extranjeros» ) delató a sus padres que, fueron fusilados por Stalin.
La promulgación e implantación de la «Ley Celaá» no es más que un remedo de los adoctrinamientos masivos con el que envenenan las mentes y corazones desde la más tierna infancia, arrebatándole la Patria Potestad a los padres para crear nuevas generaciones de «esclavos», practicantes del pensamiento único. Es la despersonalización y desindividualización de la sociedad como pueblo, para convertirlo en masa, sin derechos y con un bajisimo perfil intelectual rayano en la ignorancia y la estulticia.
El «sistema» es de una simplicidad monstruosa e infalible. El Estado es un ente asfixiante y omnipresente en todos los estamentos de
la sociedad, que van siendo barridos por capas. Comienzan por»inculcarle» a la «masa» la «necesidad de un enemigo común». Es una batalla épica que fomenta el resentimiento social, la envidia y la disolución del raciocinio. La carestía material se hace presente, así que el ciudadano no tiene tiempo para pensar con ecuanimidad lo que le está sucediendo, porque se establece un estado de crisis nerviosa que resulta angustiosa para aquel que se ve confinado en su casa, con carestía de productos alimenticios progresivamente, además de cortes de electricidad y agua, y una especie de «estrés post-traumatico» que en los años 50 del pasado siglo lo denominaban «neurosis». Para «controlar» dicha situación, se le daban pastillas de meprobamato a un extenso núcleo poblacional, con lo cual la gente perdía su combatividad y su pensamiento se tornaba nebuloso. Al tener que hacer colas interminables para conseguir los productos de primera necesidad que se dan por medio de una libreta de racionamiento (ellos cambian «ración» por «abastecer»), la gente queda agotada y desorientada, mientras los hijos son adoctrinados en los colegios por el regimen.
Todo es un proceso paulatino, y no suelen cambiarlo porque casi siempre obtienen buenos resultados diseñados para esclavizar y quebrar la voluntad del ciudadano menos preparado, avezado o advertido. Posteriormente, cuando lo que ellos llaman «la chusma» ya está «Adiestrada», entonces es el momento de la segunda fase: -«Pisar callos», es el término que emplean, para definir el siguiente estrato de población que hasta ése momento ha sido un «tonto útil». Ahí, entra una cierta clase «privilegiada» que ha disfrutado de ciertas prebendas, pero que no pertenecen a la ‘nomenklatura’ o dirigencia de 4º, 3º y 2º nivel. Al final, sólo quedará la cúpula de la dirigencia, que habrá ido haciendo «cribas» hasta llegar al más «cualificado nepotismo endogámico», donde una sola familia puede permanecer ejerciendo la Tiranía por tiempo indefinido y «traspasarse los cargos» como si fuesen un «clan dinástíco» (como sucede en Cuba, Cora de Norte, etc.).
Cuando los que han sido privilegiados comienzan a entender que «estaban equivocados», ya no pueden hacer nada. No tienen libertad para viajar con sus familiares a su sitio de su elección, no pueden abandonar el oneroso cargo que ocupan puesto que «deben ser chivos expiatorios» que «pagarán» del modo que la «cúpula dirigente» mande, ordene y decida, los «errores» que el máximo dirigente haya cometido, pero por los cuales No Va a Pagar . En muchos casos, son asesinados, puesto que ya no son necesarios y «saben demasiado» y «pueden hacer sombra o tratar de revertir el proceso del sistema», a través de «alertar, contar, informar, delatar o denunciar al verdadero Sátrapa en el poder.
Todo lo que está sucediendo ahora, no es más que la conjura que se fraguó a principios del siglo XX y que el Gral Franco abortó, por entonces, dándole (o intentando darle) al español una franja de clase media lo más amplia posible para revertir los efectos de la subversión marxista en España.