Un servidor es uno de tantos que dejó de comulgar con las ruedas de molino que es carta de naturaleza en el Partido Popular de Sevilla: su doble moral.
Mi alma me pidió desertar y pegué la escollá por la puerta grande, como aquel que dijo, de una formación cuyo naufragio muchos vaticinábamos desde demasiado tiempo atrás. No será porque no avisamos a sus dirigentes.
Vivimos en una sociedad con un variadísimo mosaico de colectivos e intereses, sin que sea de recibo pretender hacer llover a gusto de todos, ji, ji, ja, ja, sin tomar partido (nunca mejor dicho) cuando anda en juego la dignidad del ser humano.
Para muestra un botón. En la llamada «Ruta Social» que el PP celebra anualmente en nuestra ciudad, son galardonados los entes más dispares, todo sea por trincar votos, no sé si me explico.
Premian, por ejemplo, la valiosísima labor y entrega de las Hijas de la Caridad, para pasar (a renglón seguido y sin que se les caiga el careto de vergüenza) a bendecir y alabar a la «Asociación de vecinas hembristas y progresistas para la maternidad subrogada», obviando su sesgo de esclavitud y de explotación a las mujeres pobres que parirán por otras previo pago. Ji, ji, ja, ja: Partido Popular.
Y que conste que aprecio a muchos de sus militantes con los que mantengo relaciones de amistad. Pero lo cortés no quita lo evidente para definir al sevillano PP: Puro Paripé.
Una vela a El De Arriba y otra al diablo, que mejor aparentar ser moderados de buen rollito tolerante para que no les llamen fachas, faltaría más. Y el resultado está a la vista: las bestias vacaburras se los han comido por sopa.
Se veía venir. Quizás con suerte, el funambulista pepero mantenga el equilibrio en la cuerda floja durante cierto tiempo, pero que no quiera salir inmune atravesando el Cañón del Colorado desde Death Valley hasta la Montaña del indio Gerónimo, porque el castañazo es seguro.
Los prolegómenos del 15 Congreso del PP de Sevilla evidencian las contradicciones de un Titanic a la deriva, derecho a estrellarse contra su iceberg.
Vergüenza da su déficit de democracia interna, negándoseles el voto a los afiliados a quienes les faltaba el pago de una simple cuota, mientras que se les arenga a deslomarse de balde, currando a base de bien en cualquier campaña electoral, sin que importe entonces si se hallan o no al día en sus abonos al partido. Gajes de chorizos. Cositas de dictadores. Sin importancia. Ji, ji, ja, ja.
Enemigos no les hacen falta con «amigos» así. Perdiendo de vista, en su lucha fratricida, que el verdadero campo de batalla está ahí afuera: globalización o patria.
Es decir, o nos dejamos llevar por la burda corriente del buenismo de la agenda 2030, con la perversa ideología de género que diluye la identidad del ser humano, con los animalitos y mascotas en hoteles de cinco estrellas y con el negocio de los lobbies feministas, talibanes y abortistas, viviendo cual garrapatas de los currantes que se levantan a las seis de la mañana … o bien ponemos pie en pared y apostamos por el bellísimo acervo cultural, histórico y espiritual de España, para ofrecer al mundo entero nuestra mejor versión de comunidad y de país solidario de veras.
Hablando en plata sevillana: ¿Preferimos un Mac Donald en la Plaza Vírgen de los Reyes o engalanamos a la Giralda para que sea la torre árabe más bonita? Servidor lo tiene claro: Giralda y patria. Pero en el PP, al parecer, no tanto, que todo depende de los vientos que soplen.
El desastre anunciado de este Congreso debería servir para que sus dirigentes adviertan que el PP no pueden seguir siendo un buque corsario, cambiando de pendones, banderas y convicciones en función de lo que convenga en la altamar electoral. Porque no se puede estar en Misa y repicando, ni querer ser a la vez Juan y Juanillo, chato y narigón.
La indefinición les ha estallado en el peor momento, para mostrarles que únicamente variando su singladura, vaciándose del lastre que es la dependencia de Madrid y retornando a sus orígenes de Alianza Popular, podrán encontrarse con millares de paisanos dispuestos a hacer valer patria y España. Con todas las consecuencias.
Pepe Rodríguez Hervella: perrogrifon1965@gmail.com





